Páginas vistas en total

domingo, 26 de enero de 2020

Lo que no se ve


“Lo esencial es invisible a los ojos”. Eso dice El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. Yo, estoy de acuerdo con él.

Nuestro mundo interior es infinito. Nadie lo conoce. Sólo nos pertenece a nosotros. Todos, todos los que poblamos este planeta, tenemos una historia y un universo de emociones y sensaciones que nos inunda en lo que nadie ve, en esa esencia. Sí, algunos y algunas van de duros. No cuela. Iceman sólo existe en el cine.

La mala noticia es que uno siempre está solo ante el peligro en los momentos decisivos. Esa amalgama de colores internos sólo la conoce uno mismo. Hay quien se acerca. Tenemos familia, amigos, personas que nos quieren… pero ellos ya lidian con sus propias voces internas. A nosotros nos toca la nuestra.

Somos nuestros propios “vampiros emocionales”. Depende de lo que alimentemos, nuestra vida será una telenovela o una comedia…o ambas.

Razones, sentimientos, miedos, impaciencias, experiencia…todo entra en la coctelera. Sólo uno mismo sabe lo que hay ahí. No hay que esperar que nadie lo comprenda, sino lidiar con ello.

La vida es un camino y ese camino lo definen los hechos. Lo que pasa dentro nadie lo ve. Lo que se materializa en acciones lo ve todo el mundo. Las acciones tienen consecuencias y por ellas se nos suele juzgar de una u otra manera. Pero la mirilla para observar nuestra alma nadie la va a tener y mucho menos entender.

Es muy importante escucharse. Es un ejercicio difícil, porque somos nuestro peor juez. A veces también nuestro mayor fan para buscar excusas. Escucharse es muy arriesgado. No hacerlo… ¿lo es más?

Siempre digo lo mismo a mi gente. Hazlo con el corazón y ejecuta con la cabeza. El corazón es un gran cabroncete, sueña por nosotros…nuestra cabeza debería ayudarle. Sin prisa pero sin pausa.

Como nadie está en nuestra piel es bueno ser uno mismo. Suele ayudar en la vida en general. Ser otra persona distinta puede quedar muy de postureo (ahora se lleva mucho), pero no suele acabar bien. Es mejor no engañarse.

Sí, ya sé que a veces nos puede el ímpetu, el momento, la impaciencia o la parálisis por análisis y no sé qué cuántas cosas más que todas ellas son muy razonables y comprensibles… ¿lo son?

Hoy mi abuela cumplía 100 años. Le faltó poco para llegar, aunque ya me gustaría llegar a los 96 como lo hizo ella. Es una de las personas que más he querido, quiero y querré en mi vida. Me enseñó el valor de la sencillez y la inteligencia de la bondad.

Pero, sobre todo, me enseñó el camino de la felicidad. Coger esa mirilla interna que sólo nosotros tenemos, escucharse y tomar acción. No sabemos cuánto va a durar este cuento y desafortunadamente, sólo sucede una vez.

Lucha, ama, disfruta, toma partido y sobre todo…exprímelo siendo tú.

Felicidades, estés donde estés.

#impossibleisnothing

lunes, 13 de enero de 2020

El misterio de la luz de las estrellas


Hubo un día en que las estrellas se empezaron a apagar. Fue de repente, inesperado e inexplicable para los científicos.

Es sabido que los astros brillantes que vemos en el cielo están a años luz, es decir, a miles y millones de años y lo que se ve ahora es el reflejo de lo que realmente pasó hace mucho, mucho tiempo.

Por eso, a los poderosos de La Tierra les entró mucho miedo. <<Si vemos ahora que las estrellas se están apagando, eso quiere decir que pronto puede apagarse la nuestra. Si se apagara el sol sería horrible, porque todos moriríamos congelados. Desaparecería el Planeta>>.

Increíblemente todas las naciones se pusieron de acuerdo. Destinaron todos sus recursos a investigar qué podía estar pasando. Enviaron cohetes, naves de última generación, telescopios orbitales, drones supersónicos y hasta crearon una televisión espacial para que todo el mundo pudiera verlo por internet. Necesitaban todos los ojos del Planeta mirando todos los detalles para poder evitar su destrucción.

La campaña mundial tuvo mayor resultado que cualquier campaña mundial en la Historia. La gente miraba al cielo y cada vez veía menos puntos luminosos, y claro, quería saber por qué pasaba y si pudiera afectarles a ellos. El caso es que, por curiosidad o por supervivencia, todo el mundo se conectaba a la TV espacial. Ampliaba las imágenes, miraba con lupa. Todo para encontrar alguna pista que pudiera explicar lo que pasaba.

No había manera. Las organizaciones espaciales y los periodistas decían que cada vez quedaban menos estrellas, y las que se apagaban estaban más y más cerca. Nadie lo decía, pero todos tenían pánico. Si estaban tan cerca, ¿cuánto quedaba para que afectara a nuestro sistema solar?

Una niña tuvo una idea. Había estudiado ciencias y sabía que en la naturaleza todo tiene un sentido. A veces, se tarda en descubrir, pero las personas mayores, siempre acaban haciéndolo, aunque tarden siglos. Las estrellas, los planetas, los satélites, todo tiene un orden en el cosmos y si ese orden estaba desapareciendo cada vez que se apagaba una estrella, ¿podría ser que había algo más que no tuviera que ver con las ciencias?

Sabía que las estrellas servían para iluminar, para guiar, para ser miradas…incluso para cuidarlas, para crecer flores y para cambiarlas por papelitos en un banco… según las aventuras de un Principito. Pero, ¿alguien había pensado que podían servir para comunicarse? ¿Nos estaban diciendo algo…?

Marta, que era la niña curiosa, empezó una investigación. Hizo planes con sus amigos y con las personas que más quería. Un día fueron al cine, otro a patinar, otro a cenar, otro a la bolera, otro de viaje… Cuando hacía algo divertido que la daba felicidad, y miraba al cielo, veía que las estrellas brillaban mucho. No se notaba que se estaban apagando, sino que brillaban.

Por el contrario, cuando se sentía sola y triste no era capaz de ver estrellas. Se apagaban, incluso más que lo que estaban diciendo en la tele.

Qué raro, pensó. Esto no es de ciencias. Si estoy feliz las estrellas brillan. Si estoy triste, las estrellas desaparecen.

Quiso hacer una prueba más. Hizo una encuesta entre todos sus conocidos del cole. Y les puso deberes, al día siguiente tenían que contarla si habían visto brillantes o no a las estrellas y si en ese momento estaban tristes o alegres.

Y, ualá. Sus compañeros de clase contaron lo que habían visto y cómo se sentían en ese momento. La regla se cumplía al 100%. Si estás triste, las estrellas parece que se apagan. Si estás alegre, brillan más.

Fue corriendo a decírselo al profe de natu. Era una idea disparatada, y el profe era un profe muy serio. ¿Cómo iba a ser posible eso? <<Anda Marta…>>

Se lo contó a otros profes y seños, pero tampoco la creyeron. Será casualidad la decían.

Se lo contó a sus padres. Por supuesto la creyeron. Aunque la convencieron de que eso no tenía nada que ver con el fenómeno que se estaba produciendo. Las estrellas estaban apagándose y todos los científicos del mundo con sus máquinas super inteligentes, estaban tratando de averiguar por qué, para poder inventar un antídoto.

Entre todos, convencieron a Marta. Aun así, ella seguía viendo lo mismo. Pero bueno, como la decían, sería casualidad.

Un día, la tele fue a su cole a hacer un reportaje. Los niños habían hecho un trabajo que se había premiado por los grandes jefes de la educación: los ministros. Cuando acabó la entrega de premios, los periodistas preguntaban a los niños que les parecía el misterio de las estrellas.

Y Marta, se armó de valor. Y les dijo que ella lo había resuelto, pero que nadie la creía o la decían que era una casualidad, aunque ella sabía que no.

El periodista, incrédulo dejó que expusiera su teoría. Y para demostrar la creatividad del cole premiado, al final de la crónica que se emitió en el Telediario, salió Marta, contando lo que había averiguado.

El caso, es que, por su desparpajo y por su pasión, se hizo viral por las redes sociales. Fue” trending topic”, y un científico de los que llevaba mucho tiempo estudiando el problema, la escuchó.

<<Pues claro. ¡Cómo no se nos ha ocurrido antes! Las estrellas no se están apagando. Se está apagando la alegría. Todo es energía y está conectado. El brillo se apaga pero no vamos a encontrar la causa en el espacio. El problema está aquí, en La Tierra>>.  Y el científico, prestigioso Físico de la NASA, inmediatamente fue a buscar a Marta a su cole.

En el cole se armó un gran revuelo. Era una persona muy famosa y muy lista. Y había venido buscando a una niña, que decía que había resuelto el misterio de las estrellas y que nadie se lo había creído. Las seños y el resto de profes se sonrojaron. Ninguno había sido suficientemente abierto para entender lo que Marta había descubierto. No se lo habían cuestionado, se salía de lo normal.

Incluso, sus padres, que la querían muchísimo y la habían creído, tampoco se tomaron un ratito para comprobarlo. Estaban muy ocupados con unos trabajos muy importantes.

Marta, le contó todo el detalle de su investigación al científico. Al día siguiente se publicó en las revistas más prestigiosas del mundo. Todos los gobernantes querían hacerse una foto con Marta. Ahora sí. Todos la creían.

Sin embargo, esto resolvía el misterio de por qué pasaba. El mundo, considerado como una única persona, se estaba volviendo cada vez más triste y apagado. Ni la tecnología, ni todos los juegos ni la facilidad de conocer a otras personas eran capaces de iluminar al Planeta.

Aún, había que solucionar el problema. ¿Cómo conseguir que el brillo ganara a la oscuridad? Era necesario buscar la felicidad, de cada persona, para que la suma de todas, volviera a iluminar todo el firmamento.

No fue difícil encontrar los elementos que componían el antídoto. Lo fue más fabricarlo. Porque no era igual para todos. Cada una de las personas que formaba el Planeta, necesitaba una dosis distinta de ingredientes para sonreír. Había una base común, el amor y otros “toppings” como la confianza, la risa, la amistad, el compañerismo, la solidaridad, la bondad y la tolerancia. Cada persona debía fabricar su propia fórmula combinando estos elementos en su justa medida. Esto salvó al mundo en aquella ocasión.

Esto no es un cuento inventado. Esta Historia pasó. Es real. Pasó en el mundo antes de un gran cataclismo de meteoritos. Afortunadamente, se conservaron los documentos donde esto se contaba. Luego volvimos a empezar de cero, y hoy hemos llegado al mismo punto que descubrió Marta.

Cada día brillan menos las estrellas. Entre todos estamos apagando La Tierra. Con todas las cosas chulas que hemos inventado, y, aun así, fallamos en lo básico, nosotros mismos.

La esperanza jamás se pierde. Es algo innato en el ser humano. No paréis de buscar vuestra combinación de ingredientes. Y cuando la encontréis no tengáis miedo, hacerlo.

Necesitamos que tú, yo y todos sigamos brillando.

#impossibleisnothing




jueves, 2 de enero de 2020

2 de enero, un día más…otra oportunidad de cambio


Del 31 de diciembre al 1 de enero hay 1 segundo, o 23 horas, 59 minutos y 59 segundos, según se mire. Como mucho, un día. Es un día más en la naturaleza, no tiene nada especial.

Sí lo tiene en el contexto cultural y, en cierta medida, en el psicológico y en el imaginario colectivo. En ese segundo se cambia de año y en algunas ocasiones de década, de siglo, o de milenio…No es en todas las culturas igual. Chinos, judíos, musulmanes y pueblos autóctonos de Latinoamérica y Oceanía lo celebran en otros momentos de los 365 días.

Sólo es un día más.

Es curioso que, ese día, hasta 1582, se celebraba el 21 de marzo, coincidiendo con el solsticio de primavera en el hemisferio norte (y el de otoño en el sur). Eso se debe a que, hasta ese año, el mundo se regía por el calendario Juliano, el de Julio César sí.

Pero en esa fecha, en un mundo occidental de influencia cristiana, el Papa Gregorio XIII determinó que el año comenzara el 1 de enero basándose que ese era el supuesto día de la circuncisión de Jesús.

Y es día más, cambió de día, aunque seguía siendo ese día más.

Se celebre en la primera Luna Nueva de la entrada en acuario, como los chinos, en los primeros brotes de primavera o en diciembre sí hay un punto común. Es la idea de regeneración, de quemar lo que no nos sirve y crear cosas nuevas que nos hagan avanzar.

El ser humano, liberado de creencias e ideologías, de manera natural necesita lo mismo. Enterrar lo que le encadena y empujar lo que le hace volar. Es una cuestión de supervivencia.

Claro, esto no lo digo para justificar lo de “voy a dejar de fumar”, “apuntarme al gimnasio”, “ver más a mis amigos”, “ponerme a dieta” y los innumerables propósitos mundanos de año nuevo, que están bien y a veces requieren mucho esfuerzo. Esto lo digo porque cualquier día es bueno, incluido el del nuevo año, para soltar lastre.

El cambio psicológico que se produce después de tomar 12 uvas parece que nos da alas para vencer los miedos que a veces nos paralizan y empezar a hacer cambios. El tema es que eso continúe el 2 de enero y siguientes.

Hace tiempo escribí un post sobre el miedo. Puede ser el mayor enemigo o el mejor aliado. Depende de nosotros. Hacer propósitos o promesas está bien. Ser capaz de ejecutarlas es otra cosa. Es una cuestión de vencer ese temor con voluntad y constancia.

Hubo un imperio en la antigüedad que se consagró como el más extenso que jamás ha visto la Historia. Fue el mongol. Gengis Kan fue el emperador más poderoso que ha dominado el planeta. Y lo fue por dos motivos principales: Su capacidad de manipulación y su determinación.

Igual que la oportunidad de reinventarse es algo que une a todas las fechas de cambio de año en todas las culturas, también hay algo que une a todos los grandes líderes de la Historia de la Humanidad, su energía para ejecutar sus planes, tanto para bien como para mal.

Si queréis que los propósitos de 1 de enero se mantengan el 2 y se materialicen antes del 31 de diciembre siguiente, tenéis que poner de vuestra parte. Sí, no se le puede “echar la culpa” a otro. Depende de ti, de cada uno. Determinación, es la clave. Creer y no rendirse, saber que el esfuerzo llevará premio.

Y entonces pasará.

Cumplir los propósitos, pero, sobre todo, cumplir los sueños.

Salud y felicidad en 2020.

#impossibleisnothing

jueves, 26 de diciembre de 2019

Reconocer al que lo hace bien…y salvar el mundo


El 26 de septiembre de 1983, a las 00:14 minutos, el teniente coronel Stanislav Petrov estaba de servicio en un bunker secreto a las afueras de Moscú. Su trabajo era realizar un seguimiento de “Oko”, el sistema de alerta temprana de la Unión Soviética para un posible ataque nuclear.

A esa hora saltó la alarma. Según el panel de satélites, había sido lanzado un misil nuclear desde Estados Unidos, que impactaría en unos minutos. A ese misil le siguieron cuatro más. ¿Era posible que el sistema de alarma saltara cinco veces seguidas y fuera un error?

Eran momentos de mucha tensión en la Guerra Fría. El protocolo obligaba a Petrov a informar a sus superiores, lo que hubiera llevado a una respuesta soviética y a la Tercera Guerra Mundial. Esto hubiera supuesto la aniquilación total.

Tenía 10 minutos para informar y que se desencadenara la respuesta. Antes de hacerlo, Petrov se dejó llevar por su instinto. ¿Cómo es posible que los americanos sólo ataquen con cinco misiles? Si fuera lo que parece que es, atacarían con todo su arsenal.

En diferentes puntos de la Unión Soviética, 120 ingenieros y militares de menor rango, esperaban su decisión. Petrov informó a sus superiores, sí, pero de que se estaba produciendo una avería en el sistema y era una falsa alarma.

A los 23 minutos las sirenas se apagaron. Había sido un error del sistema, motivado por la conjunción de planetas y la posición de La Tierra y la Luna en el “solsticio de otoño”.

Sus superiores, una vez informados, le prometieron una medalla. No fue así. Sería demasiado humillante reconocer que se había producido dicho incidente y decidió ocultarse. Petrov sobrevivió 15 años en los suburbios de Moscú con una pensión mensual de 200 dólares. 

Su comandante en jefe, en 1998, lo contó en un libro de memorias. A partir de ahí su figura se popularizó y en 2004, 21 años después, recibió reconocimiento por su extraordinaria decisión que, sin duda, salvo el mundo. Murió en 2017.

La historia de Petrov, a menor escala, es la historia de millones de personas en el día a día. Acciones extraordinarias que, por el miedo de los que están cerca a reconocer su vulnerabilidad, pasan desapercibidas y no son reconocidas, salvo cuando uno se muere, o la casualidad aparece.

¿Qué pensaría Petrov durante esos quince años de ostracismo? ¿Qué había hecho mal?

Douglas Mattern, Presidente de la Organización Mundial de la Paz, localizó a Petrov en 1998. Fue difícil hacerlo y lo encontró en un pequeño piso, en las afueras de Moscú, anciano y sucio. Y sólo.

Alguien que merecía estar en los libros de Historia había malvivido después de su heroicidad por la falta de autocrítica de otros.

Son lecciones de vida que debemos aprender. Cuando alguien se esfuerza o realiza una acción que merece ser reconocida, hemos de hacerlo. En todos los niveles, en todos los sentidos.

Es algo que nos cuesta mucho en la sociedad actual. Parece que es un signo de debilidad, y no, es justo lo contrario, un signo de grandeza. Se nos ponen los ojos vidriosos cuando un deportista lo hace con sus rivales, pero no somos capaces de hacerlo en nuestro entorno. Somos bastante hipócritas con esto.

Es algo que tiene que arraigar en nuestra cultura. Desde pequeñitos. Sólo la educación en el cole y el ejemplo de los que están alrededor de un niño puede hacer que ese poso se asiente.

Reconocer lo que hace otra persona es el primer paso para resolver un conflicto. Es necesario reconocer al otro, ser capaz de ver lo positivo que tiene. Entender que es como tú. Empatizar y ponerse en su lugar.

En este mundo hiperconectado estamos constantemente “compitiendo” por tener razón. Tanto con los que conocemos como con los que “conectamos” en redes sociales. Es un bombardeo constante de egocentrismo. Yo la tengo más larga…

Con lo que mola mirar al otro y decirle, que bien lo has hecho. La cara que se le pone y que se te pone a ti, reconociéndolo.

En la empresa hay veces que los jefes no valoran lo que hace su equipo. Si os pasa, no desesperéis. A veces es una diferencia de criterio y otras un mecanismo de supervivencia del que se siente frustrado o amenazado. Pero es temporal, el trabajo bien hecho siempre gana.

Ahora que en estas fechas navideñas nos entra el “buenismo” a todos, hagamos que dure. Reconozcamos los méritos de los demás, sin cortapisas, como hacemos cuando les criticamos o incluso juzgamos.

Y mantengámoslo así todos los días. Que no decaiga. Conseguiremos que nuestros hijos entiendan que respetamos al de al lado, aunque a veces nos “joda” que lo haga mejor. Pero que la suma de “lo suyo” y “lo mío”, nos hace mejorar a todos.

#impossibleisnothing

lunes, 23 de diciembre de 2019

La historia más grande mil veces mitificada…pero pasó


Al caer la tarde en Ypres, Bélgica, el frío y la nieve hacían mella en los soldados de ambos bandos allí desplegados.

Eran miles de hombres, alemanes y británicos, separados por 36 metros. Alambre de espino, trincheras, muertos, hielo. Ese era el paisaje. Las enfermedades, la moral baja, la congelación de miembros, ese era su día a día.

Aquel 24 de diciembre no era distinto… salvo por una cosa.

La Historia, esa en la que el ser humano necesita episodios de eso, de humanidad, lo mitificó. Pero sí, a pesar del revestimiento alegórico, el hecho sucedió.

En esas zanjas cavadas en la arena que recorrían miles de kilómetros, se hacinaban unos y otros, tratando de darse calor. Era muy duro, infernal. La autoestima estaba por los suelos. El miedo era un enemigo terrible.

Y pasó. Así, sin más. Pasó. En el bando alemán, de repente, una voz, empezó a cantar una canción que todos conocemos, y los soldados del frente también: “Noche de Paz”.

Fue espontáneo. Ese soldado lo hacía sólo por recordar la fecha que era. No esperaba la reacción en cadena. Ni la línea de adornos y luces que se formó a lo largo de las trincheras germanas, mientras los muchachos con fusiles cantaban a coro.

Los británicos, aturdidos y desconfiados, pensaron que era una maniobra de distracción. Estaban alerta.

Pero sucedió lo inaudito. Unos combatientes alemanes, quizás con miedo, quizás con unas copas de más, salieron de la trinchera. Se reunieron en círculo y continuaron cantando.

Y los defensores de su Graciosa Majestad, teniéndolos a tiro, hicieron lo propio. Aparcaron las armas y salieron también a sentarse enfrente de la trinchera. Unos a otros se aplaudían villancico tras villancico, y después, cantando al unísono la mencionada canción.

Cuando amaneció el día, 25 de diciembre, confraternizaron. Se hicieron regalos, se intercambiaron tabaco, galletas, vino y se organizó aquel figurado partido de fútbol, en el que parece que los alemanes se desenvolvieron mejor sobre la pista de hielo y ganaron 3-2.

La tele, el cine, los libros, se elevó a la categoría de leyenda. Se adornó con detalles que probablemente no ocurrieron. Se le quiso quitar valor al asunto.

Pero no, no hay que quitárselo. Pasó.

Luego el infierno volvió. La I Guerra Mundial fue devastadora. Lo fue por el cuerpo a cuerpo atroz y la crueldad del conflicto.

A los jefes, allá en sus puestos de mando, no les gustó nada eso de hacerse amigos y matarse al día siguiente. No se repitió otro momento igual. La víspera de festivos, desde aquel día, se bombardeaban con saña las posiciones del contrario, para fomentar el rencor. Fue la reacción de los que se querían poner medallas.

Sin embargo, jamás se podrá borrar lo que allí aconteció. 

La esperanza es algo que dura hasta el segundo anterior de dejar de existir. Mientras tanto, nadie puede matarla, aunque quiera borrarla a golpe de odio.

Nunca pierdas la esperanza.

#impossibleisnothing

jueves, 19 de diciembre de 2019

Ese instante

Llega sin avisar, sin cita previa,
se puede imaginar el contexto, incluso el texto,
aunque es difícil leer entre líneas,
que es lo que lo cambia todo.

Cuesta conectar el sentido,
mucho más entender el efecto,
asimilar la realidad pasado el momento,
vislumbrar la profundidad de su espectro,
que es lo que lo cambia todo.

No nace ni muere,
y sin embargo surge y se desvanece,
a pesar que su sombra siempre permanece,
que es lo que lo cambia todo.

Es el subconsciente que grita,
es el alma que se agita,
es la mente que lo justifica,
es el corazón que lo complica,
que es lo que lo cambia todo.

Es el instante,
es el suspiro,
es el momento,
es la milésima de intuición que ilumina,
es cuando el universo se comprende,
Y eso es lo que lo cambia todo.

#impossibleisnothing

martes, 10 de diciembre de 2019

En el punto medio está la virtud


Ya lo decía Aristóteles hace más de 2400 años. El ser humano se deja llevar más fácilmente por los extremos (lujuria, soberbia), que por el equilibrio. La experiencia de lo vivido es la que nos da ese acercamiento al punto medio.

Estos días se está celebrando en Madrid ”La Cumbre del Clima”. Es algo probado, guste o no, que nos estamos cargando el planeta. Estamos a tiempo de poner remedio porque, si seguimos por este camino, aceleraremos el final de nuestra especie.

No voy a entrar en argumentos científicos o sociodemográficos. Los datos están ahí y hablan por sí mismos.

Pero tiene solución. Y es aquí donde entran en juego el punto medio. Tiene solución si TODOS, repito, TODOS, tomamos conciencia de ello y no sólo eso, actuamos en consecuencia. Por si no queda claro, lo subrayo, TODOS.

Hemos convertido en adalid de la lucha contra el desastre climático a una niña de quince años. La hemos dado empoderamiento por el “morbo” mediático de su edad y que nadie se reirá de ella y su idealismo porque “es una niña”, pero al mismo tiempo se la utilizará de bandera por la misma razón, metiéndole una carga de presión brutal.

Y lo hacemos porque no queremos reconocer una cosa. Nos sumamos a la causa de poner a parir a gobiernos, gobernantes y empresas porque no hay huevos a ejercer con lo que predicamos. Pedimos que tomen medidas y concursamos a ver quién sabe más de las consecuencias futuras de seguir por dónde vamos. Incluso, educamos rigurosamente a nuestros hijos para que reciclen. Luego pensamos que, por clasificar la basura y echarla a contenedores de colores, ya hemos hecho nuestra parte.

Está bien eso de reciclar. Hace años, como voluntario de una ONG, hicimos una encuesta en un barrio de Madrid, “¿usted cree que hay que reciclar?”. “por supuesto” decían todos. ¿Qué le parecería una planta de reciclaje en el barrio?”. “Ah, no, que la hagan en La Moraleja”. Por no hablar del descojone general que suponía entre amigos y familia cuando sacabas este tema.

Esto era como los documentales de National Geographic de La2. Todo el mundo los veía oye, pero luego su audiencia rozaba el cero.

Me alegro que los tiempos hayan cambiado y todos nos hayamos vuelto idealistas…pero ojo, idealistas de lo que no nos supone sacrificio, como más o menos hemos hecho siempre. Podemos ir al reciclón o apagar las luces y cerrar el grifo cuando no consumimos. Hemos avanzado, pero insisto, en lo que no nos cuesta.

Porque si hay que rellenar la piscina de agua fresquita, pues se rellena. Si hay que echar gasoil y darle a saco a la calefacción, pues se le da y si hay que irse de vacaciones, pues coche y atascazo, como todo el mundo hombre.

Por supuesto, estamos en Navidad, donde la bondad es un deber, y no me voy a privar de luces, fiestas, consumo como si no hubiera un mañana y regalos como si yo miso fuera Papá Noel, que incluso hoy te los mandan a casa en alguna furgonetilla que será super ecológica.

Estoy en el extremo, lo sé. Pero no seamos hipócritas hombre. Que queda muy bien posicionarse sobre el clima y expandirlo por todas las redes sociales, pero luego hay que ser consecuente y no esperar que este sea un problema de “los demás”. Es tuyo y mio, igual que de Trump, de Xi Jinping o de un ciudadano de Nueva Delhi o Moscú. La Tierra no entiende de gobiernos o naciones, entiende de emisiones y de irresponsabilidades en el uso de los recursos (de todos), y lo primero que tenemos que tener claro es que todos somos responsables.

Que sí, que ya, que es verdad. Que los Presidentes de EEUU, China, Rusia y un largo etc, pueden poner medidas drásticas de prohibición (porque son de prohibición) a multinacionales y ciudadanos para reducir por ley esas emisiones. Pero digo yo, ahora que estamos tan concienciados, ¿necesitamos que el límite nos lo ponga el papá Estado? ¿No somos mayorcitos para entender que malgastar agua, o comida, por ejemplo, juega en detrimento de otros? ¿En serio? Luego cuando restringen las zonas centrales de grandes urbes nos cabreamos mucho…excepto los que viven en ellas, que les mola porque les viene bien, pero cuidado, que no se lo hagan en su pueblo cuando van.

¿No somos, tal vez, un pelín hipócritas con todo esto? ¿No estamos trasladando a Gobiernos un problema que es de todos? ¿No nos estaremos escudando en una niña para liberarnos de la parte que nos toca, esa que sí nos supone un coste?.

No soy sospechoso de aburguesamiento. Llevo desde los 17 años, cuando salíamos muy pocos a protestar por la desigualdad, la violencia de género, la inmigración, el clima… discutiendo con la mitad de vosotros porque “éramos unos idealistas”. Repito, me encanta que ahora lo seáis también. Pero hacer vuestra parte chavales. No esperéis que venga el gobernante de turno a prohibir. Ojo, y si prohíbe, ¿nos la saltaremos, como hacemos con los límites de velocidad?.

Me enfada mucho, espero que se esté notando, cuando ponemos el problema en el otro y hacemos como Zipi y Zape, la buena acción del día para “lavar conciencia”. Y ya he hecho mi parte. Es como lo de los telemaratones, doy 50 euros y ya puedo ser un cabroncete cuando pase la Navidad.

Amigos, este es un problema muy serio. Todos debemos tomar conciencia real, con acciones, incluso que nos supongan un sacrificio, para revertirlo. Tenemos que alzar la voz, sí, pero para pedirle a los Gobiernos que se eduque a los que gestionaran todo esto dentro de poco en unos valores, entre ellos el del respeto a la Naturaleza.

Nos estamos tirando los trastos todo el día con que, si eres rojo, morado, naranja, verde azul o arco iris y sólo estamos de acuerdo con “lo nuestro”, cerrados en nuestras ideas que son lo más, sin tener en cuenta ni reconocer las de los demás. Y sin resolver eso, ¿queremos resolver un desastre que no somos capaces ni de calibrar? Vamos a trabajar en el respeto, la tolerancia, la educación, los valores sociales, de manera unida, y lo otro, vendrá como consecuencia…es mucho más fácil, pero requiere de tú esfuerzo, de que no te cierres en banda con lo “tuyo”.

Yo sé que es posible. No me llames idealista.

#impossibleisnothing

Opina: