Páginas vistas en total

domingo, 22 de noviembre de 2020

¿Qué es la magia?

Magia es cuando se detiene el tiempo.

Magia es cuando te dice que sí.

Magia es el primer beso.

Magia es cuando los ves nacer.

Magia es el aprobado del carné de conducir.

Magia es cuando sale bien.

Magia es mi primera película de cine.

Magia es la chimenea de la casa del pueblo.

Magia es el cocido de mi abuela.

Magia es la mirada de una mascota.

Magia es el gol de Iniesta.

Magia son los libros antiguos.

Magia es ganar al B.

Magia es la NBA los viernes por la noche en La2.

Magia es la música de los 80 y de los 90.

Magia es un sacapuntas.

Magia es la tiza que te deja blanca la mano.

Magia son las noches de Benidorm.

Magia es la primera vez.

Magia son los Bruce y U2 en el Calderón.

Magia es el pan recién hecho.

Magia es tocar el piano.

Magia son las luces de la primera discoteca.

Magia es la piscina de aquellos veranos.

Magia son los recreativos.

Magia es el Corpus en Granada.

Magia es el primer día de vuelta al cole.

Magia es cuando al final, sale.

Magia son los partidos por la radio.

Magia son Los Ángeles 84 y México 86.

Magia es el interrail.

Magia es descubrir internet y el IRC.

Magia es todos juntos viendo un, dos tres.

Magia es la noche vieja sin postureo.

Magia es el día de las vacaciones de Navidad en la Plaza Mayor.

Magia es Barrio Sésamo.

Magia es el mundo que se mueve con el corazón.

Estamos más preocupados de aparentar magia que de sentir magia.

Ojalá este año de mierda para todo el Planeta nos devuelva la magia.

#impossibleisnothing


sábado, 3 de octubre de 2020

Estoy harto

Estoy harto de tanto victimismo

Estoy harto de tanta manipulación

Estoy harto de tanto postureo

Estoy harto de tanta etiqueta

Estoy harto de que se valore más la vaguería que la iniciativa

Estoy harto de l@s que buscan enemig@s permanentemente

Estoy harto de l@s fanátic@s con piel de cordero en las redes sociales

Estoy harto del “y tu más”

Estoy harto del “tengo razón”

Estoy harto de que el dinero pueda más que el amor o que la bondad

Estoy harto de l@s que quieren mantener su estatus quo a toda costa

Estoy harto de la hipocresía

Estoy harto de tanta mentira

Estoy harto de que la culpa siempre la tenga otro

Estoy harto de tanta excusa

Estoy harto de la mala fé

Estoy harto de quien no respeta

Estoy harto del “haz lo que yo diga” (pero no lo que yo haga)

Estoy harto de las órdenes

Estoy harto que sólo seamos responsables si nos prohíben y vigilan

Estoy harto de la falta de liderazgo y referentes a quien imitar

Estoy harto de tanta chorrada influencer que sólo genera una sociedad vacía

Estoy harto del “juicio” permanentemente a quien tiene ideas

Estoy harto de tanto “yo, yo, yo y sólo yo”

Estoy harto de l@s que sólo destruyen

Estoy harto de que al optimista se le llame idealista. Necesitamos más

Estoy muy triste por este mundo que estamos dejando. Cada día más cerca del odio al diferente, cada día más intolerante, cada día más individualista, radicalizado y manipulado.

Y lo peor es que no son sólo “l@s otros”. Ni siquiera l@s polític@s inútiles que sólo buscan mantener su poltrona. Lo peor es que somos cada uno de nosotros.

Si no asumimos una transformación radical de nuestra sociedad desde cada una de las gotitas que formamos ese océano, el agua se seguirá contaminado. Es una misión de cada un@ de los que estamos aquí. Olvidaros de l@s polític@s y de tod@s aquell@s que sólo lanzan mensajes destructivos por cualquier canal. La vida no es lo que dice la televisión, el periódico o lo que se vomita en redes sociales.

La vida es levantarse, procurar ser feliz y tratar de hacer lo más felices posible a los que tenemos cerca . Eso no está en ningún medio de comunicación ni red social.

Vuelvo a lanzar el mensaje. Necesitamos cambiar de actitud, individual y colectiva. Estamos en un momento crucial de la historia del ser humano. Y hay un cruce de caminos en el que tenemos que decidir. Es el Matrix de Neo. Pastilla roja, pastilla azul.

Un camino nos lleva al cambio. Al reinicio de verdad. A acabar con los vicios de siglos. A reconocernos como personas. A pensar en cosas nuevas. A utilizar la tecnología en nuestro beneficio, pero con respeto, con valores. Sin necesidad de que nos vigilen si lo hacemos bien o mal. Sin juzgar a nadie sin entender qué hace y por qué lo hace. Con colaboración. Con justicia social y con meritocracia. Sin tanto victimismo. Premiando el esfuerzo.

