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Mostrando entradas de enero, 2016

Motívame otra vez

Los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren. Para los que hicimos la EGB, por allá por la prehistoria, y teníamos “ciencias naturales”, este era uno de los dogmas. Explicaba, en resumen y desde el punto de vista biológico, lo que somos cada uno de nosotros. Nuestra naturaleza más simple. No sólo biológicamente, sino que también en cierta medida, este dogma condiciona el comportamiento social. Esta frase nos marca mucho, sobre todo en los países “desarrollados”. Eso sí, sí sólo nos limitáramos a esto, sería un rollo. La rutina nos mataría, incluso en la parte más divertida (malpensad@s). El ser humano necesita algo más que lo que le marca su propia naturaleza. Ahí entra lo emocional y trascendente…Hay que alimentar el alma. Necesitamos encontrar retos, aventuras, novedades, cosas que nos motiven, que nos hagan sentirnos vivos. Incluso en los casos de personas que vemos frías como el hielo. Incluso ahí, aún a bajo cero, se necesitan motivaciones. Y aquí entra

Divide y perderás

Divide et impera, divide y vencerás, Esta es una frase que casi todos aprendemos de niños. No me acuerdo bien del contexto en el que surgió la primera vez, si en el cole, por el deporte, con los amigos. El caso es que un día alguien la dice. Se nos queda el poso. Es una máxima Histórica. Su origen es griego aunque como casi todo lo de la Grecia Clásica fue fagocitado por los romanos, en este caso por Julio César, que la utilizó como frase de cabecera para tener controladas a las tribus latinas. Luego llegó Napoleón, gran estratega, y le sacó su correspondiente partido, que es quien la puso de moda. Pero vamos, en la Historia hay múltiples ejemplos de esto. Un hábil manipulador y divisor era Gengis Khan, padre de uno de los mayores imperios jamás existidos, que basaba sus conquistas en alentar la división entre vecinos y una vez se habían destruido entre ellos llegaba y con un mínimo esfuerzo obtenía todo el botín. Divide y vencerás... Si lo vemos desde la

Volver a empezar

El reloj no se para. 31 de Diciembre o 1 de Enero da igual, es un día más. No hay diferencia en el  camino de la vida, sólo 24 horas y tal vez una fiesta. Pero en nuestra cabeza y corazón sí existe esa diferencia. Inconscientemente o empujados por la inercia del planeta si lo vivimos durante unas horas, al menos como un cierre de ciclo y comienzo de otro. Sí que durante una milésima de segundos vemos la oportunidad de "renacer" a una nueva etapa. De un "volver a empezar". Es esa milésima la que tenemos que aprovechar que nos llene de fuerza y energía para cambiar aquello que normalmente no somos capaces. Por tiempo, por coste (del tipo que sea), por el "qué dirán" y por un sinfín de excusas, no nos atrevemos a dar el pasito hacia adelante. Pero durante ese instante sí nos vemos capaces. Sí se nos pasa por la cabeza "esto si, esto no", etc. A todos.  Es la gran oportunidad que mágicamente surge entre el 31 de Diciembre y el 1 de