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viernes, 31 de julio de 2020

Tiempos duros

No soy un columnista de El Mundo o El País. No pretendo tener millones de lectores. Sí que me gustaría que este post llegara lejos. Quiero daros mi visión de lo que tenemos por delante, sin sesgos de colores políticos ni falsas moralinas. Sólo con sentido común, con mucho corazón y con algún que otro conocimiento de Economía.

Veréis. Nos estamos enfrentando a una de las situaciones más difíciles que viviremos nunca colectivamente. Los libros de Historia hablarán de 2020 como un año clave, al igual que 1789 (Revolución Francesa), 1914 (I Guerra Mundial) o 1939 (2ª Guerra Mundial). No nos estamos dando cuenta, pero será un punto de inflexión en nuestra era.

En este siglo XXI, los años 2009 y 2020 han desencadenado acontecimientos que se analizarán durante siglos.

Sabéis que soy optimista. No me gusta pensar que algo no es posible. Es cuestión de esfuerzo. Y el que se nos viene encima es mayúsculo. No lo estamos viendo, pero va a ser duro y debemos estar preparados.

Nuestro país sufre lo que es habitual en una pandemia. No soy experto, pero a poco que busques lo encuentras. Se relajan las medidas de precaución y aparecen los rebrotes. A veces leves y otras veces, como pasó con la gripe española, se convierten en una segunda ola devastadora.

La primera reflexión es clara. No nos relajemos con las medidas de prevención. Esas medidas han permitido que nuestros hospitales se estabilicen y no haya que escoger a quien se salva y a quien no. Si volvemos a colapsar, habrá que seleccionar. Le podemos dar el tinte político que queramos, pero habrá que hacerlo.

La segunda reflexión es evidente. Hay un deterioro económico brutal. La intervención del Estado postpone el desenlace. Pero va a llegar. España es un país donde el turismo y la construcción suman el 30% de la generación de riqueza de un año. Para que se entienda bien, de cada 3 euros que pasan por tus manos hoy, 1 viene de actividades relacionadas con esos dos sectores. Si esas actividades fueran 0, dejarías de tener 3 euros y tendrías 2 o menos.

La pandemia nos ha llevado al extremo en que esto puede pasar. En los momentos de bonanza no hemos sido suficientemente inteligentes para transformar la manera en que el país crece. Nos hemos conformado y esperado que todo siguiera igual. Nos hemos acomodado, y ahora esto pasa factura.

Datos que se entiendan. Hoy hay entre 6,5 y 7,5 millones entre los parados y los “semiparados” que están en un ERTE. Esta solución temporal la paga el Estado y complementan las empresas, no todas, y una gran parte de la población cobra sin trabajar y sin estar oficialmente en el paro. Pero el hecho es que sí están, porque al no haber actividad, no se genera riqueza y su capacidad real de irse a cenar o de compras, disminuye.

Ahora mismo unos 9,5 millones de trabajadores del sector privado más autónomos, pagan las facturas del país. Por supuesto también los 3,5 millones de empleados públicos, pero pensar que el sueldo de éstos se paga con los impuestos de todos, es decir, de los que siguen trabajando fundamentalmente.

13 millones (de los cuales 3,5 son funcionarios) sostienen el país (47 millones). El resto son pensionistas, estudiantes, niños… que se han ganado el derecho a que les ayudemos, por supuesto, pero la realidad es esta. Un 30% paga la factura del 100%.

Y eso no es sostenible. El Estado es finito y la Unión Europea no es un pozo sin fondo. Si no hay cambios, el país quiebra.

Se han tomado medidas temporales. Hablaba de los ERTEs, pero también se ha facilitado el acceso al crédito, los famosos ICO. Y eso está muy bien, pero hay una cosa importante. El año de carencia (en que no tienes que devolver nada) acaba a partir de marzo del año que viene y los empresarios, además de los gastos habituales, van a tener otro, la devolución de esa deuda. Y se van a tener que ajustar más.

La tercera reflexión tiene que ver con las personas. Mirar, a mi generación nos llaman la generación “X” y tuvimos un San Benito colgado durante mucho tiempo sobre que no nos importaba nada. Igual que cualquier generación cuando tiene 20 años. Cuando uno está en esa edad la inconsciencia rebosa.

Pero no estamos para fiestas chic@s. Ni los de 20 ni los de 40. Nuestros actos, los de cada uno, tienen consecuencias. Y pueden ser devastadoras. Hasta ahora, los que hemos nacido en Democracia hemos vivido en un Estado de Bienestar que ha sido una burbuja. Generalizo, que también se que hay situaciones duras, pero en los últimos 45 años el país ha progresado muchísimo y lo hemos visto normal.

Gracias a eso nuestras vidas se han acomodado. Hay ciertas cosas que damos por hechas y que consideramos "derechos adquiridos". Es como si vinieran en nuestra partida de nacimiento. En el 2009 se nos removieron un poco y empezamos a experimentar el sufrimiento de una crisis, de las que nuestros padres, abuelos y bisabuelos pasaron 5 o 6. Hoy estamos ante una situación límite, que ninguno somos capaz de dimensionar todavía.

Y eso exige disciplina y el fin de la picaresca. Esto los latinos lo llevamos fatal. A todos nos gusta la fiesta, ir de cañas, la playa, la discoteca, la paella, el gym, el postureo, el viaje paradisíaco y lo que se os ocurra. Pero toca sufrir. Es un esfuerzo necesario y obligatorio si queremos tener un futuro.

Me dirijo especialmente a los que tenemos entre 15 y 50 años. Cada uno en su contexto y en su edad. Unos por jóvenes y alocados. Otros porque las segundas vueltas están devolviendo a la adolescencia a much@s cuarentones. El caso es que somos los más indisciplinados, en ese rango amplio.

Pensar que todo lo que hagáis tiene consecuencias. Unos estáis empezando a vivirlo y otros lo sabemos de sobra. Es un principio universal, acción-reacción. Os pido que reflexionéis y que “evangelicéis” al resto. No podemos reírle la gracia al que está pasándose las normas por el arco del triunfo. Hay que renunciar a tanto postureo y a mostrar por redes sociales los guays que somos o lo liberad@s que estamos. Es hora de hacer un esfuerzo sin precedentes, casi de guerra y remar juntos, llamándole la atención al que nos pone en riesgo.

Los seres humanos somos maravillosos. Nuestra capacidad para sorprender y ayudar a los demás es gigante. Nuestra capacidad para desilusionar y destruir también. Ahora no hay opción, pensarlo bien. O sumamos todos o quizás no tengamos esa opción después.

La cuarta reflexión, aunque no quiero posicionarme, es sobre los gestores y políticos que nos lideran. Mirar, me da igual el color. Leo y escucho muchas barbaridades de personas de altas capacidades intelectuales. Me sorprende tanta politización de medios de comunicación y de otras instituciones que deberían ser independientes. Y estoy hasta los h…os de tanta hipocresía.

Sólo hay una manera de salir de esta. No hay más. Las otras nos llevan al desastre. Los datos no mienten. La única es salir juntos, con acuerdos. Es una irresponsabilidad la crítica destructiva y la falta de propuestas permanente que hacen todos los partidos, según les convenga electoralmente, en una Comunidad Autonoma, en un Ayuntamiento o en el Gobierno. Es otra irresponsabilidad la de l@s fans radicales, de todos los colores, que nos bombardean con mensajes para dividirnos.

Necesitamos unidad en cuando a cómo va a ser la vida a partir de ahora y que medidas acordamos tod@s. Nuestro día a día. El cole, la uni, la Sanidad, el teletrabajo y el trabajo presencial, la digitalización de la economía para no generar pobreza, el impulso de sectores clave, la reforma del modelo productivo, la formación, la transformación del sector público, de la ley del funcionariado, del marco laboral, del derecho digital…. Es un cambio profundo. Una operación a corazón abierto.

Y para ello es indispensable colaborar y hacerlo unidos. Claro que puede haber diferentes visiones e ideologías. Siempre se alcanza consenso si se quiere. Ante emergencias, cuando la espada de Damocles se nos viene encima, por arte de magia, se solucionan las diferencias. Ahora no tenemos una espada encima, tenemos un arsenal de misiles nucleares que nos está explotando. ¿A qué coño esperan?

No es sólo responsabilidad de políticos, es también de ciudadanos. Es de toda la mierda que soltamos todos por redes sociales, condicionando a más personas, manipulando, “sin querer”, y no siendo nada objetivos. Tratando a los demás como “enemigos”, en vez de como compañeros de piragua, que como deje uno de remar nos vamos al traste.

La que nos viene encima es muy dura. Muy, muy dura. Tiene consecuencias sanitarias, sociales, económicas y de convivencia. Depende de nosotros empujar juntos ahora que podemos o seguir acordándonos de lo que pasó hace 100 años y no ver lo que puede pasar en 5.

Yo confío, me cuesta cada vez más, pero confío. Me encantaría que esto lo leyera mucha gente y cambiara chips individualistas a chips colectivos.

Saldremos de esta, sólo si lo hacemos juntos.

#impossibleisnothing

 

 

 

 

 


domingo, 24 de mayo de 2020

In memoriam: que haya valido para algo


Vivíamos en castillos con muros de papel,
nos impresionaba la fachada, pero ni siquiera nos atrevíamos a tocarla.

Confiábamos en que la mano invisible mantenía nuestro bienestar,
sin querer ver las consecuencias futuras.

Estábamos enamorados del tiempo,
era el dueño de nuestras vidas, de nuestros sentimientos.

Triunfar era ganar, mandar, tener razón,
aunque no entendiéramos su significado.

La protección, la salud, la educación, eran derechos que habíamos adquirido,
porque los que vinieron antes gastaron sangre y esfuerzo para darnos ese regalo.

No habíamos entendido su coste,
sólo lo exigíamos como nuestro, sin ninguna acción, con mucho ruido.

Pensábamos que éramos más listo que el otro,
que siempre estaba equivocado.

Las lecciones de moral eran nuestro patrimonio,
la hipocresía no reconocida nuestra bandera.

Éramos felices en un mundo irreal,
no había pastilla azul ni pastilla roja, sólo para juzgar y etiquetar.

Lo imposible no podía suceder, eso era en el cine,
éramos tan ingenuos que no vimos que todo es posible.

Y nuestro mundo explotó,
la desgracia que jamás ocurriría llegó.

La incredulidad y las teorías conspiratorias ocuparon el foco,
y los jueces de la moral, su moral, empezaron a señalar.

Lo básico se convirtió en lo imprescindible,
la ambición se aparcó.

La unión apareció, un segundo, pero apareció.
el amor a los más queridos se priorizó.

El hombre, por un instante, fue el ser más maravilloso de este lugar,
el corazón por fín afloró.

Fue un microsegundo infinito. Los 21 gramos vencieron a todo lo demás,
había llegado el día en que sentir ganaba a ganar.

Los que estaban lejanos se convirtieron en cercanos,
nuestras noches soñaban con su compañía,
nuestros días añoraban sus sonrisas,
nuestras vidas necesitaban su presencia.

No importaba el éxito,
no importaba el poder,
importaba amar,
y estar con quien se amaba.

La tormenta pasó… ¿pasó?,
la enseñanza caló…  ¿caló?,
la unión mejoró el futuro… ¿mejoró?,
la tolerancia y generosidad se impusieron …. ¿se impusieron?.

Ojalá aquello que dependía del colectivo no se diluyera en combates de colores,
la hipocresía no podría ganar otra batalla, ¿la íbamos a dejar?

Aquello que dependía de mí se incrustó a fuego.
El amor siempre por delante.
Dejar de vivir no es una opción, nunca. Mejor morir.
Cada segundo es una vida. Todos son el último.

Vive, disfruta, respeta, tolera, 
no asimilar la enseñanza es menospreciar a los que se quedaron en el camino, 
y perder esta guerra.




No perseguir tu sueño es perder la tuya propia.

#impossibleisnothing






sábado, 25 de abril de 2020

Cuando esto acabe...ya verás


No se si habéis escuchado esta frase alguna vez. Es posible qu, últimamente, más de una. Suena a amenaza, a desafío y a explosión de algo…de vida.

Estas semanas han sido muy duras. Para los que están en primera línea de batalla por el trabajo incansable con el riesgo que conlleva, para los que estamos confinados por la situación estresante y de falta de libertad que nos supone, para los que están enfermos porque su salud está mermada y en algunos casos de una manera peligrosa. No es nada fácil.

Y parece que pronto vamos a ver la luz. Aún no sabemos cómo y miramos de reojo a lo que está haciendo el mundo, a ver si nos da pistas, pero no hay nada claro.

Lo que si está claro es lo que repetimos y nos repiten las personas cercanas. Cuando esto termine…ya verás. Ese “ya verás” se sustituye a veces por alguna que otra exageración o burrada que no puedo escribir.

Ese ya verás esconde una liberación de las cadenas imaginarias que nos están sujetando y que nos va a permitir retomar vidas, y sobre todo, priorizar cosas.

Ese ya verás suena a “ahora sí” voy a ir a muerte a por mi sueño.

Ese ya verás…

Ese "ya verás" esconde varias enseñanzas. La primera es que, nada es imposible, ni para bien ni para mal. Y por eso tenemos la obligación de estar alerta. Como sociedad, como mundo, pero también como individuos. Todos tenemos una responsabilidad en este planeta. No es una responsabilidad delegada en los “poderosos”. No vale con quejarse en redes sociales o alzar la voz sólo cuando nos viene mal. Tenemos que tomar conciencia de esa responsabilidad y ser consecuentes.

Me encantaba aquel lema de una ong que hicimos nuestro cuando montamos aquella campaña universitaria del 0,7% y +. El lema decía “cambia tu vida para cambiar el mundo”. Si no tenías claro cuándo, es ahora.

Otra cosa que nos enseña es que vivimos en un paraíso. Lo sé, unos más que otros y nos vienen unos meses duros. Para ello tendremos que arrimar todos y ser solidarios, con cabeza, con buena gestión pública y fomentando la iniciativa privada, pero remando todos juntos.

Eso no quita la suerte que tenemos. Este país ha tenido que sufrir mucho para estar donde está. Y estas últimas 6 semanas hemos aprendido a valorarlo. Nuestro entorno natural, interior o exterior, nuestra forma de relacionarnos, nuestras ganas de vivir, los bares, la fiesta, los amigos, la necesidad de tocarnos, abrazarnos, besarnos…preocuparnos por el de al lado, conectar con quien no conectábamos…todo. Lo valoramos y sabemos lo que ha costado tenerlo y lo rápido que se desintegra. Esto no debemos olvidarlo. Y ese “ya verás” tiene que incluirlo.

Ese “ya verás” suena a megafiestón. España va a ganar 5 mundiales seguidos y nos vamos a pegar la fiesta de aquella noche, pero de 5 días sin parar. Suena a la vamos a liar parda.

Sí. Vamos a hacerlo. Vamos a demostrar a los que queremos y de los que hemos estado separados físicamente que los queremos. ¿Y sabéis? Creo que va a ser, por primera vez en mucho tiempo, de manera general, sin esperar nada a cambio. Lo hacemos porque nos apetece, porque lo deseamos. Va a ser un ejercicio de generosidad brutal. Estoy seguro. Se nos van a poner los pelos de punta y los ojos de lágrimas más de una vez. Va a ser una explosión de amor que hace mucho que no conocía este país. Y además de una manera responsable. Ese ya verás es te voy a coger y estrujar como los que salen en la lucha libre. Y eso…mola, aunque sea con mascarilla.

Ese “ya verás” es de valorar todo lo inmaterial que tenemos a nuestro alrededor. Emociona pensarlo.

Ese “ya verás” nos deja otra enseñanza. Y es que hemos asistido al mayor curso de formación de la Historia. Hemos aprendido en unas semanas lo que se tarda años. Una gran parte del país ha “sufrido” una transformación digital acelerada. Su trabajo se lo ha requerido. Es más, en muchas empresas ha pisado el acelerador de otra transformación mayor: la cultural. Ahora el jefe no piensa que te escaqueas por teletrabajar. Ahora es la norma, no la excepción.

Otra gran parte del país ha sufrido la transformación digital social. Los abuelos son unos expertos en el uso de watsapp, teams, skype, zoom, house party y multitud de plataformas que nos han acercado. Sin la tecnología, habría sido una prisión.

Por eso, la vuelta tiene que cambiar nuestra manera de trabajar. Tiene que facilitar la integración de la tecnología en nuestras vidas, sin intrusismo, con innovación. La tecnología no tiene que ser un bombardeo de herramientas sin sentido. No. Debe tener un propósito, unos valores y una regulación. El uso de todas esas herramientas nos tiene que ayudar, no dividir o alejar. Tampoco convertirnos en máquinas productivas. Hay mucho trabajo por delante.

Ese “ya verás” nos enseña que precisamente por eso, por esa transformación, debemos repensar y cambiar aquello de nuestro sistema económico que no vale. El mundo va a cambiar y además del tema digital hay reformas estructurales que vienen pidiendo paso hace mucho. Toca hacerlas. Para ello toca ponerse de acuerdo y para ello toca ser generoso y tolerante y todos debemos ceder, empezando por los que nos gobiernan.

Realmente, en la que viene, nadie se puede quedar atrás. El sistema (todos nosotros) tiene que ayudar a todos los que lo van a pasar mal. Va a haber paro, descenso del consumo, involución del turismo y una merma importante de recursos públicos y privados. Vamos a ser “menos ricos”. Tenemos que ser conscientes. Y tenemos que fomentar mecanismos de equilibrio. Sí, fiscales también. Pero no sólo eso. De dinamización del mercado laboral, de producción cosas nuevas que el nuevo mundo exige, de reforma de aquello que no vale, de acompañamiento a los empresarios y autónomos y de protección de los que se van a quedar sin trabajo. Y todo ello de la manera más equitativa y justa. Con consenso. Parando de una vez esta partida de ajedrez electoral en la que vivimos hace mucho.

Ese “ya verás” también nos enseña que toca mojarse. Las organizaciones pueden comportarse de una manera solidaria o egoísta. Cada uno debe hacer el examen de conciencia, sin condicionantes, sin prejuicios, de manera justa, de lo que ha pasado aquí. Quiénes han mirado por el bien común, desde todos ámbitos, político, económico, empresarial, etc y quienes no. Saco de la ecuación a los héroes de primera línea por no merecen un aplauso a las 8, no. Merecen unas condiciones de trabajo que hagan que se enorgullezcan de los que aplaudimos. Todos ellos, no sólo sanitarios. Nos han mantenido en pié. Eso no se paga con dinero.

Ahora tú y yo podremos decidir. En forma de qué organizaciones consumimos, a cuáles recurrimos para pedir fondos y sobre todo a cuáles delegamos el honor de gobernar, en todos los ámbitos de la administración. Es decisión nuestra y hemos de ser consecuentes. No vale quejarse en twitter y luego pensar que esto no va conmigo. Ese “ya verás” implica mojarse también en esto.

Y, por último, ese ya verás nos enseña algo muy importante. Soñar es siempre. Arriesgar por el sueño es ahora. Siempre hay una excusa para no hacerlo. Nunca viene bien salir de la zona de confort. Pero yo te pregunto ¿y cuándo algo “imposible” viene y nos saca a todos? ¿No te has adaptado? ¿No ha pasado el momento duro y has sido capaz de hacer lo que pensabas que no podías hacer? Pues no esperes a otra desgracia. El momento es ahora. No lo dejes pasar. Los sueños no son una parada de tren, los sueños son un viaje de aventuras. No esperes en la parada, haz el viaje de una vez.

Ese “ya verás” nos pide ser mejores. Más humanos. Más vivos.

Me apunto al día siguiente. A la fiesta, al nuevo mundo, al trabajo digital, a aportar lo que pueda de manera constructiva y a perseguir mi sueño aquí y ahora.

¿Te vas a quedar esperando otra pandemia?

#impossibleisnothing





viernes, 10 de abril de 2020

Cuando brille el sol


Cuando brille el sol saldaré cuentas con el tiempo. Me ha robado la mitad del mes de marzo y me robará el mes de abril. Quizás para que aprenda a apreciar lo que realmente me importa y de recordarme que viva la vida. He entendido el mensaje, con creces y me vengaré.

Cuando brille el sol será el momento de honrar a aquellos que se fueron. El momento de decirles, adiós muchachos, y por respeto, jurarles que la vida no seguirá igual. Si algo nos ha enseñado este tiempo es que hay que exprimir cada segundo.

Cuando brille el sol miraré a los ojos a la fuerza del destino y le diré que mi destino lo escribo yo. Nadie más que yo. Con mis errores y mis aciertos. Mi canción será mi canción. Elegiré el tempo y el compás. La canción del pasado me ayudará a aprender, pero edificar el futuro será patrimonio mío.

Cuando brille el sol iré al Mediterráneo, por supuesto, uno de mis sitios favoritos. Pero también a Maracaibo, a Copenhague, a New York, a las calles de Filadelfia o a Venecia.  No dejaré para mañana lo que no se si podré hacer mañana. Es aquí y ahora. Es cuando brille el sol.

Cuando brille el sol arriesgaré. Los sueños no se alcanzan si no te complicas la vida. Con lo malo, con el corazón partío, con las cosas del camino, con las mochilas, pero con alegría, con amor, amor y amor y con la fuerza del corazón. La felicidad es algo muy puntual y sólo se vive una vez. Aquello que no sea “happy” quedará fuera.

Cuando brille el sol ese será mi credo. Pero la vida, sin compartirla, es un pasatiempo. Ni pasaba por aquí ni sólo abarca 19 días y 500 noches. Es mucho más. Hoy será siempre y a mi lado estarán las personas que inunden ese cachito de mi alma de cosas bonitas. El resto no cabe. Este cuento dura un suspiro y ese suspiro tiene que ser completo, sin odio, sin peleas. Nada de ser el reflejo de frustraciones de otros. Si lo hice mal, lo corregiré. La brújula del amor consiste en ser feliz y en dar felicidad.

Cuando brille el sol sólo compartiré con quien me llene de autenticidad y me quiera como soy, no por lo que soy. Nada de falsos amigos o de oportunistas. A veces damos por hecho que los que están ahí, están. No debemos pensarlo, hay que dar las gracias con un beso, una flor y toda la energía de nuestro ser. Que les quede meridiano, me importan.

Cuando brille el sol se acabó digerir el extremismo creciente de parte de la sociedad que me rodea. Ni el teléfono, ni la televisión, ni la radio, ni el periódico ni las redes sociales si no construyen. A tomar por culo todos. El mundo que empezará cuando sea “libre” de moverme por donde quiera, será un mundo de construir. Cerca sólo la magia de las buenas personas. Los superhéroes y superheroínas que se la juegan por los demás, sea cual sea la manera en que lo hacen. Las que cambian el mundo. A l@s que intoxiquéis os deseo cien años de soledad y “goodbye my friend”.

Cuando brille el sol me dedicaré sólo a lo que me haga mejor. He entendido que caro es el tiempo y no voy a perderlo en lo que ocupa una gran parte de mi vida. Trabajaré en aquello que me lleve a la luna y que al mismo tiempo construya un mundo maravilloso. Acomodarse, vivir en la zona de confort, alienarse y basar la vida laboral en sobrevivir a poder jubilarse no va conmigo. Yo quiero marcha y marcha que aporte al mundo.

Cuando brille el sol no me olvidaré de esta declaración de intenciones. No será un propósito de año nuevo. Será un manifiesto de vida. Será la manera de probar, que, con toda la dureza de haberse llevado a gente muy querida, esto sirvió para algo.

Cuando brille el sol nos espera un mundo mejor. No bastan un par de canciones ni tan siquiera pensarlo en cada suspiro que tomas. No, no es suficiente. Sólo es posible si eres capaz de imaginarlo, creerlo, remangarte, sufrir, porque cambiar conlleva dolor y, recorrer un camino que te hará vivir en plenitud.

Así se construye un lugar mejor para todos. Siendo mejores cada uno de nosotros.

Si piensas igual que yo, que se convierta en hechos.

#impossibleisnothing

martes, 31 de marzo de 2020

No te rindas


No me rendí cuando las patadas contaban más que los libros.

No me rendí cuando mis ideas hablaban a una pared.

No me rendí cuando el fantasma del futuro vino a visitarme.

No me rendí cuando mis sentimientos eran un número.

No me rendí cuando era “imposible” la remontada.

No me rendí cuando me dijeron que no podría dibujar música.

No me rendí cuando el cofre se quedó vacío.

No me rendí cuando trabajaba para que el tiempo pasara.

No me rendí cuando me miraban desde un trono.

No me rendí cuando otro lo rompió y yo lo pagué.

No me rendí cuando tropecé con esa piedra una y otra vez.

No me rendí cuando el corazón se partió en trocitos.

No me rendiré, aunque la primavera sea un invierno.

No me rendiré, aunque no me entiendas.

No me rendiré por mucho bicho que venga.

No me rendiré mientras siga respirando.

Porque cada segundo es mágico.

No podrá con nosotros.

No te rindas.

Resiste.

#impossibleisnothing

sábado, 21 de marzo de 2020

No estáis solos


En los momentos importantes de nuestra vida, estamos siempre nosotros frente a un espejo. No hay nadie más. Hay personas que nos quieren, nos empujan, nos dan su aliento, pero no están en el reflejo de uno contra uno mismo. Eso no es así porque estemos en una situación de Pandemia, es así porque es nuestra naturaleza, en lo más profundo las luchas son individuales.

Es ahí donde se producen las batallas más salvajes. Y también donde florece lo mejor de cada uno. Hay muchos momentos y circunstancias que nos llevan a esa contienda interna. Hoy, por primera vez para casi toda nuestra generación, es un momento colectivo el que nos lleva a ella.

No nos engañemos. Nadie va a librar por vosotros la guerra íntima de cada uno de los que estáis en los hospitales. Esa corresponde a cada uno. Es así de duro, así de bonito y también, así de esperanzador. Del gusano sale una mariposa, de esa lucha salen héroes.

Lo que sí os garantizo es que vuestra guerra colectiva no es sólo de vosotros. Esa no. Ni a los que estáis peleando por la vida ni a los que estáis trabajando por los demás. Os aseguro que tenéis a 47 millones de persona que os estamos gritando detrás. Y no vamos a desfallecer, dure lo que dure, tengamos que hacer el esfuerzo que tengamos que hacer. No estáis solos en esa.

No podemos transformarnos en vosotros y sentir lo que estáis sufriendo, pero podemos ayudaros a que también sintáis lo que desde fuera sabemos que estáis haciendo. Os aseguro que no vamos a retroceder un paso en el apoyo. Da igual la ideología o las creencias, estamos alineados para lo que sea necesario. 

Todo lo que sea necesario a nivel colectivo.

Os doy unos ejemplos de lo que está pasado ahí fuera.

La señora de 80 años, que se pasa cosiendo hasta las 3 de la mañana haciendo mascarillas en su máquina de los años 60. Luego vuelve a empezar a las 8 otra vez. Quiere producir todas las que pueda y pide a su hijo que os la lleve al frente.

Los grupos de empresas, emprendedores, individuos que se están organizando para imprimir respiradores 3D. Lo hacen sin descanso. Se están dejando la piel para que no falten. No quieren que se pierda ninguna vida por ello.

Los voluntarios, que están atendiendo a personas solas en cuarentena y a personas mayores. Haciéndoles la compra. Evitando que se expongan. 24 horas. Pensando más en “el otro” que “en uno mismo”.

La cantidad de trabajadores, de todo tipo, transporte, limpieza, mensajería, alimentación, fuerzas de seguridad y un sinfín más que nos están regalando su esfuerzo para que podamos cumplir con el deber de estar confinados en las casas.

Los miles de personas, que altruistamente están poniendo su conocimiento, docente, veterinario, médico, nutrición, legal, administrativo…para los que necesitan esos consejos y no tienen acceso a ellos.

Las empresas, personas, organizaciones que están ofreciendo sus viviendas, su comida, todas sus posibilidades para que el personal sanitario pueda descansar y relajarse al menos un rato.

Todos ellos para ponérnoslo más fácil al resto.

No estáis solos. Lo vamos a seguir haciendo hasta la eternidad si es necesario. Os vamos a dejar todas las carreteras despejadas para que sólo, sólo, os centréis en una cosa, unos en sobrevivir y otros en hacer vuestra impagable función sanitaria. Sois unos seres humanos excepcionales y maravillosos y tenéis que dar lo mejor de vosotros, con toda su dureza en estos momentos. El allanar el camino, dejárnoslo a los demás.

Los momentos como este exigen liderazgo. No sólo de instituciones, que lo dejo aparte, sino de personas normales, de a pie. Estoy orgulloso y, se me ponen los pelos de punta, cuando veo a miles y miles asumir esos micro liderazgos y ser capaces de escalarlos y de una iniciativa pequeña sumar a cientos de miles. Y todo con el mismo fin, abrir el camino para que los que están en un hospital estén centrados sólo en eso.

A los que estáis luchando contra la muerte, os digo una cosa. Lo peor no es morir, todos lo haremos, lo realmente duro es dejar de vivir. No podéis perder la esperanza. Pensar en todos los que tenéis que os quieren, que os necesitan. No desfallezcáis. El cuerpo tiene mecanismos que no conocemos aún. Vuestra actitud, vuestra determinación, vuestra confianza en que vais a salir de esta activará esos mecanismos. Será más fácil. No os rindáis por favor. No os rindáis.

A los que estáis en primera línea, cuidando de los nuestros, os lo repito, no estáis solos. Si necesitáis comprobarlo gritad y veréis el eco que vais a recibir. No son aplausos a las 8 o sirenas a las 10. Tenéis a todo el ejército de hormigas detrás y no vamos a irnos, pase lo que pase, caiga quien caiga.

La admiración, reconocimiento y gratitud serán infinitos. Nuestro apoyo llegará más lejos si hace falta.

Todo esto pasará y llegará el día después. Lo sabemos, lo tenemos claro. Pero no desviemos el foco. El foco es hoy es ahora. Que nadie se relaje. Toca luchar, luchemos.

#noosrindais #estamosjuntos #impossibleisnothing

miércoles, 18 de marzo de 2020

Un noche tuve un sueño


Una noche tuve un sueño. No fue un sueño agradable. Era una pesadilla surrealista.

Quizás consumir series o cine había hecho mella en mí. De repente el mundo se volvía un lugar hostil. Una epidemia arrasaba el Estado de Bienestar en el que había vivido desde que nací y nos ponía a todos en modo alerta.

Era absurdo. No podía salir de mi casa, ni ver a mis amigos, ni siquiera acercarme mucho a mi familia. Hasta tenía que pedir a mi hermana que cancelara la fiesta de cumpleaños.

El trabajo se hacía complicado. Niños en casa asistiendo al cole online mientras mi mundo laboral se convertía en un sinfín de reuniones telefónicas. ¿No querías teletrabajo? Pues toma 50 tazas. La gente que tenía que ir físicamente a trabajar se exponía mucho más, por lo que no me podía quejar.

No dejaba de dar vueltas en la cama...

Ir a la compra era una aventura. Primero el ejército, sí, el ejército, podía pararte para preguntar a donde ibas y se lo tenías que explicar. Si les convencías podías llegar al supermercado, donde todo el mundo se miraba desconfiado entre mascarillas y guantes. Pasar cerca de alguien generaba más tensión que la reunión de primos en El Padrino.

Pasear por la calle no era una opción. A lo mejor con el perro (no tengo) y a una distancia corta de tu casa. La cosa era muy seria y cualquier contacto cercano podía suponer un contagio inminente.

Era agobiante...hasta la almohada parecía un bicho con patas...

Los hospitales eran zona de guerra. Los médicos, sanitarios, etc, eran primera línea de un frente gigante y de la lucha contra un enemigo desconocido. De repente, el sistema Sanitario modélico que teníamos donde vivía, se había colapsado y se necesitaba más que nunca arrimar el hombro y ser responsable. La Sanidad y toda la gente que colaboraba con ella, se convertían en verdaderos héroes, aún a costa de muchas bajas.

Menuda pesadilla…

El amor era prohibido. Multitud de parejas separadas, reconociéndose a través de una pantalla. Nada de piel, nada de brillo en los ojos. Nada de contacto. Era como la película de Ghost cuando tenía a su chica delante pero no podía tocarla. Igual con las familias, padres, hermanos. Era muy triste verlos y no palparlos. Sentirlos y no abrazarlos. Querer era virtual. Desgarrador, desmoralizador.

Seguía dando vueltas en la cama…

Era un momento muy oscuro. Como en las series de zombies. Siempre gris. Siempre frío. Sin apenas esperanza. Las bajas se incrementaban. Ni siquiera podías despedirte. Todo el mundo tenía a alguien en una situación grave. No había estado en una batalla de esas de las pelis, pero se le parecía bastante.

Un callejón sin salida…

Pero sí había una salida. Siempre la hay. Imagino que os ha pasado estar en ese tipo de sueños agobiantes y poder decidir, <<pues ahora no voy por aquí>>. O <<si me he muerto, resucito>>. ¿Sabéis de lo que hablo?

Pues esa noche, es ese sueño, decidí tomar las riendas. No podía rebobinar, pero sí podía cambiarlo hacia adelante.

Primero, pinté el paisaje colorido. Nada de gris. Sol, flores, mar, pájaros…el mundo que yo conocía. No se había acabado, estaba ahí. Un arcoíris inmenso recorría el firmamento.

Después decidí que la cárcel acabaría. Vale, no podía salir de casa, pero eh, esto era una epidemia y como no podía borrarla sí podía vencerla. Confinado, lejos de personas con las que me moriría por estar un segundo, pero aguantaría. Ese segundo llegaría, tarde o temprano. No tenía dudas. La clausura sería física, pero no mental ni emocional. De esta, iba a salir.

El sueño iba haciéndose más agradable, simplemente con reconducirlo en mi cabeza…

No acababa ahí. Decidí que había que ser solidario con quien se estaba exponiendo por el bien de todos. Aquellos que trabajaban para llevar, limpiar, transportar, vigilar, cuidar, curar y un sinfín de cosas necesarias. Se la jugaban por mí y me pedían una sola cosa: aguanta. Así que, ya podía esta plaga venir a por mí, que no pensaba rendirme.

Y en el sueño me fui encontrando muy fuerte…la imaginación rompía este maleficio y era como si la poción mágica de Asterix me insuflara un chute de energía….

Pero había más. Decidí que era un afortunado. Tenía herramientas para ver a mi gente. Para casi tocarlos. Para casi abrazar, besar. No lo valoraba y caí en ello. La tecnología, futo de un trabajo descomunal de mucha gente, me lo ponía muy fácil ahora. Me humanizaba.

Recordaba cuando mi tio abuelo se pasaba todos los días 4 horas en burro en la Alpujarra para ir a ver a la chica que le gustaba, montaña arriba, montaña abajo. Eso era duro. No podía quejarme.

La pesadilla iba desapareciendo…

Decidí que en mi sueño no podía haber tristeza. Por muchas ganas de llorar que tuviera, tenía que esforzarme en repartir alegría. A través de un monitor o cuando me acercaba a comprar algo, con la persona que me atendía. Tenía que transmitir esperanza. Tenía la suerte de decir a los demás que sí había un mundo de colores un poquito más allá. Habría un día después.

La pesadilla se fue cabreando…estaba cerca del jaque mate.

Y además tenía que vivir. Que seguir exprimiendo cada segundo. No era un encierro voluntario, pero estaba vivo. Tenía muchas cosas y debía prepárame para el minuto siguiente. Disfrutarlo, saborearlo y así llegaría el día de la liberación. No podía recular. No podía dudar. La vida es maravillosa. Dejar de vivir en vida es la peor prisión. No estaba dispuesto.

Entonces la pesadilla se rindió y mi sueño, bonito y relajante llegó. Al día siguiente tendría resaca, y sería dura. Las agujetas iban a ser de órdago. Pensaba que era un símil a que la pesadilla hubiera triunfado y la histeria y el colapso económico y social hubieran triunfado. Menos mal que no era así.

La decisión de mantenerme vivo, de reconducir ese mal sueño...de explotar cada trocito de día, de convertirlo en una fiesta... esa decisión, lo había cambiado todo. Me había abierto los ojos de lo privilegiado que soy en este momento, en este lugar y el valor que tiene ser libre.

La resaca duró. Os aseguro que durará. Mientras tengamos actitud y determinación sólo será un mal rato. Juntos será más fácil. Saldrá el sol.

Nunca dejes de vivir, ni de soñar.

#impossibleisnothing #quédateencasa




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