Otro camino nos lleva a seguir igual. Como a mí me va bien, que cada palo aguante su vela. El problema es que tarde o temprano el equilibrio se rompe. Y vendrá un gravísimo después. No será económico o sanitario. Será emocional y traerá muchísima frustración y odio. Puede ser que, cuando llegue, yo ya no este por aquí, pues que se jodan l@s que vengan detrás.

Depende de ti. No mires a otro lado. La actitud no tiene que ver con políticos ni redes sociales. La actitud está en ti. Tú decides.

Yo quiero transformación. No me juzgues por ello.

#impossibleisnothing

domingo, 20 de septiembre de 2020

¿Qué está pasando?

 

¿Qué está pasando? ¿Este es el mundo que queremos? ¿Importa más la apariencia en una red social que el mostrarnos tal y como somos? ¿Por qué se “juzga” tanto a quien hace propuestas para mejorar nuestro día a día y se premia a los que filosofan y posturean sin crear nada? ¿Qué nos pasa?

Vivimos en un blanco o negro permanente. Nos hemos radicalizado un montón. Prejuzgamos, juzgamos, rejuzgamos, desconfiamos. Pero eso sí, no hacemos autocrítica. Siempre hay alguien que “tiene la culpa”.

¿Qué coño nos pasa?

Pasa que somos seres humanos, con emociones y presuntamente, inteligencia y con unas “mochilas” culturales y de creencias, miedos y valores, con la que cargamos desde que nacemos, en función de cuándo y dónde lo hacemos.

Pasa que estamos condicionados y mediatizados por todo lo que nos rodea. Y nos decimos liberad@s o libres, y no nos lo creemos ni nosotr@s mism@s. Ser libre no es soltar serpientes en Twitter ni enseñar cuerpo en Instagram. Es algo más profundo.

El bombardeo de mensajes “guays” de postureo social y para quedar por encima del vecino se convierten en fines y nos conduce a avivar el mayor enemigo que tenemos hoy: nuestro propio ego.

El ego…ese diablillo que nos susurra permanentemente al oído.

Mirar, el principal obstáculo y la mayor esperanza de la Humanidad, somos nosotros mismos. Es paradójico. Nuestros sesgos nos impiden mirar con ojos abiertos lo que pasa a nuestro alrededor. No somos imparciales para analizar las situaciones. Nuestro ego nos impide identificar errores y aciertos. Siempre hay un culpable, y casualmente nunca soy yo. Y si llego a la conclusión de que sí lo soy, es porque alguien hizo algo que me “obligó”. No “estamos limpios” diagnosticando el problema, por lo que es difícil que podamos resolverlo de verdad, entonces.

Y todo esto a nivel individual. Si me voy a que sucede de manera colectiva hago saltar la banca. Los que son como yo, piensan como yo, sufren los mismos problemas que yo, reciben las mismas etiquetas que yo, son “los míos”. Son los que siempre, hagan lo que hagan, miro con buenos ojos.

Los que no son así, tienen otras etiquetas, son “los otros” y lo que hacen está mal. Por sistema. No puede estar bien.

Y así, “los míos” y “los otros” no nos entendemos nunca. Si acaso para la fiesta y tomarnos unas birras. Pero no para ponernos de acuerdo en cosas “más serias”.

Somos los campeones de la queja, de la envidia y del ego. Si no quedo por encima no soy feliz. Y cuando lo hago, ¿qué he ganado? ¿tener razón? Nos gusta confrontar sin escuchar, juzgar sin conocer, destruir sin proponer… ¿tiene sentido? ¿es lo que queremos que aprendan nuestros hijos?.

Venimos de una Historia muy turbulenta. Y durante los últimos 40 años, de una manera más o menos aceptable para todos, hemos construido un lugar mejor para vivir. Quizás hemos ido más allá de lo que imaginábamos. Sin olvidar que la desigualdad sigue existiendo y que hay muchas personas que lo pasan muy mal, pero el país, en una gran mayoría, ha progresado y nos hemos acomodado.

Cuando vino la crisis se movieron los cimientos. Había generaciones que jamás habían conocido un problema como el que tuvimos y aún tenemos. El paro juvenil se disparó y aún hoy sigue. Pero ese Estado de Bienestar ocultaba lo que había debajo de la alfombra.

Ahora podemos poner todas las vidas maravillas que queramos en Instagram y Facebook. Podemos ir de los más listos de la clase en Twitter, o ponernos más títulos que un rey en Linkedln. Podemos hacerlo, sí, pero la verdad, la que hay detrás, la realidad, es otra. Y es ahora cuando tenemos que dejar el ego al lado y remar juntos. Sin destruir al “otro”.

Hay un equilibrio entre la necesaria autoestima y confianza para conseguir metas y la prepotencia de sentirse “mejor” que otro. Es un equilibrio que, aún en un mundo mucho más fácil que hace 5 siglos, nos cuesta alcanzar.

Necesitamos reconocer al de enfrente. Necesitamos hacerlo ya. Empatizar. Entender. Y todo eso, sin juzgar, buscando los puntos de encuentro y construyendo a través de ellos. Cuántas experiencias tenemos tod@s de personas que no tragábamos y en un momento dado se convirtieron en nuestr@s amigos o parejas. Supimos elaborar a partir de un punto en común.

¿Y me decís que hoy no es posible? ¿en serio?

Claro, está la otra frase del millón. Lo haré cuando lo hagan los demás, cuando lo hagan los ricos, cuando lo haga el vecino, o, vamos, cuando lo haga otro o muchos otros para que ya la inercia me lleve a hacer lo mismo o simplemente porque se pondrá de moda posturearlo en las redes.

Pues amig@s, ese no es el camino. El ego, más la culpa de otro, más lo haré cuando vea que los demás lo hacen, nos lleva a un agujero cada vez mas profundo. Un pozo en el que estamos metiendo a nuestra sociedad y a nuestros hijos. Parece que se desintegró la humanidad de las personas.

Siempre hay solución. Si quieres cambiar el mundo, cambia tú primero. Si tod@s cambiamos la actitud y buscamos, en este mundo de grises, los lugares de encuentro y edificamos sobre ellos, el Lado Oscuro perderá. Si no lo hacemos ya, será un desastre.

Por favor apuntaros a construir. Dejemos de confrontar y de juzgarnos.

#impossibleisnothing

sábado, 22 de agosto de 2020

La vida y la muerte

 

Hace años conocí a un muyahidín. Era el líder de un grupo en contra del gobierno de su país. Era un país con grandes desigualdades y una densidad de población de las más altas del mundo.

Reivindicaban unas políticas más equitativas y que se reconocieran los derechos históricos de su pueblo, una etnia dentro de un sistema de etnias. Era un grupo numeroso y él era un líder que había sido educado en los mejores colegios y universidades de Europa.

Todo empezó cuando un niño de unos 12 años, en un lugar perdido de Asia, donde probablemente no habían visto un occidental en su vida, vino a “invitarnos” a acompañarle. Su rifle de asalto hacía presagiar que no sería demasiado bueno declinar tal invitación.

Unas calles más allá y con medio pueblo siguiéndonos, como si fuéramos un mandatario internacional, entramos en una tetería. Parecía una peli de Indiana Jones, donde había un pasillo largo y una habitación final, con una mesa, un foco apuntando a la mesa y dos sillas vacías.

Al otro lado el muyahidín y su tropa, armados hasta los dientes.

Miedo no es la palabra. Fue terror.

Nos habían visto con cámaras de televisión y querían saber qué hacíamos en un lugar tan olvidado del mundo. Se lo explicamos, había unas ruinas muy importantes para la Historia de la Humanidad a pocos kilómetros. Eso sí, muy desconocidas. Probablemente una de las cunas de la civilización, de más de 5.500 años de antigüedad. Queríamos que el mundo las conociera.

Parece que le caímos bien. Cuando trajeron el té, uno de mis acompañantes no quería beber porque pensaba que nos iban a envenenar. El otro y yo le miramos echando fuego por los ojos. < O te lo bebes o te meto una paliza yo mismo >. Bebió.

Salimos a un descampado y dimos un paseo con nuestro nuevo “amigo”. Me impactó una cosa. El valor de la vida y la muerte para él y para lo que representaba. Tenía una cultura mucho mayor que la media de cualquier occidental y podía haber hecho fortuna con su conocimiento y actitud. Discutí, en el buen sentido de la palabra, por qué no intentaba cambiar la realidad de esa manera, sin violencia, construyendo cosas que mejoraran la vida de su pueblo y le hicieran progresar.

Su argumento era que no había tiempo. Le encantaría que fuera así, pero la necesidad era inmediata. Hace 25 años no existía internet como es hoy. No había inmediatez de información, ni redes sociales. Y su causa era una causa olvidada.

Me explicó que el ejército, de vez en cuando les bombardeaba, indiscriminadamente. Eran terroristas y eso les daba carta blanca. Él lo entendía, era una guerra y asumía el coste en vidas. Uno de sus hijos había muerto en un bombardeo.

Su concepción de la vida, a pesar de las experiencias que había tenido dentro y fuera de su país, era muy simple, y al mismo tiempo muy compleja. Tu vida vale lo que vale tu muerte. Así de fácil, así de difícil. No veía un más allá donde pudiera dejar un legado. Su legado era de lucha.

Estuvimos unas horas. Nos pidió que contáramos su historia y nos “escoltaron” hasta donde estábamos alojados. En ningún momento sentí amenaza real, salvo el susto inicial. Sus miradas eran limpias, sin ira, llenas de vida. El era divertido y tenía un sentido del humor muy inteligente. Me impactó.

Al día siguiente estalló una bomba en la puerta de un Parlamento regional. 20 minutos después de que hubiéramos estado en ese lugar. Hubo decenas de muertos. Esta vez, esquivamos el “paraíso”. Salvaje y curiosa ironía.

Lo he reflexionado muchas veces. ¿Por qué nos pasó? ¿Qué sentido tiene? Hoy lo entiendo todo. A veces es necesario morir para nacer. A veces es necesario caer muy hondo para resucitar. A veces es necesario estar cerca de dejar de ser tú, para serlo con más fuerza.

Es un proceso muy íntimo y personal. Donde cada uno estamos solos ante nuestro propio muyahidín y nuestra propia explosión. Nadie nos va a rescatar, sólo depende de nosotros. Pero es necesario creer, pensar en positivo, tener paciencia y avanzar. Sin prisa, pero sin pausa. Da igual lo que digan o lo que piensen los demás. Confiar. El cambio es de uno y para uno. Y sí, supone un coste. Minimizar el impacto, pero asumirlo. Es necesario que sangre el alma para que las cicatrices sean sólo adornos que se cerraron y no heridas abiertas para siempre.

No se que será de aquel grupo. Probablemente la mitad ya no estén. La habilidad de su líder también incluía la manipulación de su gente. Ninguno estaba a su nivel cultural y peleaban ciegamente porque su muerte fuera más cara, y por tanto su vida también. Esa era la filosofía, que llevada al fanatismo se convierte en una espiral infinita.

También me hace pensar sobre nuestra sociedad y el momento actual. Si el cambio individual depende únicamente de nosotros, el cambio como sociedad depende de la capacidad de empatizar unos con otros. Si elegimos la filosofía del muyahidín, nunca saldremos del laberinto. Podremos tener una formación exquisita y una capacidad de liderar brutal, pero si la actitud es destructiva, da igual la causa, no habrá avance.

Deberíamos pensarlo más. En vez de demostrar permanentemente que “tenemos la razón” construir un mundo mejor con “tu verdad” y “mi verdad”.

Viene un momento muy difícil. De mucha tristeza. Por muchos motivos. De nuestra actitud va a depender todo. Yo aún confío.

#impossibleisnothing

viernes, 31 de julio de 2020

Tiempos duros

No soy un columnista de El Mundo o El País. No pretendo tener millones de lectores. Sí que me gustaría que este post llegara lejos. Quiero daros mi visión de lo que tenemos por delante, sin sesgos de colores políticos ni falsas moralinas. Sólo con sentido común, con mucho corazón y con algún que otro conocimiento de Economía.

Veréis. Nos estamos enfrentando a una de las situaciones más difíciles que viviremos nunca colectivamente. Los libros de Historia hablarán de 2020 como un año clave, al igual que 1789 (Revolución Francesa), 1914 (I Guerra Mundial) o 1939 (2ª Guerra Mundial). No nos estamos dando cuenta, pero será un punto de inflexión en nuestra era.

En este siglo XXI, los años 2009 y 2020 han desencadenado acontecimientos que se analizarán durante siglos.

Sabéis que soy optimista. No me gusta pensar que algo no es posible. Es cuestión de esfuerzo. Y el que se nos viene encima es mayúsculo. No lo estamos viendo, pero va a ser duro y debemos estar preparados.

Nuestro país sufre lo que es habitual en una pandemia. No soy experto, pero a poco que busques lo encuentras. Se relajan las medidas de precaución y aparecen los rebrotes. A veces leves y otras veces, como pasó con la gripe española, se convierten en una segunda ola devastadora.

La primera reflexión es clara. No nos relajemos con las medidas de prevención. Esas medidas han permitido que nuestros hospitales se estabilicen y no haya que escoger a quien se salva y a quien no. Si volvemos a colapsar, habrá que seleccionar. Le podemos dar el tinte político que queramos, pero habrá que hacerlo.

La segunda reflexión es evidente. Hay un deterioro económico brutal. La intervención del Estado postpone el desenlace. Pero va a llegar. España es un país donde el turismo y la construcción suman el 30% de la generación de riqueza de un año. Para que se entienda bien, de cada 3 euros que pasan por tus manos hoy, 1 viene de actividades relacionadas con esos dos sectores. Si esas actividades fueran 0, dejarías de tener 3 euros y tendrías 2 o menos.

La pandemia nos ha llevado al extremo en que esto puede pasar. En los momentos de bonanza no hemos sido suficientemente inteligentes para transformar la manera en que el país crece. Nos hemos conformado y esperado que todo siguiera igual. Nos hemos acomodado, y ahora esto pasa factura.

Datos que se entiendan. Hoy hay entre 6,5 y 7,5 millones entre los parados y los “semiparados” que están en un ERTE. Esta solución temporal la paga el Estado y complementan las empresas, no todas, y una gran parte de la población cobra sin trabajar y sin estar oficialmente en el paro. Pero el hecho es que sí están, porque al no haber actividad, no se genera riqueza y su capacidad real de irse a cenar o de compras, disminuye.

Ahora mismo unos 9,5 millones de trabajadores del sector privado más autónomos, pagan las facturas del país. Por supuesto también los 3,5 millones de empleados públicos, pero pensar que el sueldo de éstos se paga con los impuestos de todos, es decir, de los que siguen trabajando fundamentalmente.

13 millones (de los cuales 3,5 son funcionarios) sostienen el país (47 millones). El resto son pensionistas, estudiantes, niños… que se han ganado el derecho a que les ayudemos, por supuesto, pero la realidad es esta. Un 30% paga la factura del 100%.

Y eso no es sostenible. El Estado es finito y la Unión Europea no es un pozo sin fondo. Si no hay cambios, el país quiebra.

Se han tomado medidas temporales. Hablaba de los ERTEs, pero también se ha facilitado el acceso al crédito, los famosos ICO. Y eso está muy bien, pero hay una cosa importante. El año de carencia (en que no tienes que devolver nada) acaba a partir de marzo del año que viene y los empresarios, además de los gastos habituales, van a tener otro, la devolución de esa deuda. Y se van a tener que ajustar más.

La tercera reflexión tiene que ver con las personas. Mirar, a mi generación nos llaman la generación “X” y tuvimos un San Benito colgado durante mucho tiempo sobre que no nos importaba nada. Igual que cualquier generación cuando tiene 20 años. Cuando uno está en esa edad la inconsciencia rebosa.

Pero no estamos para fiestas chic@s. Ni los de 20 ni los de 40. Nuestros actos, los de cada uno, tienen consecuencias. Y pueden ser devastadoras. Hasta ahora, los que hemos nacido en Democracia hemos vivido en un Estado de Bienestar que ha sido una burbuja. Generalizo, que también se que hay situaciones duras, pero en los últimos 45 años el país ha progresado muchísimo y lo hemos visto normal.

Gracias a eso nuestras vidas se han acomodado. Hay ciertas cosas que damos por hechas y que consideramos "derechos adquiridos". Es como si vinieran en nuestra partida de nacimiento. En el 2009 se nos removieron un poco y empezamos a experimentar el sufrimiento de una crisis, de las que nuestros padres, abuelos y bisabuelos pasaron 5 o 6. Hoy estamos ante una situación límite, que ninguno somos capaz de dimensionar todavía.

Y eso exige disciplina y el fin de la picaresca. Esto los latinos lo llevamos fatal. A todos nos gusta la fiesta, ir de cañas, la playa, la discoteca, la paella, el gym, el postureo, el viaje paradisíaco y lo que se os ocurra. Pero toca sufrir. Es un esfuerzo necesario y obligatorio si queremos tener un futuro.

Me dirijo especialmente a los que tenemos entre 15 y 50 años. Cada uno en su contexto y en su edad. Unos por jóvenes y alocados. Otros porque las segundas vueltas están devolviendo a la adolescencia a much@s cuarentones. El caso es que somos los más indisciplinados, en ese rango amplio.

Pensar que todo lo que hagáis tiene consecuencias. Unos estáis empezando a vivirlo y otros lo sabemos de sobra. Es un principio universal, acción-reacción. Os pido que reflexionéis y que “evangelicéis” al resto. No podemos reírle la gracia al que está pasándose las normas por el arco del triunfo. Hay que renunciar a tanto postureo y a mostrar por redes sociales los guays que somos o lo liberad@s que estamos. Es hora de hacer un esfuerzo sin precedentes, casi de guerra y remar juntos, llamándole la atención al que nos pone en riesgo.

Los seres humanos somos maravillosos. Nuestra capacidad para sorprender y ayudar a los demás es gigante. Nuestra capacidad para desilusionar y destruir también. Ahora no hay opción, pensarlo bien. O sumamos todos o quizás no tengamos esa opción después.

La cuarta reflexión, aunque no quiero posicionarme, es sobre los gestores y políticos que nos lideran. Mirar, me da igual el color. Leo y escucho muchas barbaridades de personas de altas capacidades intelectuales. Me sorprende tanta politización de medios de comunicación y de otras instituciones que deberían ser independientes. Y estoy hasta los h…os de tanta hipocresía.

Sólo hay una manera de salir de esta. No hay más. Las otras nos llevan al desastre. Los datos no mienten. La única es salir juntos, con acuerdos. Es una irresponsabilidad la crítica destructiva y la falta de propuestas permanente que hacen todos los partidos, según les convenga electoralmente, en una Comunidad Autonoma, en un Ayuntamiento o en el Gobierno. Es otra irresponsabilidad la de l@s fans radicales, de todos los colores, que nos bombardean con mensajes para dividirnos.

Necesitamos unidad en cuando a cómo va a ser la vida a partir de ahora y que medidas acordamos tod@s. Nuestro día a día. El cole, la uni, la Sanidad, el teletrabajo y el trabajo presencial, la digitalización de la economía para no generar pobreza, el impulso de sectores clave, la reforma del modelo productivo, la formación, la transformación del sector público, de la ley del funcionariado, del marco laboral, del derecho digital…. Es un cambio profundo. Una operación a corazón abierto.

Y para ello es indispensable colaborar y hacerlo unidos. Claro que puede haber diferentes visiones e ideologías. Siempre se alcanza consenso si se quiere. Ante emergencias, cuando la espada de Damocles se nos viene encima, por arte de magia, se solucionan las diferencias. Ahora no tenemos una espada encima, tenemos un arsenal de misiles nucleares que nos está explotando. ¿A qué coño esperan?

No es sólo responsabilidad de políticos, es también de ciudadanos. Es de toda la mierda que soltamos todos por redes sociales, condicionando a más personas, manipulando, “sin querer”, y no siendo nada objetivos. Tratando a los demás como “enemigos”, en vez de como compañeros de piragua, que como deje uno de remar nos vamos al traste.

La que nos viene encima es muy dura. Muy, muy dura. Tiene consecuencias sanitarias, sociales, económicas y de convivencia. Depende de nosotros empujar juntos ahora que podemos o seguir acordándonos de lo que pasó hace 100 años y no ver lo que puede pasar en 5.

Yo confío, me cuesta cada vez más, pero confío. Me encantaría que esto lo leyera mucha gente y cambiara chips individualistas a chips colectivos.

Saldremos de esta, sólo si lo hacemos juntos.

#impossibleisnothing

 

 

 

 

 


domingo, 24 de mayo de 2020

In memoriam: que haya valido para algo


Vivíamos en castillos con muros de papel,
nos impresionaba la fachada, pero ni siquiera nos atrevíamos a tocarla.

Confiábamos en que la mano invisible mantenía nuestro bienestar,
sin querer ver las consecuencias futuras.

Estábamos enamorados del tiempo,
era el dueño de nuestras vidas, de nuestros sentimientos.

Triunfar era ganar, mandar, tener razón,
aunque no entendiéramos su significado.

La protección, la salud, la educación, eran derechos que habíamos adquirido,
porque los que vinieron antes gastaron sangre y esfuerzo para darnos ese regalo.

No habíamos entendido su coste,
sólo lo exigíamos como nuestro, sin ninguna acción, con mucho ruido.

Pensábamos que éramos más listo que el otro,
que siempre estaba equivocado.

Las lecciones de moral eran nuestro patrimonio,
la hipocresía no reconocida nuestra bandera.

Éramos felices en un mundo irreal,
no había pastilla azul ni pastilla roja, sólo para juzgar y etiquetar.

Lo imposible no podía suceder, eso era en el cine,
éramos tan ingenuos que no vimos que todo es posible.

Y nuestro mundo explotó,
la desgracia que jamás ocurriría llegó.

La incredulidad y las teorías conspiratorias ocuparon el foco,
y los jueces de la moral, su moral, empezaron a señalar.

Lo básico se convirtió en lo imprescindible,
la ambición se aparcó.

La unión apareció, un segundo, pero apareció.
el amor a los más queridos se priorizó.

El hombre, por un instante, fue el ser más maravilloso de este lugar,
el corazón por fín afloró.

Fue un microsegundo infinito. Los 21 gramos vencieron a todo lo demás,
había llegado el día en que sentir ganaba a ganar.

Los que estaban lejanos se convirtieron en cercanos,
nuestras noches soñaban con su compañía,
nuestros días añoraban sus sonrisas,
nuestras vidas necesitaban su presencia.

No importaba el éxito,
no importaba el poder,
importaba amar,
y estar con quien se amaba.

La tormenta pasó… ¿pasó?,
la enseñanza caló…  ¿caló?,
la unión mejoró el futuro… ¿mejoró?,
la tolerancia y generosidad se impusieron …. ¿se impusieron?.

Ojalá aquello que dependía del colectivo no se diluyera en combates de colores,
la hipocresía no podría ganar otra batalla, ¿la íbamos a dejar?

Aquello que dependía de mí se incrustó a fuego.
El amor siempre por delante.
Dejar de vivir no es una opción, nunca. Mejor morir.
Cada segundo es una vida. Todos son el último.

Vive, disfruta, respeta, tolera, 
no asimilar la enseñanza es menospreciar a los que se quedaron en el camino, 
y perder esta guerra.




No perseguir tu sueño es perder la tuya propia.

#impossibleisnothing






sábado, 25 de abril de 2020

Cuando esto acabe...ya verás


No se si habéis escuchado esta frase alguna vez. Es posible qu, últimamente, más de una. Suena a amenaza, a desafío y a explosión de algo…de vida.

Estas semanas han sido muy duras. Para los que están en primera línea de batalla por el trabajo incansable con el riesgo que conlleva, para los que estamos confinados por la situación estresante y de falta de libertad que nos supone, para los que están enfermos porque su salud está mermada y en algunos casos de una manera peligrosa. No es nada fácil.

Y parece que pronto vamos a ver la luz. Aún no sabemos cómo y miramos de reojo a lo que está haciendo el mundo, a ver si nos da pistas, pero no hay nada claro.

Lo que si está claro es lo que repetimos y nos repiten las personas cercanas. Cuando esto termine…ya verás. Ese “ya verás” se sustituye a veces por alguna que otra exageración o burrada que no puedo escribir.

Ese ya verás esconde una liberación de las cadenas imaginarias que nos están sujetando y que nos va a permitir retomar vidas, y sobre todo, priorizar cosas.

Ese ya verás suena a “ahora sí” voy a ir a muerte a por mi sueño.

Ese ya verás…

Ese "ya verás" esconde varias enseñanzas. La primera es que, nada es imposible, ni para bien ni para mal. Y por eso tenemos la obligación de estar alerta. Como sociedad, como mundo, pero también como individuos. Todos tenemos una responsabilidad en este planeta. No es una responsabilidad delegada en los “poderosos”. No vale con quejarse en redes sociales o alzar la voz sólo cuando nos viene mal. Tenemos que tomar conciencia de esa responsabilidad y ser consecuentes.

Me encantaba aquel lema de una ong que hicimos nuestro cuando montamos aquella campaña universitaria del 0,7% y +. El lema decía “cambia tu vida para cambiar el mundo”. Si no tenías claro cuándo, es ahora.

Otra cosa que nos enseña es que vivimos en un paraíso. Lo sé, unos más que otros y nos vienen unos meses duros. Para ello tendremos que arrimar todos y ser solidarios, con cabeza, con buena gestión pública y fomentando la iniciativa privada, pero remando todos juntos.

Eso no quita la suerte que tenemos. Este país ha tenido que sufrir mucho para estar donde está. Y estas últimas 6 semanas hemos aprendido a valorarlo. Nuestro entorno natural, interior o exterior, nuestra forma de relacionarnos, nuestras ganas de vivir, los bares, la fiesta, los amigos, la necesidad de tocarnos, abrazarnos, besarnos…preocuparnos por el de al lado, conectar con quien no conectábamos…todo. Lo valoramos y sabemos lo que ha costado tenerlo y lo rápido que se desintegra. Esto no debemos olvidarlo. Y ese “ya verás” tiene que incluirlo.

Ese “ya verás” suena a megafiestón. España va a ganar 5 mundiales seguidos y nos vamos a pegar la fiesta de aquella noche, pero de 5 días sin parar. Suena a la vamos a liar parda.

Sí. Vamos a hacerlo. Vamos a demostrar a los que queremos y de los que hemos estado separados físicamente que los queremos. ¿Y sabéis? Creo que va a ser, por primera vez en mucho tiempo, de manera general, sin esperar nada a cambio. Lo hacemos porque nos apetece, porque lo deseamos. Va a ser un ejercicio de generosidad brutal. Estoy seguro. Se nos van a poner los pelos de punta y los ojos de lágrimas más de una vez. Va a ser una explosión de amor que hace mucho que no conocía este país. Y además de una manera responsable. Ese ya verás es te voy a coger y estrujar como los que salen en la lucha libre. Y eso…mola, aunque sea con mascarilla.

Ese “ya verás” es de valorar todo lo inmaterial que tenemos a nuestro alrededor. Emociona pensarlo.

Ese “ya verás” nos deja otra enseñanza. Y es que hemos asistido al mayor curso de formación de la Historia. Hemos aprendido en unas semanas lo que se tarda años. Una gran parte del país ha “sufrido” una transformación digital acelerada. Su trabajo se lo ha requerido. Es más, en muchas empresas ha pisado el acelerador de otra transformación mayor: la cultural. Ahora el jefe no piensa que te escaqueas por teletrabajar. Ahora es la norma, no la excepción.

Otra gran parte del país ha sufrido la transformación digital social. Los abuelos son unos expertos en el uso de watsapp, teams, skype, zoom, house party y multitud de plataformas que nos han acercado. Sin la tecnología, habría sido una prisión.

Por eso, la vuelta tiene que cambiar nuestra manera de trabajar. Tiene que facilitar la integración de la tecnología en nuestras vidas, sin intrusismo, con innovación. La tecnología no tiene que ser un bombardeo de herramientas sin sentido. No. Debe tener un propósito, unos valores y una regulación. El uso de todas esas herramientas nos tiene que ayudar, no dividir o alejar. Tampoco convertirnos en máquinas productivas. Hay mucho trabajo por delante.

Ese “ya verás” nos enseña que precisamente por eso, por esa transformación, debemos repensar y cambiar aquello de nuestro sistema económico que no vale. El mundo va a cambiar y además del tema digital hay reformas estructurales que vienen pidiendo paso hace mucho. Toca hacerlas. Para ello toca ponerse de acuerdo y para ello toca ser generoso y tolerante y todos debemos ceder, empezando por los que nos gobiernan.

Realmente, en la que viene, nadie se puede quedar atrás. El sistema (todos nosotros) tiene que ayudar a todos los que lo van a pasar mal. Va a haber paro, descenso del consumo, involución del turismo y una merma importante de recursos públicos y privados. Vamos a ser “menos ricos”. Tenemos que ser conscientes. Y tenemos que fomentar mecanismos de equilibrio. Sí, fiscales también. Pero no sólo eso. De dinamización del mercado laboral, de producción cosas nuevas que el nuevo mundo exige, de reforma de aquello que no vale, de acompañamiento a los empresarios y autónomos y de protección de los que se van a quedar sin trabajo. Y todo ello de la manera más equitativa y justa. Con consenso. Parando de una vez esta partida de ajedrez electoral en la que vivimos hace mucho.

Ese “ya verás” también nos enseña que toca mojarse. Las organizaciones pueden comportarse de una manera solidaria o egoísta. Cada uno debe hacer el examen de conciencia, sin condicionantes, sin prejuicios, de manera justa, de lo que ha pasado aquí. Quiénes han mirado por el bien común, desde todos ámbitos, político, económico, empresarial, etc y quienes no. Saco de la ecuación a los héroes de primera línea por no merecen un aplauso a las 8, no. Merecen unas condiciones de trabajo que hagan que se enorgullezcan de los que aplaudimos. Todos ellos, no sólo sanitarios. Nos han mantenido en pié. Eso no se paga con dinero.

Ahora tú y yo podremos decidir. En forma de qué organizaciones consumimos, a cuáles recurrimos para pedir fondos y sobre todo a cuáles delegamos el honor de gobernar, en todos los ámbitos de la administración. Es decisión nuestra y hemos de ser consecuentes. No vale quejarse en twitter y luego pensar que esto no va conmigo. Ese “ya verás” implica mojarse también en esto.

Y, por último, ese ya verás nos enseña algo muy importante. Soñar es siempre. Arriesgar por el sueño es ahora. Siempre hay una excusa para no hacerlo. Nunca viene bien salir de la zona de confort. Pero yo te pregunto ¿y cuándo algo “imposible” viene y nos saca a todos? ¿No te has adaptado? ¿No ha pasado el momento duro y has sido capaz de hacer lo que pensabas que no podías hacer? Pues no esperes a otra desgracia. El momento es ahora. No lo dejes pasar. Los sueños no son una parada de tren, los sueños son un viaje de aventuras. No esperes en la parada, haz el viaje de una vez.

Ese “ya verás” nos pide ser mejores. Más humanos. Más vivos.

Me apunto al día siguiente. A la fiesta, al nuevo mundo, al trabajo digital, a aportar lo que pueda de manera constructiva y a perseguir mi sueño aquí y ahora.

¿Te vas a quedar esperando otra pandemia?

#impossibleisnothing





Opina: