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jueves, 8 de febrero de 2018

Influencers y liderazgo

Voy a ser muy original: no se puede caer bien a todo el mundo ni todo el mundo estará siempre de acuerdo con vosotros. He descubierto la penicilina.

Partiendo de esa base, sí existen ciertas personas que generan respeto, admiración y se convierten en líderes, a veces sin quererlo, de opinión. No tienen el 100% de la admiración ni generan el 100% del consenso, pero sí lo tienen de un número suficientemente grande de “seguidores”.

Ni Jesús, ni Gandhi, ni Mandela, ni Mozart, ni Leonardo, ni ningún personaje de dimensión histórica, genera unanimidad. Y mucho menos lo hace en su tiempo. Siempre ha sido difícil que a uno le reconozcan sus méritos cuando aún está de “cuerpo presente”.

Lo cierto es que, sin esa unanimidad, existen personas que tomamos como referentes. ¿Por qué pasa? Desde mi punto de vista está claro, lo incontestable son los hechos. Las cosas que uno hace lo definen, para bien o para mal, y son las que tarde o temprano se hacen visibles.

En todos los casos mencionados hicieron algo que nos genera admiración y que incluso nos inspira. Fueron capaces de, con esfuerzo, remar contra corriente y cumplir objetivos vitales en la Historia del hombre. Sin sus actos de lucha, hubieran pasado desapercibidos, hoy no sabríamos de ellos.

Claro, en el pasado tenemos que fiarnos de que las cosas sucedieron porque hay una documentación histórica que así lo atestigua. Y si no fuera así, porque ha habido un mensaje, transmitido durante generaciones y que haya perdurado. Igualmente sería un mensaje referido a hechos. Sin hechos no hay influencia que se mantenga.

Hoy día la cosa ha cambiado un poco. La premisa de los hechos se mantiene. Sin embargo, el impacto mediático de un personaje y como se desenvuelva en redes sociales, puede mantenerlo con influencia de manera “artificial”. Las herramientas actuales permiten “manipular” a la masa y convencernos de que alguien es quien dice ser, aunque no haya hechos que lo atestigüen. Igualmente, tantos ojos mirando, pueden rebajar a un personaje del Olimpo al Infierno en un suspiro. Es el nuevo mundo.

Y es que somos humanos y el contexto, las circunstancias, el efecto dominó…hacen mucho. El problema es que a veces esa notoriedad la tienen personas sin el grado de madurez o formación necesarios para asimilar todo lo que les llega, y luego aparece el problema. Al final, el tiempo y los hechos ponen cada cosa en su sitio y la caída puede ser dura.

En la jerga moderna, a las personas que se convierten en “líderes” de opinión, se las llama “influencers”. Pueden condicionar comportamientos y hábitos, y tienen un grado de persuasión muy suculento comercialmente hablando.

Algunas de esas personas, que además sacan un rendimiento económico del tema, pueden caer en una burbuja de la que es difícil escapar. Sus vidas se exponen públicamente, entrelazando la privacidad y su actividad de prescriptores y, en muchos casos, creando personajes con los que se acaban mimetizando, mezclando realidad y ficción. Esos personajes son temporalmente respetados y admirados, pero de manera artificial, pendiendo de un hilo…

Por supuesto que se lo trabajan en cuanto a mantener su historia e incrementar su “influencia”. Su capacidad de Relaciones Públicas se magnifica a través del social media. Es ahí donde creo que deben tener cuidado porque se puede convertir en un arma de doble filo.

Son personas igual que el resto. Personas que crean personajes interesantes para identificar a productos y servicios y por tanto para ser imagen de sus campañas comerciales. Se paga una pasta o se les da un “empowerment”. Ese empoderamiento se puede convertir en una obsesión e incluso en un fraude. 

Lo cierto es que el nuevo mundo digital permite segmentar mejor a los perfiles de personas. Todas nuestras vidas son mucho más públicas, de una u otra manera. Y aunque seamos únicos se nos puede agrupar en "segmentos" o grupos con comportamientos parecidos en un ámbito, por ejemplo a la hora de comprar moda. 

Y para cada segmento de perfiles existen esos líderes de opinión que son capaces de convencer. ¿Eso es positivo o es negativo?: Depende. 

Lo cierto es que es importante que entendamos, desde pequeñitos, que el liderazgo de opinión, ya sea adquirido de manera natural como construido, conlleva una gran responsabilidad y debe ser aplicado con honestidad, sobre todo con uno mismo. Quizás es un valor a enfatizar en los nuevos modelos de enseñanza. Recordar que se enseña en el cole y se educa en casa.

Lo de que para cada roto existe un descosido y para cada grupo de perfiles un influencer no es nuevo. Las revistas de todo tipo, fundamentalmente del corazón, ya nos mostraban a personajes populares que se acababan convirtiendo en referentes de moda o en líderes de opinión, cada uno con su público, en función de la audiencia del medio. La diferencia está en que ahora eso se democratiza y, por ejemplo, un youtuber se puede convertir en estrella mediática en horas, y luego se lo traga la tierra y luego vuelve en instragram, etc. Este nuevo canal de la red produce “celebrities” temporales. Y todo muy rápido.

Imaginaros, es como convertirse en estrella del rock de la noche a la mañana. Insisto que los hechos son la clave, si no los hay al final habrá una caída dura.

La gestión de esa capacidad de influencia es clave.
Algunos se rodean de equipos profesionales de personas (manager, asesores de imagen, relaciones públicas, etc). Otros no, lo gestionan todo ellos y su entorno más cercano y se cometen muchos errores. En algunos casos esos profesionales que saben de lo efímero del tema, quieren explotarlo al máximo llevando a esas personas al límite. En otros casos es el propio entorno quien lo hace.

Y la vida de esos youtubers, instagramers, twitstars, etc se convierte en una locura. Otras, en un infierno. Otras, por fortuna, acaban consolidando a personajes con méritos que los avalan y generan esa confianza. Hay una norma básica que no debería sobrepasarse: Humildad

Estos días he visto algunos titulares que me han llamado la atención. Alguno habla de personajes que llegan a un restaurante de xx estrellas Michelín y se descuelgan con que o te invita a comer o hacen un mal comentario en redes sociales. Eso en mi pueblo se llama “chantaje”. Un chantaje que está de moda y que puede llevar a explosionar la burbuja. Perjudica a todos los influencers y ellos mismos deberían luchar contra ello.

Está claro que es urgente una buena regulación al respecto, no sólo del poder de las opiniones en redes sociales, sino de la gran laguna que está generando la nueva economía colaborativa. Como simpre la sociedad va por delante. Se trata de buscar lo mejor para el interés de todos. Peor claro, los políticos y su realidad.

Insisto, la explosión de la tecnología es maravillosa y nos tiene que ayudar a ser mejores y crear un mundo mejor. Pero no olvidemos nuestra condición de personas. Personas que piensan, sienten, se emocionan y que creen en unos valores. No debemos traicionarnos ni dejarnos superar por éxitos temporales, mejor convertirlos en sostenibles.

Cabeza y no engañarse.

#impossibleisnothing


martes, 16 de enero de 2018

Esta es mi generación

A mi generación se la llamó Generación X. Somos los hijos de la Democracia, somos aquellos nacidos en los 70. Vivimos, pero no lo recordamos, los acontecimientos políticos más importantes de nuestro país desde la cruel Guerra Civil. Algunos tenemos un vago recuerdo del 23F y de los dibujos animados de aquella noche. Ninguno entendíamos en aquel momento que los acontecimientos de esa década posibilitaron que seamos lo que somos hoy, ciudadanos de un país libre, con recorrido de mejora, pero en el que podemos fraguarnos un futuro y ser personas plenas.

Soy hijo de la EGB, del baby boom y de los "numerus clausus” para entrar en la facultad. En mi tiempo me costó un 7,1 de nota media el acceso a Empresariales en la “Complu”. Para Aeronáuticos o Teleco rondaba el 9. Matemáticas e Informática eran “marías” sin salida. Hoy son la base del mundo algorítmico que facilita nuestras vidas.

Soy hijo de los partidos de fútbol chapa, de jugar a las canicas, al churro al rescate y de ir con un balón a todas partes. Conocí el VHF y la tele en blanco y negro. Era emocionante sentarse delante de la tele todos juntos para ver el 1,2,3… También conocí los recreativos y fui afortunado de tener un Spectrum.

Mi música es la de los 90. Por tanto, soy heredero del Dance, Pop, Heavy… No disfruté la música en vivo de los 80 pero sonaba en mi época como himnos de, aquellos que se atrevieron a romper esquemas unos años antes. Por supuesto pleno respeto y admiración, aunque alguno se pasó de vueltas con lo que rodeaba a aquella explosión de vida sin tabúes.

Mis viajes familiares eran en un R-18 “ranchera” en el que iba en el maletero, junto con el cargamento de maletas y el perro. Los atascos eran atascos y la alternativa era un tren que tardaba el doble. El avión era un lujo inalcanzable y los viajes eran una aventura arriesgada.

Fumar y tomar “pirulas” era la moda nocturna. Mucha gente se quedó por el camino por esa lacra. La apertura trajo descontrol, de una minoría, pero contagioso. Afortunadamente la educación de nuestros padres nos salvó. La cabeza se impuso, y muchos de nosotros entendimos entonces el valor de lo construido por nuestros antepasados.

Nuestro país, en un momento en que todavía había algunos políticos que miraban por el bien común, nos facilitó que pudiéramos estudiar, incluso con pocos recursos. El sentido de construcción de algo nuevo que tenían nuestros padres y abuelos nos convirtió en personas capaz de convivir con los demás, escucharlos, quererlos aun no estando de acuerdo con ellos y nunca cerrarse en banda. La deuda con ellos es infinita. Con mucho esfuerzo y tragándose sapos y culebras más de una vez, nos dieron herramientas para sustituir la diferencia por la tolerancia, el odio por el respeto y la discrepancia por la aceptación. Y os digo una cosa, jamás se quejaron en una red social.

Somos la generación X. Los cuarentones de hoy, que ahora entendemos el excesivo cuidado que tenían nuestras madres con nosotros, repitiendo 30 veces lo mismo con paciencia oriental. Esas madres que te preguntaban si querías más después de haberte comido dos platos de cocido y contestaras lo que contestaras te llovía otro cazo.

Somos los que nos toca poner la velocidad de crucero y hacer que todo el entorno se mueva con nosotros. Somos el espejo de los pequeños y la esperanza de los mayores. Hoy nos toca a nosotros seguir aquello que iniciaron los que nos enseñaron a caminar por este maravilloso planeta. Y tenemos una misión: mejorarlo.

Somos responsables de ser ejemplo para los que vienen. Detrás hay una generación, los famosos “millenials”, maravillosa. Preparada, inquieta, implicada, con ideas claras y con la precipitación de su edad. Necesitamos entenderlos y que nos entiendan. Necesitamos que no se rindan cuando viene tormenta y que sean capaces de reaccionar, no sólo tumbados en un sofá protestando por todo en una red social, sino moviendo el culo. Afortunadamente la mayoría lo hace, les queda contagiar a unos pocos. Tenemos que "engancharlos" y confiar. Acompañarles y transformarnos con ellos. Si sólo los vemos como "los niños caprichosos del botellón" nos estamos perdiendo a la generación que puede cambiar, a mejor, los paradigmas que nos impiden avanzar más. Hay que escucharles.

Asistimos a la mayor revolución tecnológica de la Historia de la Humanidad. Probablemente no conlleve, de momento, implicaciones geopolíticas que tuvieron las Revoluciones Industriales ni la repercusión social de aquellas, pero sí trae una apertura de oportunidades en el medio plazo que nos es difícil imaginar. La tecnología es un aliado, debe serlo, un aliado fiel que hemos de saber gestionar. Si lo hacemos sin convertirlo en un arma de doble filo, daremos un paso de gigante en nuestra vida de comunidad.

Tenemos las condiciones ambientales, la materia prima, el ecosistema necesario y el aprendizaje de décadas para construir una sociedad mejor. Cada generación es necesaria y debe estar motivada. No podemos tener jóvenes con la luz apagada ni mayores sin ganas de disfrutar lo conseguido. Nuestro deber es ser conductores de alegría, de esperanza, de paz…de amor.

El ser humano lo es porque duda. Si no lo hiciéramos nunca hubiéramos llegado hasta aquí. A pesar del avance como sociedad e individuos que forman parte de ella en los últimos 40 años, hemos de continuar mejorando y preguntándonos el por qué. En los momentos de bloqueo sólo cabe determinación. Hay que pararse a pensar en lo que aprendimos de los que vinieron antes y como nos empujaron para llegar hasta aquí, y hacerlo. No vale con utilizar las nuevas armas protesta que son las redes sociales. Hay que hacer, sí, hacer. Tomar decisiones y ejecutarlas. Una sociedad como la nuestra no puede permitirse bloqueos mentales ni parálisis por contagio. Las nuevas generaciones deben grabárselo a fuego, las vidas son hechos… ¡hechos!

Cuando se pierde la esperanza llega el momento de coger aire y reconstruir. La envidia, la desconfianza, la tristeza, la desesperación…no ayudan. No llegamos hasta aquí sin haber regateado todo eso más de una vez. No deberíamos pararnos en ello como un callejón sin salida ahora. Estamos en el momento de acelerar, de transformar la sociedad y mejorarla, sin complejos, con respeto, en paz…Hay que tener altura de miras y no altura de egos. Estamos en la mejor casilla del tablero que hemos estado nunca. Podemos hacerlo.

Esta es mi generación. Es la que no quiero ver lamentándose. La que quiero que sea ejemplo y que luche, que nunca se rinda. La que transmita valores, la que transmita que para vencernos hay que sufrir mucho. La que se lo cree y la que lo hace, sin necesidad de tertulianos de sofá.

Esa es mi generación. Sé que sigue ahí… ¡a numerarse!

#impossibleisnothing


martes, 19 de diciembre de 2017

La importancia de decidir

Tomar decisiones es una de las cosas más difíciles que hay. Muchas veces, además de difícil, es duro por las implicaciones que tiene. Sin duda actuar con coherencia y sin traicionarnos a nosotros mismos suele ser una buena guía.

Una vez tomada una decisión no hay que darle más vueltas. Hay que mirar hacia adelante, ejecutando de la mejor manera posible. Esto es fácil decirlo, pero muy complicado de. Y no es algo exclusivo de alguien con mucha responsabilidad, aplica a todos, cada uno en su entorno y de una manera muy recurrente en el tiempo.

Es difícil saber qué es “lo justo” a la hora de decidir. Lo que uno puede considerar justo, otro puede no verlo así. Ni siquiera cuando haya acuerdos previos entre las partes. Es decir, puede haber leyes que regulen determinadas cosas y a las que las partes deciden someterse, pero la decisión final puede no considerarse justa, aunque lo diga una ley.

Sin embargo, las leyes son fruto de la voluntad de una comunidad de personas por convivir y vivir en paz y armonía, respetando los derechos de todos y con el dsprincipio de que nadie está exento de cumplirlas. Si uno es fumador, por ejemplo, puede molestarle la ley antitabaco, pero debe respetar la voluntad mayoritaria de los que se otorgan esa ley. Habrá otras que le gusten más y la percepción sea la contraria.

La importancia de las decisiones que se toman, por pequeñas que parezcan, es clave en la Historia de la Humanidad. Pequeños detalles condicionaron nuestro futuro o el de millones de personas.

Dicen las crónicas que un general sugirió a Hitler que el desembarco aliado (sabían que se iba a producir) sería en Normandía. Hitler lo creyó así también, pero el resto de generales le aconsejaron que, por razones orográficas y de proximidad, era mejor proteger de una manera más fuerte la costa más oriental, East Anglia. Hitler decidió, y movilizó el grueso de su ejército hasta esta segunda posición. Afortunadamente para el mundo se equivocó y el desembarco se produjo por donde inicialmente había previsto. El resto de la historia ya la conocemos.

Cuentan los diarios de Navegación que Cristobal Colón pensaba que viajando hacia el Oeste acabaría topando con “Las Indias orientales” (Catay y Cipango o China y Japón). Convencido de que La Tierra era redonda, confundió los cálculos y pensó que viajando hacia Occidente acabaría llegando a Oriente. Pensó que lo haría en menos tiempo del que finalmente transcurrió. Después de partir un 3 de agosto del puerto de Palos y con una escala de casi un mes en La Gomera, iniciaron viaje a “Las Indias”. El 25 de septiembre hubo un falso avistamiento de tierra, probablemente el subconsciente traicionó a Martín Alonso Pinzón, confundiendo las nubes en el horizonte con montañas. El 8 de octubre hubo una pequeña rebelión a bordo y el 9 de Octubre Colón tomó la decisión de que avanzarían durante tres días más y si no llegaban a tierra darían la vuelta. En la madrugada del 12 de octubre de 1492 Colón dijo ver una lucecilla que se movía en la oscuridad. Con el avance de la noche y la primera entrada de luz del día, Rodrigo de Triana, marinero de la Pinta, dio el aviso de tierra. Sin duda nunca supieron lo trascendente de esa decisión de esperar sólo tres días más.

Hablan los libros de empresa que un empresario japonés llamado Konosuke Matsushita fundó en 1918 una Compañía llamada “Fábrica de aparatos electrónicos Matsushita”, que desarrolló marcas tan potentes como Panasonic. Un desarrollo empresarial que contribuyó al milagro económico de Japón, un país que apenas estaba saliendo de su etapa de Samuráis (1860).  En el año 1929, cuando la Gran Depresión generaba estragos económicos en todo el mundo, la empresa ya tenía un tamaño considerable y miles de empleados. Para combatir la crisis se instaló la cultura de hacer despidos masivos. Matsushita, desoyendo las recomendaciones de sus consejeros, reunió al grueso de empleados de la fábrica y les explicó lo que pasaba y cómo su staff directivo recomendaba despidos masivos. Él tomó la decisión de no despedir a nadie y mantener los sueldos, con la condición de que cada empleado trajera un cliente nuevo. Y así fue, no hubo drama y la empresa creció. Es uno de los ejemplos que se enseñan en las facultades sobre la gestión de los recursos.

Cuenta el hijo de Luis Aragonés, extraordinario jugador y entrenador de la Selección Española de fútbol campeona de Europa en 2008 y 2012 y campeona del Mundo en 2010 que, en septiembre de 2006, después de una eliminación desastrosa del equipo Nacional en el Mundial de Alemania, su padre decidió dimitir. Los medios de comunicación hacían críticas feroces hacia él y la presión era inaguantable. Sin embargo, una conversación con su hijo le hizo cambiar de idea.

La historia la relata el hijo del propio Aragonés, que explica que “fui a comer a casa y me encontré a mi padre sentado en el sofá, hundido. “Tengo que dimitir”, me dijo”.

A partir de aquel momento, su hijo intentó convencerle de que cambiara de opinión. Le reforzó en su decisión, firme por parte de Luis, de prescindir de Raúl y de dar el poder de la selección a Casillas, Puyol, Xavi, Iniesta, Villa y Torres, que debían ser los líderes de la nueva filosofía de juego que quería imponer.

“A sus hijos, Luis nos inculcó que teníamos que luchar, luchar y luchar. Y eso es lo que yo le recordé durante aquella conversación. Le dije que no hiciera caso de los medios, que no eran quién para dar lecciones a una persona con cuarenta años de experiencia. Mi padre acabó llorando. Y eso que sólo lloró tres veces en toda su vida”, asegura el hijo del fallecido ex seleccionador nacional. (Mundo Deportivo, 31 de marzo de 2016).

Sin duda esa decisión nos hizo muy felices a muchos. Gracias D. Luis.

Todos estos ejemplos e infinitos de cada uno nos demuestran el poder de las decisiones y las consecuencias que tienen. Es la teoría del efecto mariposa, un pequeño aleteo de este insecto en una parte del mundo puede acabar provocando un huracán en la otra punta. Todo tiene unas consecuencias.

El 21 de diciembre de 2017, se celebran unas elecciones muy importantes en la tierra en que nací, Cataluña. Son unas elecciones autonómicas, pero el trasfondo es mucho mayor y sus implicaciones más profundas.

Cataluña es una Comunidad Autónoma de España, con una idiosincrasia muy particular y lugar de acogida de emigrantes durante décadas. Su afección a España (y sus reticencias) siempre han estado allí. Durante siglos intentó configurar una identidad nacional propia. Dicha identidad nunca existió como tal, fruto de la singularidad de todos esos flujos migratorios y de su cercanía, en todos los sentidos, con territorios con una identidad nacional mayor, España.

Cataluña nunca fue una nación, aunque es innegable el sentimiento nacional de una parte relevante de su población. Igualmente es innegable el sentimiento nacional de ámbito mayor, España, de la mayoría de su pueblo.

En nuestro país, tras la cruel Guerra Civil y una dictadura de 40 años, personas de ideologías muy diferentes, todas con pecados en sus espaldas, decidieron algo insólito: ponerse de acuerdo. De esta manera fueron capaces de construir un marco de convivencia para todos, para que no volviera a pasar lo que había pasado en los últimos 200 años, de conflicto tras conflicto y dictadura tras dictadura. Y se construyó la piedra de la democracia.

Fue una construcción exprés, con una generosidad que emociona, por parte de todos. Probablemente se hizo lo mejor que se podía hacer en ese momento y que hoy sería claramente mejorable, pero se hizo con un sentimiento común, convivir juntos.

Y eso ha funcionado y funciona. Mi generación es hija de la Democracia y tiene una deuda impagable con nuestros padres y abuelos por el ejercicio de reconciliación, duro muchas veces, que hicieron por el bien común. Nuestros hijos jamás entenderán todo lo que pequeñas decisiones significaron para lo que somos hoy. Creo que no es discutible que estamos en el mejor momento de nuestra Historia, con muchísimo por reformar, transformar y mejorar, pero con un grado de libertad que nuestros antepasados jamás soñaron.

Todo esto no debe desterrar las aspiraciones lícitas de colectivos. Esas aspiraciones deberían ser siempre canalizadas a través del marco de convivencia que hace que disfrutemos de todo lo expuesto. Pero sabemos que no ha sido así. Por la mala gestión de gobiernos y por el ego de personas.

Sabemos que en Cataluña no ha sido así.

Y el día 21 nos encontramos ante una gran encrucijada, una decisión de esas, que parece insignificante, pero que cambiará nuestras vidas y la de nuestros descendientes para siempre. No es baladí, es muy importante.

Todas las posiciones, defendidas desde el respeto y la aceptación del otro, deben ser válidas. Y por eso todos los implicados pueden ser representados, todo el mundo tiene derecho a votar y votar a quien quiera. Pensar de dónde venimos y el logro que eso supone.

Es más, se puede votar algo rupturista, como es que hubieran una abrumadora mayoría de personas que quisieran poner en marcha un Estado propio, distinto a España. Si eso fuera así, debería respetarse, pero dentro de los cauces legales, sin menoscabar los derechos de nadie.

Pero me hago una reflexión. ¿Cuál sería el beneficio? La reivindicación está muy ligada a la economía. Mucha gente piensa, hablemos claro, que es injusto contribuir a una solidaridad común en la que obtiene premio regiones que no se esfuerzan tanto. Se podría ver en términos de meritocracia económica. Según su visión hay regiones que están subsidiando a otras permanentemente, por encima de lo que sería justo dentro de un mecanismo de solidaridad interterritorial. Es un sentimiento nacional muy aferrado en descendientes de inmigrantes y unido a lo económico. Y por supuesto es respetable.

Pero hay un matiz. La solidaridad interterritorial hay que medirla en un período de tiempo. Si nos ceñimos a los últimos 20 años probablemente tengan razón. Si nos ceñimos a los últimos 100 probablemente salgan perdiendo (aunque en este caso serían sus antepasados los que seguramente habrían vivido en las regiones “ricas” en recursos de aquellos momentos). Es decir, el espacio temporal condiciona y también la comparativa con otros contribuyentes a esa solidaridad, ya que Cataluña no es la única Comunidad que aporta.

Incluso habría que ver el retorno real en términos indirectos, no sólo de inversión directa, sino de efectos “secundarios”. Por ejemplo, si hay una AVE hasta París, probablemente lleve más turistas a Cataluña, o si hay una pertenencia a un mercado Común puede haber organismos supranacionales que se beneficien de un emplazamiento tan interesante como Barcelona. El retorno tiene intangibles, que no se han puesto de manifiesto en esas reivindicaciones.
Voy más allá, aparte de un efecto económico probablemente adverso en el corto/medio plazo y una estabilización en el largo (¿10 años? ¿20?), ¿cuál será el beneficio de una separación y no contribuir a esa solidaridad interterritorial? Probablemente incremente la gestión autónoma de los recursos un 5-10% anual, es decir, 10-20 mil millones más de recursos que emplear. Pero es probable que el deterioro por la salida de la Unión Europea, por la imposición de fronteras, por la disminución de las exportaciones, por el descenso de capital humano cualificado, por las restricciones de capital, por la capacidad crediticia recortada y por infinitos parámetros más afecte negativamente y esos 10-20 mil millones que se ganaran con la independencia se conviertan en negativos, lo que supone empobrecimiento. Por no hablar de la desconfianza y la salida de entes empresariales y de producción.

¿Y si quitamos lo económico? ¿Qué otros “beneficios”, si es que lo económico lo fuera, trae la separación? Pues sinceramente no los veo. Al final se consumirá jamón serrano igual, se cantará música de los 80, se tendrán orígenes en lugares de España a los que hará falta ir con visado, se querrá jugar en La Liga y probablemente la diferencia sea que haya una selección catalana de fútbol que será poco competitiva. ¿Qué cambiaría?

Todos los que tenéis derecho a voto decidís. Yo soy catalán de nacimiento, pero vivo en Madrid. Probablemente en todos los procesos que se plantean y se replantean jamás pueda votar sobre si quiero que me quiten mi nacionalidad española o no. Es curioso, pero las decisiones “simples” de cada uno de los que voten puede condicionarme a mí y a los míos.

Sólo os pido a los que decís que no queréis la separación, pero estáis enfadados porque hubo una mala gestión de un hecho concreto (1 de octubre) y que daría para horas y horas de debate, que toméis la decisión pensando que tiene consecuencias. Consecuencias que hoy nos pueden sonar románticas o incluso como “dar una lección” a alguien, pero que en el fondo nos afectarán a todos para siempre.

No creo en las divisiones.


#impossibleisnothing

martes, 12 de diciembre de 2017

Saber comunicar: la clave del éxito

Cuenta la leyenda que El Cid Campeador ganó una batalla ya muerto, cuando sus incondicionales decidieron atarle al caballo y mostrarlo al enemigo, pareciendo que dirigía a su ejército. Esto desconcertó a las tropas árabes en el sitio de Valencia donde Ben Yusuf había dado orden de hacer correr la voz entre sus tropas de que Rodrigo Díaz de Vivar había muerto en el combate del día anterior.

Cuentan los libros de Historia que Martin Luther King dijo una vez “I have a dream” ante 25.000 personas y ese mensaje, en un discurso que alineaba deseos y realidades y que estaba perfectamente estructurado en el tiempo (pasado, presente y futuro), consiguió movilizar a la sociedad americana y superar el generalizado conflicto racial que había en Estados Unidos.

Cuenta la fe que un “revolucionario”, Jesús de Nazaret, anduvo por Oriente Medio hace veinte siglos y fue capaz de cambiar el estatus quo de todo un imperio, como el romano, con sus dotes de comunicación y la red de distribución de su mensaje. Un mensaje de Amor, inusual en aquellos tiempos, que caló entre los sectores más desfavorecidos de la población.

Cuentan las crónicas deportivas que un tal “barrilete cósmico” doblegó a toda una Selección Inglesa gracias a la “mano de Dios”, hecho que sigue aún hoy en nuestras retinas y resuena en nuestros oídos gracias a la imagen ofrecida por TV y a la narración inolvidable de Víctor Hugo Morales, el periodista que puso alma a tan maravilloso espectáculo.

Cuentan los mercados financieros que cuando algún dirigente de renombre o responsable de un área macroeconómica habla, las Bolsas del mundo reaccionan. Por ejemplo, Mario Draghi con su famoso anuncio de los estímulos monetarios con la compra de Deuda Pública por parte del Banco Central Europeo. Ese día las Bolsas se dispararon.

Cuentan en Hollywood que cuando el bueno de la peli hace el discurso adecuado, cambia la dinámica de todos los de su alrededor. Gladiator, Brave Heart, Los 300, Un Domingo Cualquiera...

Todo esto tiene un nexo común. Es el poder de la comunicación, en su más amplio sentido. Durante cuarenta siglos de Historia, más o menos documentada de la Humanidad, la comunicación ha sido clave para el desarrollo de los pueblos. Ha conquistado territorios, ha producido sufrimiento, ha generado felicidad, ha ensalzado líderes y ha estimulado progreso. Sólo comunicando se ha conseguido avanzar. No vale con el “simple” hecho de que algo suceda, es necesario anunciarlo, contarlo.

Claro, no siempre se ha contado toda “la verdad”. Dicen que la Historia la escriben los vencedores y es cierto que a veces esa comunicación ha sido sesgada, con una única visión. Quizás no había medios para que fuera integral.

En esos cuarenta siglos, comunicar ha sido clave, pero es que en el siglo cuarenta y uno es mucho más necesario que nunca. Si hasta ahora era un bien “escaso” y prácticamente innato de unos cuantos, ahora es una “commodity” que debe ser desarrollada por todos. Quien no sepa comunicar no va a poder acceder a las oportunidades que el nuevo mundo ofrece.

La comunicación tiene muchas aristas. La verbal, la física, la emocional. Los nuevos líderes reciben horas y horas de formación en saber expresarse en público y en cómo gestionar su lenguaje corporal. Es clave a la hora de gestionar equipos y proyectos.

En el nivel más expuesto de Gobernantes o personas de gran relevancia, se incluyen en sus equipos de trabajo unos expertos en estilismo y en imagen, capaces de alinear la “puesta en escena” pública con el contenido de su mensaje.

Los niños, en muchas escuelas del mundo, aprenden desde pequeñitos a hacer exposiciones a sus compañeros. Las “asambleas” de los pitufos. Donde el objetivo es que sepan enfrentarse a contar cosas ante una audiencia. Por supuesto hay quien tiene habilidades innatas y lo hace con mayor naturalidad, pero todos acaban aprendiendo como presentar en público.

Hoy día hay herramientas comunicativas muy potentes. Las redes sociales y el mundo internet nos acercan más a todo lo que nos rodean y democratizan la capacidad de comunicación de todo el mundo. Cualquiera puede hacer un video blog o exponer sus argumentos en público sobre cualquier tema a través de las redes sociales.

Tienen un papel fundamental. Hemos pasado todos a ser “personajes públicos”, nos guste o no. Bien porque tenemos nuestros propios perfiles o bien por las referencias que hacen otros sobre nosotros. Pero nuestro nivel de exposición es cada vez mayor y con una inmediatez jamás vista en el pasado.

Desde mi punto de vista es importante ser uno mismo. No se trata de ser más cool, más guay o ir con la tendencia de turno. Ni tampoco ser más chungo o malote. Ni aparentar lo que no se es. Se trata de ser uno mismo. Tal y como actuemos, así nos verán. Mejor no pretender ser quien no somos.

Comunicar es vital. Junto con las habilidades digitales es y va a ser uno de los elementos clave para optar a las mejores oportunidades profesionales, y también personales.

Hay algo que ninguna herramienta de comunicación puede igualar. Comunicar requiere habilidades, que se tienen o se adquieren, pero también requiere pasión, alma e inteligencia emocional. Requiere hacer con el mensaje lo que hace un actor con su personaje, envolverse en él, mimetizarse y ser capaz de interpretarlo como si fueran la misma persona.

Y es aquí donde está lo diferencial. No se trata de aprender muchas técnicas de cómo exponer en público, ni de parecer más interesante que nadie, ni de que un estilista nos prepare la puesta en escena. No, no se trata de eso, se trata de que cuando comunicamos lo hagamos con el corazón, que el mensaje tenga alma, porque creemos en ello y porque lo disfrutamos. Esa es la clave.

En todos los ejemplos mencionados al principio hay una característica común. Su pasión y la confianza que inspiran porque creen a ciegas lo que dicen. Y es que comunicar tiene mucho de generar credibilidad a través de la confianza. Es muy importante creer lo que se dice, y contarlo como se lo contarías a un amigo tomando una caña, sin caretas.

Si no os habéis puesto las pilas con esto ya podéis daros prisa. En los próximos años va a ser clave. “Digitalizarse” y saber comunicar van a ser los elementos imprescindibles para desarrollar nuestras vidas profesionales e interactuar con los demás en el nuevo mundo que tenemos delante.

Las personas jamás dejaremos de serlo. Nuestras emociones son insustituibles. Pero sí que la tecnología nos va a convertir en “personajes públicos”. Ya pasa con las redes sociales. Y sí que determinados automatismos (recomendaciones de plataformas,estrategias de marketing automatizadas, etc) van a condicionar comportamientos futuros y cambiar nuestros hábitos en muchos sentidos. Pero insisto, jamás podrán sustituir nuestra capacidad emocional ni la fuerza del corazón de una persona.

Por ello, en ese aprendizaje de todas estas habilidades y nueva tecnología, con la comunicación como uno de los ejes, os recomiendo no perder nunca de vista lo que somos, personas, en toda su dimensión.

#impossibleisnothing


jueves, 23 de noviembre de 2017

La Gestión del Talento

No soy un experto en Recursos Humanos, pero creo en las personas. Quizás soy muy ingenuo, pero me gusta saber cuáles son sus intereses, sus motivaciones y escuchar sus historias. Cada persona tiene una historia única y cada una de esas historias son importantes. Da igual que la persona sea conocida, reconocida, mediática… para cada uno sus “cosas” son las más importantes. Nadie es mejor que nadie.

Las personas son un universo con infinitas posibilidades. Y es así desde el primer segundo de vida. Uno ya nace siendo diferente al resto. Hay factores que condicionan: económicos, culturales, religiosos, etc. pero el hecho diferencial innato está ahí desde el inicio. Después depende de muchas cosas, pero fundamentalmente de cada uno, el que nos convirtamos en agentes de felicidad o de maldad.  Yo creo que estamos “programados” para lo primero, aunque las envidias, los egos, las avaricias nos llevan muy fácilmente a lo segundo.

De cuando en cuando surge algún “ser de luz” al que todos admiramos y que sin embargo está hecho de lo mismo que el resto pero que sabe explotar su “hecho diferencial” y utilizarlo en beneficio de los demás.

Todos tenemos talento. Eso que nos diferencia de los demás, a cada uno de nosotros, lo llamamos talento e insisto, habita en cada uno de nosotros. Me generaba estrés cuando mi padre me hablaba de niño de la mediocridad. En una sociedad que ya era bastante competitiva el temor de los padres era que sus hijos se quedaran en “mediocres”, sin entender muy bien cuál era el criterio de valoración para diferenciar entre esa categoría y la de triunfadores. ¿Era económico?, ¿popularidad? ¿reconocimiento mediático?... Lógicamente un padre quería que a su hijo le fuera lo mejor posible y no pasara por las dificultades que él hubiera experimentado en la vida. Podría considerarse parte del proceso natural.

Pero insisto. No creo que haya personas mediocres. Todos podemos ser seres de luz y el éxito se puede medir de muy distintas maneras. Lo importante es enfocar nuestro talento a aquello que nos puede hacer mejores y contribuir a nuestro entorno. Lo contrario no nos convierte en mediocres, sino en malvados.

El primer gestor y responsable del talento ha de ser uno mismo. El hecho de que este sea un concepto en que se ponga foco y que todos tengamos “algo que ofrecer” no puede servirnos de excusa para no ser proactivos. Debemos ser dueños de nuestro destino y si no se nos permite desarrollar nuestras habilidades hay que salir de la zona de confort y buscar en otro sitio. No vale echar la culpa “al jefe” o al de al lado.

La Gestión del Talento es un concepto que lleva varios años de moda, sobre todo en organizaciones grandes. Se trata de identificar a las personas con un alto potencial para que, a través de un desarrollo, más o menos estructurado, acaben siendo piezas clave en esa organización. Esto es una función que ejercen principalmente las áreas de recursos humanos y que cada día es más trascendente.

Estos recursos humanos deben asegurarse de que se dan las condiciones para que las personas se atrevan, para que salgan de su zona de confort y, haciendo aquello que saben hacer mejor y con lo que disfrutan, sean capaces de generar valor y felicidad en y para la organización. Es clave que la gente se divierta haciendo su trabajo (no es una ironía es una obligación), el que sea y a través de ese disfrute contagie, motive y aporte valor que sumado con lo que hace el resto de la organización supone crecimiento.

Gestionar el talento, sabiendo que depende de uno mismo y que la tarea de recursos humanos es favorecer las condiciones para que todos tengamos la oportunidad, es fundamental en este nuevo mundo digital.

Ojo, que también lo es en una familia. En mi época adolescente podría decir que recursos humanos en la familia era mi madre. En este caso unos recursos humanos muy enfocados a la felicidad, pero con una mala leche de vez en cuando…Es decir, el talento aplica a todos los contextos.

Sigo con las organizaciones. Cada vez más van a surgir nuevas necesidades en todo el ecosistema empresarial. Nuevos puestos de trabajo relacionados con esto que escuchamos tanto hoy de internet de las cosas, ciberseguridad, programación, etc. Pronto será casi realidad eso de que los coches conducen solos o aquello de que a través de múltiples conexiones seremos capaces de activar la lavadora en casa o realizar una transacción financiera que sólo estaba destinada a una minoría hace años. Incluso de buscar pareja o nuevos amigos con intereses comunes a través de una red social. Todo va a cambiar, de hecho, está cambiando ya.

Y las organizaciones, cada una en su medida, deben adaptarse a ello. El talento de sus empleados debe aflorar para construir esto y hacerlo de una manera responsable y disfrutando de la aventura. Repito que las áreas de recursos son facilitadores, pero también son responsables de que se den esas condiciones. Es una posición muy importante la que tienen.

Para poder facilitar ese camino y disfrutar de ello hay algunos elementos clave. Son pocos, pero imprescindibles. Sin ellos no aflorará, repito, no aflorará nunca el talento necesario para mejorar y transformar las organizaciones y habrá que “comprarlo” fuera, lo cual generará otros riesgos y otras oportunidades.

Esos elementos son la honestidad, la confianza, la objetividad y el reconocimiento. Todo ello debe estar refrendado con hechos. Es necesario explicar bien los porqués de algunas decisiones, individuales y colectivas y cumplir con lo que se compromete. Son cuatro elementos muy simples y que todos los que gestionamos equipos y fundamentalmente recursos humanos diremos que aplicamos, pero son el principal motivo de desconexión y desmotivación de muchas personas.

Nada “abstracto” se convierte en real si no se refleja en hechos. No lo olvidemos si hablamos de gestionar talento. La antítesis será gestionar frustración que es bastante más complicado.

La vida se mide en hechos y los que nos pasan a nosotros dependen en un grado altísimo de cada uno. No hay que mirar fuera y compararse. Ni egos ni envidias ni avaricias. Eso surge en las comparativas. La humildad, la felicidad por el éxito de los de al lado, el reconocimiento…eso está dentro de nosotros. Los hechos que dependen de uno para explotar lo que llevamos dentro debemos procurar que pasen y si no pasan tenemos que mover ficha. Quedarse quieto no es una opción.

Los hechos que dependen de otros, tendremos que persuadirlos, con argumentos, para que pasen. Y si no pasan, lo mismo, nos tocará mover ficha y cambiar de camino.

Pero nunca rendirse. Ahí sí que claudicamos, asumiendo que el talento lo tienen los demás y no nosotros, y nos convertimos en conformistas y en esa palabra que me causaba estrés. Mediocres.

#impossibleisnothing





miércoles, 11 de octubre de 2017

Volar alto

Volar alto siempre he pretendido,
Aunque el viento y las nubes lo han dificultado.
Sólo en grupo y bien orientado,
A la más alta aspiración he trascendido.

En la subida muchos golpes me han sacudido.
El dolor y la soledad he experimentado.
Pero el aliento de mis hermanos me ha rescatado,
Y la lección de conseguirlo juntos he entendido.

Por libre cualquier legítima meta es posible.
En equipo las posibilidades aumentan.
Únicamente sentir al compañero es compatible,

Con desear que los sueños no se resientan.
Nada más que venciendo el odio con el olivo invisible,

Se respeta el legado que los ancestros alimentan.

#impossibleisnothing

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Innovarse o morir...

Una pequeña alteración lingüística pero una gran alteración conceptual. Renovarse o morir dice el dicho. Innovarse o morir, digo yo.

Innovar es una de las palabras de moda junto con transformar, digitalizar, renovar, emprender, big data, block chain… pero no sólo es eso, es también una tendencia y una necesidad, a todos los niveles. No hay posibilidad de avance sin cambios. Va más allá que el hecho de renovar, lo incluye y además lo agiganta.

A los que hicimos EGB nos enseñaban que la capacidad del ser humano a adaptarse era innata, pero necesitaba desarrollarse, emulando la teoría de evolución, enunciada en el libro “El Origen de las Especies” de Darwin. Según la teoría, en cada paso evolutivo sólo sobreviven aquellos con mayor capacidad de adaptación al cambio, generalmente los más fuertes.

Hoy día se dice lo mismo, aunque de otra manera, más suave. Pero subyace la misma idea. Sólo sobrevive aquel que se adapta, que generalmente es el que arriesga. Si uno no evoluciona con su entorno se queda anclado en el pasado y queda en desventaja. Necesita renovarse sí, y además cambiar el chip y desarrollar nuevas aptitudes para su día a día en torno a ese cambio.

Innovar va de eso, de ser capaz de adaptarse a nuevas necesidades que aparecen en todos los órdenes de la vida. Esa capacidad de ver el cambio y subirse en él, no sólo acompañándolo, sino controlándolo. Innovar es aprender y no dejar de hacerlo cada momento.

Trasladado al mundo de la empresa, todos esos conceptos del primer párrafo se agruparían en torno a la innovación, que actuaría como el paraguas que los engloba de una u otra manera. Las compañías están obligadas a adaptarse a su nuevo entorno, aunque deban vencer resistencias internas al cambio. Si no lo hacen, están condenadas a desaparecer.

Esto quiere decir que hay un primer elemento clave. Podría ser el destinar un montón de recursos a “inventar”. Gastarse la pasta en lo más avanzado tecnológicamente o las mejores mentes pensantes. Pero no, eso viene después (o al mismo tiempo) que el paso realmente diferencial.

Innovar no es posible si a su vez no hay una acción “evangelizadora” que haga que la organización (las personas) crean en ese cambio y lo hagan como suyo, convirtiéndose de alguna manera en prescriptores de ello. Sólo con muchos recursos y gente muy lista no se consigue transformar una empresa o una sociedad.

Es como lo del dinero no da la felicidad…aunque puede ayudar.

El punto clave e indispensable para que se produzcan cambios es que los referentes de la compañía (ojo, a todos los niveles) se lo crean, den ejemplo con acciones concretas y de ese modo contagien a toda la organización para que haya cambios culturales, manteniendo las esencias, por supuesto, pero demostrando la capacidad de adaptarse a lo que el mundo demanda.

Innovar, por eso, es ser capaz de cambiar el enfoque y la cultura de una organización de arriba a abajo y de abajo a arriba. Es la capacidad que tiene una comunidad de producir cambios culturales, en las personas, que permitan todo lo demás. A partir de ahí, todo es posible y realizable y el desarrollo de todos esos conceptos que mencionaba se convierte en una aventura maravillosa.

Pero sin ese cambio en las personas, el cambio “forzado” supone una herida de muerte en cualquier organización.

El primer paso y más importante por tanto es la actitud. El cambio de actitud y vencer las resistencias internas son ya una innovación en sí mismas. Insisto que sin dar ese paso lo demás no prospera. La transformación va de personas y las organizaciones van de personas, sin el convencimiento de cambio de esas personas, no hay cambio en el conjunto.

Después llega la asignación adecuada de recursos y la ejecución. Los recursos son necesarios y limitados. Innovar es invertir, pero, también esperar un retorno, bien económico, bien social o ambos.

No entiendo los proyectos del “ya veremos” que no esperan un retorno económico o social como objetivo. No es que no lo esperen, sino que no pongan el alma para obtenerlo. La filantropía es muy bonita, pero por sí sola, en el siglo XXI, mata a la innovación si no va claramente acompañada de un retorno económico o social, que sea medible y palpable. Si no, no se innova, se gastan dinero y recursos.

Por si no se entiende, cualquier organización que quiera innovar, una vez dados los pasos para que el cambio cultural se produzca, debería acompañar con la asignación de recursos y plazos. Y debiera hacerlo con concreción, sabiendo que objetivos se persiguen y haciendo a toda la compañía partícipe de ellos, buscando un retorno económico y/o social.

Claro, puede ser que uno lo intente y no salga. Vale, pues no salió. Fin. No hay que torturarse (ya hay bastantes trabas administrativas que lo hacen). Si no sale, pero hubo esa capacidad de adaptarse y esa visión de buscar retorno, hay que aprender de la caída y levantarse lo antes posible. A nadie nos gusta perder, pero si se pierde uno se levanta y persevera. Sin perseverar no se produce innovación. El 99% de los intentos serán fallidos. Pues a buscar ese 1% de éxito.

Es muy importante que cuando no hay futuro en el proyecto uno tenga las alertas y mecanismos adecuados para detectarlo y discontinuarlo. Sí, los proyectos, aunque sean como hijos, si se intentan y no salen se deben discontinuar. Tomarlo como un aprendizaje y una etapa del camino y reasignar los recursos en buscar otro camino. Esto es fundamental ya que es la causa del fracaso de grandes proyectos y el arrastre grandes organizaciones en su caída.

La innovación es un mundo maravilloso. Y necesario. No son frikis ni profesores Bacterio o chavalitos en chanclas. Hay de todo, no estereotipemos. Lo importante es que son personas haciendo cosas que mejoran a las personas y son organizaciones haciendo cosas que mejoran nuestras vidas, y sí, buscando un retorno con ello, no estigmaticemos.

Tengamos la mente abierta y arriesguemos en una aventura que merece la pena.


#impossibleisnothing

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