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jueves, 23 de noviembre de 2017

La Gestión del Talento

No soy un experto en Recursos Humanos, pero creo en las personas. Quizás soy muy ingenuo, pero me gusta saber cuáles son sus intereses, sus motivaciones y escuchar sus historias. Cada persona tiene una historia única y cada una de esas historias son importantes. Da igual que la persona sea conocida, reconocida, mediática… para cada uno sus “cosas” son las más importantes. Nadie es mejor que nadie.

Las personas son un universo con infinitas posibilidades. Y es así desde el primer segundo de vida. Uno ya nace siendo diferente al resto. Hay factores que condicionan: económicos, culturales, religiosos, etc. pero el hecho diferencial innato está ahí desde el inicio. Después depende de muchas cosas, pero fundamentalmente de cada uno, el que nos convirtamos en agentes de felicidad o de maldad.  Yo creo que estamos “programados” para lo primero, aunque las envidias, los egos, las avaricias nos llevan muy fácilmente a lo segundo.

De cuando en cuando surge algún “ser de luz” al que todos admiramos y que sin embargo está hecho de lo mismo que el resto pero que sabe explotar su “hecho diferencial” y utilizarlo en beneficio de los demás.

Todos tenemos talento. Eso que nos diferencia de los demás, a cada uno de nosotros, lo llamamos talento e insisto, habita en cada uno de nosotros. Me generaba estrés cuando mi padre me hablaba de niño de la mediocridad. En una sociedad que ya era bastante competitiva el temor de los padres era que sus hijos se quedaran en “mediocres”, sin entender muy bien cuál era el criterio de valoración para diferenciar entre esa categoría y la de triunfadores. ¿Era económico?, ¿popularidad? ¿reconocimiento mediático?... Lógicamente un padre quería que a su hijo le fuera lo mejor posible y no pasara por las dificultades que él hubiera experimentado en la vida. Podría considerarse parte del proceso natural.

Pero insisto. No creo que haya personas mediocres. Todos podemos ser seres de luz y el éxito se puede medir de muy distintas maneras. Lo importante es enfocar nuestro talento a aquello que nos puede hacer mejores y contribuir a nuestro entorno. Lo contrario no nos convierte en mediocres, sino en malvados.

El primer gestor y responsable del talento ha de ser uno mismo. El hecho de que este sea un concepto en que se ponga foco y que todos tengamos “algo que ofrecer” no puede servirnos de excusa para no ser proactivos. Debemos ser dueños de nuestro destino y si no se nos permite desarrollar nuestras habilidades hay que salir de la zona de confort y buscar en otro sitio. No vale echar la culpa “al jefe” o al de al lado.

La Gestión del Talento es un concepto que lleva varios años de moda, sobre todo en organizaciones grandes. Se trata de identificar a las personas con un alto potencial para que, a través de un desarrollo, más o menos estructurado, acaben siendo piezas clave en esa organización. Esto es una función que ejercen principalmente las áreas de recursos humanos y que cada día es más trascendente.

Estos recursos humanos deben asegurarse de que se dan las condiciones para que las personas se atrevan, para que salgan de su zona de confort y, haciendo aquello que saben hacer mejor y con lo que disfrutan, sean capaces de generar valor y felicidad en y para la organización. Es clave que la gente se divierta haciendo su trabajo (no es una ironía es una obligación), el que sea y a través de ese disfrute contagie, motive y aporte valor que sumado con lo que hace el resto de la organización supone crecimiento.

Gestionar el talento, sabiendo que depende de uno mismo y que la tarea de recursos humanos es favorecer las condiciones para que todos tengamos la oportunidad, es fundamental en este nuevo mundo digital.

Ojo, que también lo es en una familia. En mi época adolescente podría decir que recursos humanos en la familia era mi madre. En este caso unos recursos humanos muy enfocados a la felicidad, pero con una mala leche de vez en cuando…Es decir, el talento aplica a todos los contextos.

Sigo con las organizaciones. Cada vez más van a surgir nuevas necesidades en todo el ecosistema empresarial. Nuevos puestos de trabajo relacionados con esto que escuchamos tanto hoy de internet de las cosas, ciberseguridad, programación, etc. Pronto será casi realidad eso de que los coches conducen solos o aquello de que a través de múltiples conexiones seremos capaces de activar la lavadora en casa o realizar una transacción financiera que sólo estaba destinada a una minoría hace años. Incluso de buscar pareja o nuevos amigos con intereses comunes a través de una red social. Todo va a cambiar, de hecho, está cambiando ya.

Y las organizaciones, cada una en su medida, deben adaptarse a ello. El talento de sus empleados debe aflorar para construir esto y hacerlo de una manera responsable y disfrutando de la aventura. Repito que las áreas de recursos son facilitadores, pero también son responsables de que se den esas condiciones. Es una posición muy importante la que tienen.

Para poder facilitar ese camino y disfrutar de ello hay algunos elementos clave. Son pocos, pero imprescindibles. Sin ellos no aflorará, repito, no aflorará nunca el talento necesario para mejorar y transformar las organizaciones y habrá que “comprarlo” fuera, lo cual generará otros riesgos y otras oportunidades.

Esos elementos son la honestidad, la confianza, la objetividad y el reconocimiento. Todo ello debe estar refrendado con hechos. Es necesario explicar bien los porqués de algunas decisiones, individuales y colectivas y cumplir con lo que se compromete. Son cuatro elementos muy simples y que todos los que gestionamos equipos y fundamentalmente recursos humanos diremos que aplicamos, pero son el principal motivo de desconexión y desmotivación de muchas personas.

Nada “abstracto” se convierte en real si no se refleja en hechos. No lo olvidemos si hablamos de gestionar talento. La antítesis será gestionar frustración que es bastante más complicado.

La vida se mide en hechos y los que nos pasan a nosotros dependen en un grado altísimo de cada uno. No hay que mirar fuera y compararse. Ni egos ni envidias ni avaricias. Eso surge en las comparativas. La humildad, la felicidad por el éxito de los de al lado, el reconocimiento…eso está dentro de nosotros. Los hechos que dependen de uno para explotar lo que llevamos dentro debemos procurar que pasen y si no pasan tenemos que mover ficha. Quedarse quieto no es una opción.

Los hechos que dependen de otros, tendremos que persuadirlos, con argumentos, para que pasen. Y si no pasan, lo mismo, nos tocará mover ficha y cambiar de camino.

Pero nunca rendirse. Ahí sí que claudicamos, asumiendo que el talento lo tienen los demás y no nosotros, y nos convertimos en conformistas y en esa palabra que me causaba estrés. Mediocres.

#impossibleisnothing





miércoles, 11 de octubre de 2017

Volar alto

Volar alto siempre he pretendido,
Aunque el viento y las nubes lo han dificultado.
Sólo en grupo y bien orientado,
A la más alta aspiración he trascendido.

En la subida muchos golpes me han sacudido.
El dolor y la soledad he experimentado.
Pero el aliento de mis hermanos me ha rescatado,
Y la lección de conseguirlo juntos he entendido.

Por libre cualquier legítima meta es posible.
En equipo las posibilidades aumentan.
Únicamente sentir al compañero es compatible,

Con desear que los sueños no se resientan.
Nada más que venciendo el odio con el olivo invisible,

Se respeta el legado que los ancestros alimentan.

#impossibleisnothing

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Innovarse o morir...

Una pequeña alteración lingüística pero una gran alteración conceptual. Renovarse o morir dice el dicho. Innovarse o morir, digo yo.

Innovar es una de las palabras de moda junto con transformar, digitalizar, renovar, emprender, big data, block chain… pero no sólo es eso, es también una tendencia y una necesidad, a todos los niveles. No hay posibilidad de avance sin cambios. Va más allá que el hecho de renovar, lo incluye y además lo agiganta.

A los que hicimos EGB nos enseñaban que la capacidad del ser humano a adaptarse era innata, pero necesitaba desarrollarse, emulando la teoría de evolución, enunciada en el libro “El Origen de las Especies” de Darwin. Según la teoría, en cada paso evolutivo sólo sobreviven aquellos con mayor capacidad de adaptación al cambio, generalmente los más fuertes.

Hoy día se dice lo mismo, aunque de otra manera, más suave. Pero subyace la misma idea. Sólo sobrevive aquel que se adapta, que generalmente es el que arriesga. Si uno no evoluciona con su entorno se queda anclado en el pasado y queda en desventaja. Necesita renovarse sí, y además cambiar el chip y desarrollar nuevas aptitudes para su día a día en torno a ese cambio.

Innovar va de eso, de ser capaz de adaptarse a nuevas necesidades que aparecen en todos los órdenes de la vida. Esa capacidad de ver el cambio y subirse en él, no sólo acompañándolo, sino controlándolo. Innovar es aprender y no dejar de hacerlo cada momento.

Trasladado al mundo de la empresa, todos esos conceptos del primer párrafo se agruparían en torno a la innovación, que actuaría como el paraguas que los engloba de una u otra manera. Las compañías están obligadas a adaptarse a su nuevo entorno, aunque deban vencer resistencias internas al cambio. Si no lo hacen, están condenadas a desaparecer.

Esto quiere decir que hay un primer elemento clave. Podría ser el destinar un montón de recursos a “inventar”. Gastarse la pasta en lo más avanzado tecnológicamente o las mejores mentes pensantes. Pero no, eso viene después (o al mismo tiempo) que el paso realmente diferencial.

Innovar no es posible si a su vez no hay una acción “evangelizadora” que haga que la organización (las personas) crean en ese cambio y lo hagan como suyo, convirtiéndose de alguna manera en prescriptores de ello. Sólo con muchos recursos y gente muy lista no se consigue transformar una empresa o una sociedad.

Es como lo del dinero no da la felicidad…aunque puede ayudar.

El punto clave e indispensable para que se produzcan cambios es que los referentes de la compañía (ojo, a todos los niveles) se lo crean, den ejemplo con acciones concretas y de ese modo contagien a toda la organización para que haya cambios culturales, manteniendo las esencias, por supuesto, pero demostrando la capacidad de adaptarse a lo que el mundo demanda.

Innovar, por eso, es ser capaz de cambiar el enfoque y la cultura de una organización de arriba a abajo y de abajo a arriba. Es la capacidad que tiene una comunidad de producir cambios culturales, en las personas, que permitan todo lo demás. A partir de ahí, todo es posible y realizable y el desarrollo de todos esos conceptos que mencionaba se convierte en una aventura maravillosa.

Pero sin ese cambio en las personas, el cambio “forzado” supone una herida de muerte en cualquier organización.

El primer paso y más importante por tanto es la actitud. El cambio de actitud y vencer las resistencias internas son ya una innovación en sí mismas. Insisto que sin dar ese paso lo demás no prospera. La transformación va de personas y las organizaciones van de personas, sin el convencimiento de cambio de esas personas, no hay cambio en el conjunto.

Después llega la asignación adecuada de recursos y la ejecución. Los recursos son necesarios y limitados. Innovar es invertir, pero, también esperar un retorno, bien económico, bien social o ambos.

No entiendo los proyectos del “ya veremos” que no esperan un retorno económico o social como objetivo. No es que no lo esperen, sino que no pongan el alma para obtenerlo. La filantropía es muy bonita, pero por sí sola, en el siglo XXI, mata a la innovación si no va claramente acompañada de un retorno económico o social, que sea medible y palpable. Si no, no se innova, se gastan dinero y recursos.

Por si no se entiende, cualquier organización que quiera innovar, una vez dados los pasos para que el cambio cultural se produzca, debería acompañar con la asignación de recursos y plazos. Y debiera hacerlo con concreción, sabiendo que objetivos se persiguen y haciendo a toda la compañía partícipe de ellos, buscando un retorno económico y/o social.

Claro, puede ser que uno lo intente y no salga. Vale, pues no salió. Fin. No hay que torturarse (ya hay bastantes trabas administrativas que lo hacen). Si no sale, pero hubo esa capacidad de adaptarse y esa visión de buscar retorno, hay que aprender de la caída y levantarse lo antes posible. A nadie nos gusta perder, pero si se pierde uno se levanta y persevera. Sin perseverar no se produce innovación. El 99% de los intentos serán fallidos. Pues a buscar ese 1% de éxito.

Es muy importante que cuando no hay futuro en el proyecto uno tenga las alertas y mecanismos adecuados para detectarlo y discontinuarlo. Sí, los proyectos, aunque sean como hijos, si se intentan y no salen se deben discontinuar. Tomarlo como un aprendizaje y una etapa del camino y reasignar los recursos en buscar otro camino. Esto es fundamental ya que es la causa del fracaso de grandes proyectos y el arrastre grandes organizaciones en su caída.

La innovación es un mundo maravilloso. Y necesario. No son frikis ni profesores Bacterio o chavalitos en chanclas. Hay de todo, no estereotipemos. Lo importante es que son personas haciendo cosas que mejoran a las personas y son organizaciones haciendo cosas que mejoran nuestras vidas, y sí, buscando un retorno con ello, no estigmaticemos.

Tengamos la mente abierta y arriesguemos en una aventura que merece la pena.


#impossibleisnothing

viernes, 22 de septiembre de 2017

Derecho a resolver...de una vez por todas

No quería hablar de esto, estoy ya muy cansado del tema y me consta que hay miles como yo. Pero creo que en la vida, uno no debe quedarse callado y no posicionarse en algo tan crucial, delegando la responsabilidad en los que sí lo hacen. Al menos no es mi caso.

Soy catalán de nacimiento. No sé si un charnego o no, creo que no entro en la definición. Mis padres, no catalanes, vivían en Tarragona por trabajo y yo nací allí y viví mis primeros años. Luego, vine a Madrid y aquí sigo.

Tengo familia en Cataluña y amigos. Es una tierra que me gusta muchísimo, por mil razones, entre ellas su diversidad. Es también mi tierra, compuesta de muy distintas comarcas compartiendo una Historia común entre sí.

Igual pasa entre Cataluña y el resto de España. Pueblos muy distintos (no entro en si técnicamente hay naciones o nacionalidades, creo que no es lo relevante), pueblos que han aprendido a convivir tras mucho tiempo de estar guerreando entre ellos o uniéndose frente a enemigos comunes. Pueblos con su propia identidad, pero con una identidad nacional común, que guste o no, es innegable.

No es sólo la tapa, la siesta, el fútbol, el jamoncito, la cervecita, etc. Tenemos muchísimas cosas de calado en común y otras muy específicas de cada región, pero ojo, también de cada pueblo, o de cada calle o de cada comunidad. Cualquier colectivo o grupo tiene su propia idiosincrasia, podríamos reducirlo hasta el límite.

Durante los últimos 40 años han existido unas reglas de juego para todos que nos han permitido entendernos, a veces con divergencias, a veces con espabilados que se aprovechan de la masa, pero que en general nos han funcionado. No sé si vivo en otro planeta, pero desde mis primeros recuerdos de un país en blanco y negro y con Naranjito a hoy día, creo que hemos avanzado. Todos, en cualquier parte del territorio.

Y hoy se pone en cuestión todo el modelo y como transformarlo. Por parte de unos y otros. Los que han adoctrinado a sus cachorros para conseguir una masa crítica que, en el fondo, les consiga un mayor poder y los que apoltronados en sus tronos han pensado que el problema autonómico se podía patear siempre hacia adelante, transfiriendo cosas esenciales para no perder su poltrona.

Y la gente frustrada. Porque se ha trasladado el problema de su incompetencia a la calle. Discusiones, amenazas, exclusiones… y la semilla del odio, que es lo que buscan los interesados, creciendo más y más rápido.

Al final, no nos engañemos, es un tema de poder y pasta. Es curioso que hasta que no se ha liado parda no salgan las palabras “ley de financiación”. Es curioso que en todo ese proceso no se ha dicho ni mú del saqueo que políticos nacionalistas y no nacionalistas han hecho de esa región y de todo el país. Es curioso.

Pero aquí hemos llegado y el problema causa cabreo, hartazgo y enfrentamiento y como toda pelea, se sabe cómo empieza, pero no como acaba, máxime cuando es un grupo de exaltados que parece que tienen mucho ocio y mucho odio, los que tienen cogidos de los h…os a Puigdemont y Junqueras en el Parlamento de Cataluña. Es la antítesis de lo que ha pasado durante el medio siglo, una llamada izquierda radical, tan peligrosa como la llamada derecha radical, es la que lleva el “tempo” de este partido y saca chavales adoctrinados a las calles…me suena a algo.

La capacidad que tenemos los españoles de sacar las cosas adelante es directamente proporcional a la que tenemos para buscar siempre una ventaja. Somos muy pillos todos (la gente de la calle también) y siempre miramos la derivada de qué me viene bien a mí, antes de pensar en un grupo más amplio.

Eso hace que se mire al problema de una manera muy local y muy simplista, y no lo es. Vamos a ver, lo primero para curar cualquier enfermedad es hacer un diagnóstico correcto, ver qué implicaciones tiene y cómo de avanzada está y luego buscar el tratamiento más adecuado que la cure para siempre.

El problema es de todo el Estado. Se llama financiación autonómica, Estado autonómico obsoleto que lleva a la verdadera razón de todo esto: pasta y poder. Ese es el problema. Dejémonos de cuentos y leyendas de Jaime I o de no sé qué Rey. No va de eso, eso es el aliño para revestirlo de romanticismo. El problema es de financiación.

Y es algo que se ha reclamado desde hace tiempo. Pero ha habido un Estado sordo, que, según el momento, tanto PSOE como PP han ido transfiriendo competencias clave y soltando un poco más de guita para conseguir el apoyo central de los mal llamados “nacionalistas” que ha su vez se han conformado mientras seguían con su x%.

Y ahora explota la burbuja…Claro, es lo que tienen las crisis económicas…sacan del armario los problemas económicos no resueltos. Lo aprendemos en 1º de la Facultad.

Como catalán no independentista, puedo entender e incluso apoyar algunas de las reivindicaciones independentistas. Es injusto que regiones más “ricas” que contribuyen más a la riqueza de todos, como Cataluña o Madrid, reciban una tarta del pastel proporcionalmente más baja que otras regiones en el que un alto porcentaje de la población vive de subvenciones. Pues sí, es injusto.

Y por eso es necesario discutir un nuevo modelo. Esas regiones subvencionadas, en su momento fueron las ricas, de las cuales también se explotaron los recursos para abastecer a las pobres. El problema hace siglos era inverso. Pero discutir sobre eso no arregla nada. La discusión es sobre cuánta solidaridad entre unos y otros y cómo.

Hay que pelearse menos por diretes de la Historia e ir a la raíz. Si queremos transformar nuestro país y hacerlo de una manera eficiente hay que empezar por el cambio cultural. El de nosotros, la gente. El del 20% de la economía sumergida y tal.

Y al mismo tiempo todos juntos negociar. Recuerdo que negociar es empatizar con el otro, es ceder y también es establecer unos mínimos razonables y unos máximos alcanzables. Negociar no es pedir al otro lo que no te puede dar ni a la inversa. Negociar no es intransigir ni poner cara de corderito degollao en la tele acusando a los demás de opresores. Seamos serios.

Creo que hay que empezar a sacar de la economía, poco a poco, tanto subsidio. Aflorar todo lo que es fraudulento y sumergido y repartir la riqueza de una manera justa y solidaria. Ya sabemos que hay regiones que pesan mucho en las elecciones, pero no por ello hay que desincentivar el crecimiento futuro a su pueblo a base de subsidios. Tiene que ser equilibrado, con amplias miras sociales, pero también con miras del bien común.

El día 1 o 2 de octubre seguirá habiendo una enfermedad que curar. Y cada vez irá a peor si sólo se ponen tratamientos que aplacen su desarrollo. Tiene que ser un tratamiento agresivo. Y para eso hay que arriesgar y dialogar. Todos. Y ojo, con respeto. Hay unas reglas del juego, pues cambiémoslas si están obsoletas, pero siguiendo los pasos que nos hemos dado todos para hacerlo. Sin atajos ilegales. 

Eso sí, aceleremos esto, que bastante lo han ido pateando unos y otros.

Por otro lado, a los que sólo meten ruido y manipulan a la gente, fundamentalmente joven, les emplazo a que se pongan a currar. Es algo que deberían hacer más a menudo. El mundo no se arregla quejándose de todo y siendo destructivo. Sólo se arregla con actitud y esfuerzo. Basta ya de tanta chorrada y postureo. Muchas palabras y poca acción para solucionar el tema. En el fondo, los que gritan tanto son unos cobardes que sólo tienen valor refugiados en la masa. Poneros a currar con nosotros para mejorar las cosas, se puede, además de quejarse en redes sociales.

Sigo creyendo en la capacidad infinita de las personas para aportar. Sigo creyendo en la capacidad de resolver y llegar a acuerdos. Nunca será unánime, nunca. Pero sí será bueno para la gran mayoría que estamos hasta los co…es de tanta chorrada. Yo quiero que mis hijos tengan un futuro, ¿y tú?.

Nada es imposible. Nada. #impossibleisnothing


martes, 29 de agosto de 2017

La libertad de expresión...y sus límites (que los tiene)

La libertad de expresión es un derecho fundamental que recogen todas las Cartas Magnas de los países democráticos del mundo. Es un derecho innegociable, uno de los pilares de la democracia. Sin libertad de expresión las sociedades no avanzan y las tiranías no desaparecen.

Es un derecho que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. Si hace unos siglos la libertad de expresión se centraba en que clases no nobles tuvieran voz e incluso voto en decisiones que les afectaban sobre todo a ellos, hoy es un derecho que tiene múltiples “canales de distribución” y ya no sólo es el que una clase social tenga capacidad de alzar la voz, que afortunadamente está bastante superado en casi todo el mundo, sino que tiene derivadas fruto de la evolución de la sociedad.

Es por ello por lo que ahora hablamos de libertad de expresión en la política, pero también en los medios, en la economía y en algo muy actual, las redes sociales.

La libertad de expresión abarca tanto bosque ahora que ya no se limita a un entorno cerrado, sino que se abre a un mar infinito. Y esto es una ventaja, bien entendido, pero también un problema cuando transgrede otros derechos igual de fundamentales e importantes, como la dignidad y el honor de las personas. Y ahí puede haber conflicto.

Creo que es de sentido común, que la libertad de expresión tenga unos límites en la frontera en que transgrede otros derechos tan importantes como ese. Es de sentido común que el respeto sea parte de esa libertad de expresión y no solamente sea hasta donde puedo llegar, sino como debo llegar, sin lesionar el mencionado derecho al honor.

A ver si me entendéis bien la comparativa, un caso figurado y que evidentemente es todo inventado. Sólo es la exageración de una realidad, para que se entienda. Si un día un medio con mucha repercusión, pongamos un periódico de tirada nacional o una tele o una radio, difundiera que el Presidente del Gobierno o el Jefe de la Oposición o el Jefe del Estado es homosexual (cosa que no debería ser noticia y no tener importancia, pero que, en nuestra sociedad, afortunadamente cada vez menos, la tiene), tendría una enorme repercusión en sectores de la población más conservadores. Podría incluso hacerle perder unas elecciones a uno o tener que abdicar a otro.

Repito que es una exageración, un caso figurado, y no se debería discriminar en ningún caso por ello, pero tendría repercusión. Sobre todo, y aquí el meollo de la cuestión, si fuera falso y no contrastado pero algún medio irresponsable (que los hay) lo hubiera publicado para ganar audiencia.

La libertad de prensa, amparada en la libertad de expresión, es esencial en la democracia, pero tiene que limitarse a que sean “noticias” (el caso de ser homosexual no debería ser noticia) contrastadas y que no transgredan la dignidad de las personas.

Hoy día en las redes sociales hay millones de ejemplos de todo esto. Se hacen “juicios mediáticos instantáneos” a personas por tener una opinión y expresarla con respeto y luego esos mismos que hacen ese juicio reclaman la libertad de expresión para ellos. La verdad es que me cabrea mucho esa hipocresía de los falsos tolerantes.

Ojo con los casos de juicios mediáticos en los que se "condena" a alguien, se le "tortura" públicamente y luego resulta que es inocente. Se le destroza la vida "gratis".

Por desgracias en los últimos tiempos estamos llenos de casos preocupante. Se alude a la libertad de expresión para que otros manifiesten lo que a mí me mola, pero si es lo que no me mola entonces son unos tal o unos cual.

Y digo yo, ¿quién y cómo “controla” esa libertad de expresión? ¿Cómo le ponemos las barreras al campo? De nuevo el sentido común y educar en unos valores desde pequeñitos. Este debate sobre si esto sí vale y esto no vale no lo tendríamos si desde niños aprendiéramos a discutir sin necesidad de sobrepasar determinados límites. Todos, en todos los estamentos de la sociedad.

Sería mucho más sencillo el que esos códigos éticos de respeto y tolerancia real vinieran de serie, enseñados y ejemplarizados desde que tenemos uso de razón. Eso nos haría realmente una sociedad moderna. Hablar de todo, sin miedo, pero con respeto, sin lesionar al otro en ningún sentido. Y luego decidir, con votos o con los mecanismos que acordáramos, pero hacerlo de una manera abierta y transparente.

Yo creo que esto es posible. Es un cambio que llevaría generaciones, pero es posible y positivo para todos. ¿Por qué no?

Por supuesto no dejaría contento a todo el mundo una propuesta así, y habría que regular y establecer mecanismos para que situaciones que lesionan la dignidad de las personas sean juzgadas y resueltas lo más rápido posible. No puede consentirse que las redes sociales sea el campo en el que todo vale y hago y digo lo que después jamás me atrevería en el cara a cara.

O, aunque me atreviera a decir aquello que pisa otros derechos igual de importantes. Los bromistas de los atentados no lo serían tanto si las víctimas fueran sus hijos en vez de gente anónima. Ya no sería tan gracioso. Pedirían el amparo del respeto que ellos y ellas no tienen.

Creo que es muy sano reírse con el otro y hacer bromas y el cachondeo que tanto nos gusta en España, pero no es sano reírse del otro, sin su complicidad y menos sobre temas que son graves. No tiene ni p**a gracia, la verdad.

Educación, ejemplo y regulación para que la libertad de expresión sea realmente un derecho igual para todos, no sólo para el que le interesa cuando le interesa y cómo le interesa.

Para mí, el límite de la libertad de expresión se puede conocer muy fácil. Poneros en los pies del otro y pensar si eso que estáis diciendo os ofendería o no. Si es algo que no me gustaría que me hicieran a mí, entonces, no lo hagas. 

De Perogrullo, pero sucede.

Creo que la tecnología nos da herramientas preciosas para empatizar más con el otro y entenderlo. Nos permite compartir una misma emoción y seguro que nos permite hacerlo con todo el respeto, diciendo lo que queremos decir, pero sin herir.

Pues hagámoslo, por favor.

#impossibleisnothing



miércoles, 26 de julio de 2017

A la ville de...

Lo recuerdo perfectamente. Era después del Mundial de México 86, donde aquellos penaltis nos dejaron fuera en los Cuartos de Final, como era lo normal. Había sido la segunda desilusión deportiva del año después de la Final de la Copa de Europa perdida por el Barça en Sevilla.

Era principio de curso, septiembre u octubre. Llegaba del cole a casa. Era la hora de comer. Tenía 30 minutos y luego volvía a disfrutar un rato de recreo y a clase. Pero no era cualquier día, era el día, ese día.

Yo era “el cata”, mote puesto por un compañero y uno de mis mejores amigos. Lo de “catalán” era demasiado largo para él y así me bautizó, y así me quedé para siempre…”el cata”. Hasta tal punto que había profesores que no se conocían mi nombre.

Ser catalán en Madrid, en aquellos años, siendo niño (tenía 12 años) era una temeridad. Y eso que yo tenía pasado Madridista, pero mi uso de razón futbolística, que empezó por aquella época (antes se iba más lento), acabó de evangelizarme para el barcelonismo, y luego el dream team lo remató.

Había sido un año de lloros deportivos. Sí, antes los niños llorábamos cuando nuestro equipo perdía un evento de tal magnitud. No nos consolábamos con el móvil después. El Barça, España…

Y llegué a casa, donde estaba mi abuela que, con su cocido espectacular, más caliente que el infierno, encendió la mini tele que estaba en la cocina. Lo recuerdo como si fuera hoy. Jamás se me olvidará ese momento.

Y apareció él, ese señor mayor. Samaranch. Y lo dijo…grabándose a fuego en mi mente para siempre…” a la ville de” y mientras abría el sobre exclamó “andè mamà”…y siguió…”a la ville de…Barcelona, España".

Fue el subidón de mi vida. Uno de los primeros. Afortunadamente ha habido más y mucho más importantes. Pero imaginar, “el cata” ganaba, habían elegido Barcelona, en contra de lo que los otros niños querían. Había muchas reticencias con Cataluña y los padres se lo transmitían a los hijos…y era una victoria para mí, de alguna manera.

Me comí el cocido prácticamente con el embudo, a pesar de lo caliente que estaba. Necesitaba ir al cole y contarlo. Yo era el que tenía la información privilegiada. No había internet, ni móviles y sólo los que comíamos en casa lo habíamos visto. Respiré hondo, devoré el cocido al sprint y salí como un Ferrari hacia el cole.

Y llegué el primero para contarlo. Estaban mis compañeros jugando ya al fútbol mientras otros salían del comedor. Y yo, como aquel soldado en Maratón, traía la buena nueva. “que lo sepáis, ha sido Barcelona”. Que alegría indescriptible. Aún lo recuerdo y os prometo que me emociono.

Mis compañeros pasaron del “que se fastidien los catalanes” a “que bueno para España”. No sé si por la alegría que transmitía o porque algo les hizo entender que esto era de todos, no solo de “el cata”. Pero vieron que tenía más cosas positivas que negativas. Y más aún al cabo de los días, cuando aquellos padres forofos que despreciaban a los catalanes lo empezaron a ver y transmitir como un logro colectivo.

Supongo que hubiera sido lo mismo al revés, si yo fuera un madrileño en Barcelona y se lo hubieran dado a Madrid. Al menos en aquel tiempo, de tanta, tantísima rivalidad deportiva y de todo tipo. No lo sé, pero el caso es que me tocó vivirlo así.

Luego vinieron 6 años de preparación. Recuerdo los programas de televisión de Barcelona 92 los sábados por la mañana. Yo era judoka y competía y deseaba que en algún campeonato viniera la televisión a grabarnos.

Empezaron a sonar nombres de deportes que no sabía que existían. Era muy curioso ver como personajes tipo Fermín Cacho se convertían en ídolos por la posibilidad de… tener una medalla. Y siendo judoka que decir de Miriam Blasco. Verla con la medalla más adelante fue la apoteosis.

Pasaron los 6 años. Por supuesto fui voluntario Olímpico, pero no fui afortunado en ir a Barcelona a verlo in situ. Así, el 25 de Julio de 1992 estaba en Benidorm. Mis padres tenían una casa allí, donde veraneaba y llevaba un mes, después de haber acabado la selectividad y elegido mi futuro universitario. Imaginaros, 18 años, Benidorm, verano…

Ese día estábamos cenando y viendo la ceremonia de inauguración. Había quedado de una forma atípica con mis amigos. La consigna era 15 minutos después de que encendieran la antorcha. Creo que llegamos todos media hora tarde…enganchaba el ambiente.

Y llegó el momentazo. Después de la ceremonia bastante colorida y entretenida con un repaso a nuestra cultura y unas actuaciones musicales de nivel (la creme de la creme de la Ópera de nuestro país), llegó el momento. Salió España. Se me ponen los pelos de punta al recordar el estadio Olímpico de Montjuic puesto en pié, orgulloso de que salía su país, nuestro país. La sonrisa del abanderado lo decía todo y las lágrimas en grada y palco lo ratificaban. Era un éxito para todos, algo que quedaría para siempre.

Y por una vez, lo vivimos juntos sin necesidad de tener un enemigo común que nos uniera. Nos sentimos parte de un colectivo y, cada uno, con su granito de arena, quería contribuir al éxito del conjunto que desde un principio quedó claro que era más importante que la individualidad.

Fue maravilloso. Pero hubo más. Salió mi ídolo, Juan Antonio San Epifanio. Epi. ¡¡¡Era Epi!!!. Él era el último relevista de la antorcha. Las lágrimas no me dejaban ver. Matías Prats y Olga Viza lo narraban emocionados y lo transmitían. Era un momento colectivo único. Epi era un jugador del Barça pero estoy seguro que todos los españoles, o una gran parte, nos sentimos identificados con él en ese momento. Portaba el sueño de un país y no importaba su afiliación deportiva.

Pero no acaba ahí, llegó Rebollo. Y fue el culmen. Esa flecha maravillosa. Con ese truco de efectos especiales conocido años después y esa espectacularidad de ejecución. Y encendió la llama. No sólo en el pebetero, también en el interior de mucha gente. Era nuestro momento.

Fijaros como fue la cosa que cuando el Rey Juan Carlos iba a declarar inaugurados los juegos, recibió tímidos pitos por los que siempre están sembrando división. Duraron 1 segundo, pero 1 segundo real, el tiempo necesario para que las 80 mil personas que allí había aplaudieran sin fisuras. Su “benvinguts a Barcelona” se ganó a todos. No hubo discusión, había un interés superior a colores y opciones políticas o de Estado. Fue unánime. Fue la h…ia.

Después los 16 días de gloria. Multitud de momentos que no se olvidan nunca. Los catalanes nos hinchamos a aplaudir a rabiar a los nuestros, ya fueran de Granada, Soria, Melilla, Donosti, Pontevedra, Madrid o Palamós. Éramos todos uno y uno todos.

La final de fútbol dio visibilidad de lo que allí había pasado. Un equipo de chavales, en un ámbito que no era el suyo (la Olimpíada) con un apoyo institucional inicial dudoso y con muchas dudas sobre hasta dónde llegarían, fueron capaces de llenar el Camp Nou (cien mil personas más o menos entonces) y llenarlo de banderas españolas mezcladas con senyeras, que también es una bandera de todos. Ese gol de Quico (hoy Kiko) fue como el de Iniesta, el gol de todo un país. Desató la locura. Qué momento.

Barcelona 92 fue unos de los momentos mágicos que Barcelona como ciudad, Cataluña como territorio y España como país no olvidarán nunca. El impacto económico y de cambio en la ciudad fue brutal. 19 mil millones de impacto versus 6 mil millones de coste. Hablo de millones de euros. No hubo fisuras entre administraciones y se trabajó a destajo por parte de todos para que saliera bien. Y asombramos al mundo e incluso a nosotros mismos.

Pero tuvo otro impacto. El que no se puede explicar. El sentimiento de pertenencia que jamás se había vivido en este país. La capacidad de sumar, sólo sumar.

Hoy, este catalán pide a los que gobiernan que se hagan un hueco en la agenda y se vean uno de esos documentales de 40 minutos que corren por la red de lo que fue y significó Barcelona 92. Y les pide que recapaciten, todos.

Juntos podemos hacer cosas que incluso pensamos que no podemos. España debe revisar su modelo de Estado y su Constitución para adaptarlo al siglo XXI. Debe haber un retorno justo para los que aportan y unos mecanismos de solidaridad compensatorios.

Hay que tener en cuenta que ha habido regiones en la Historia de nuestro país que han sustentado a otras y viceversa en diferentes momentos. No quiero olvidarme de la industrialización del Norte, de la propia Cataluña o de la riqueza del sur en recursos naturales. Unos y otros se han ayudado durante siglos. Busquemos el punto de equilibrio y encaje de todos en el tema económico.

Quizás es la clave para que volvamos a sumar y dejemos de restar. Quizás un Estado Federal sería más parecido a la realidad del Siglo XXI. No lo sé, pero decidámoslo entre todos, todos, y pongámonos a ello. Vale ya de escurrir el bulto unos y otros.

Yo quiero volver a emocionarme como en Barcelona 92, cuando un señor de Soria sube al pódium y suena el himno nacional que la gente respeta entre la alegría general y las lágrimas de muchos, entre los que me incluyo.

Nada, nada es imposible de verdad. Volvamos a sumar.

#impossibleisnothing



lunes, 3 de julio de 2017

Que será, será...

Querido hijo,

Cuando seas mayor podrás conseguir todo aquello que te propongas. No te preguntes "qué será si"…o "y si" No pierdas el tiempo con eso, todo dependerá de ti. Sin excusas, sin miedos alrededor, todo estará en ti. Eso sí, costará esfuerzo, y debes prepararte bien para ello, pero recuerda que tú serás el responsable de todo lo que te pase.

Habrá agoreros que sólo verán peligros y motivos por los que no hacer nada. Te hablarán de las crisis, los ciclos, los hijos, las guerras…No les hagas caso, por desgracia se trata de personas que han perdido la esperanza o que no han sabido vencer sus miedos. Ayúdales siempre que puedas. El mejor favor que puedes hacerles es enseñarles que todo es posible.

Mientras te haces mayor te dirán muchas veces que eso no se puede hacer, que nadie lo ha conseguido, que si estás loco…no caigas en esa trampa. Si tú lo crees esfuérzate y lo conseguirás. Y cuando te caigas, aprende la lección y levántate. No hay nada más satisfactorio que el conseguir algo en lo que se cree a base de esfuerzo.

Estudia, lee, juega, disfruta. No dejes de ser un niño, un adolescente, un joven, un adulto, un anciano…Nadie puede quitarte tus momentos. Quien lo intente no te merece. Disfruta cada segundo, mira siempre el lado positivo de todo, la enseñanza que te da, la posibilidad de ser mejor y hacer que otros mejoren, incluso al estudiarse un examen o topar con la burocracia. Cuando seas muy mayor y mires atrás sólo sonreirás si fuiste capaz de disfrutar cada segundo.

Enamórate, diviértete, haz locuras, pero controla. Siempre con respeto hacia ti mismo y hacia el resto. Huye de los que necesitan arrasar con todo para llamar la atención. Ni de los que piensan que lo guay está en descontrolar sin medir. A veces tiene consecuencias nefastas. No han entendido nada. Los radicalismos no benefician a nadie.

No te rindas jamás. Habrá momentos en que sólo desees hacerlo. Es ahí donde debes acordarte de todo lo vivido para llegar hasta ese momento y saber que eres capaz de superarlo. La vida es un ejercicio de superación con uno mismo. Prueba y error. Pierde, equivócate y aprende de la derrota y así mil veces, pero siempre superándose, atreviéndose. Si te rindes una vez lo harás muchas, si no te rindes nunca, jamás dejarás de superarte. No te rindas, nunca.

Sueña y persigue los sueños. Dedícate a lo que te genere magia permanente. Todo lo que uno hace tiene momentos más interesantes y otros menos divertidos. Disfruta de ambos, pero sobre todo que te sirvan para alcanzar tus sueños. No hagas algo que sólo te de dinero o un estatus, serás muy infeliz. Haz algo que te llene y ponga una sonrisa permanente en tu cara, incluso cuando sale mal.

Por el camino, no sólo te dirán que no se puede, sino que habrá obstáculos. Muchas veces los verás venir, otras no. Habrá desilusiones puesto que gente en la que confiarás te defraudará. No mires atrás, quien no te aporte sácale de tu vida. Las personas son seres maravillosos, pero muchas veces se corrompen con envidias y otros intereses. Lo mejor es rodearse de gente que te quiera de verdad, en toda tu dimensión, sin necesidad de apariencias.

Toma partido. No pases por el mundo de manera pasiva. Ten opiniones, idealismos, y actúa. Seguramente las redes sociales serán muy sofisticadas en unos años, pero no te hagas un revolucionario de sofá. Actúa y lucha por lo que crees. Se justo y respetuoso, no está reñido con tener ideales.

La tentación de diferenciar a las personas por poder económico o social estará ahí. Cuando las cosas vayan bien tendrás muchos amigos y todos te ensalzarán. Mantén la cabeza fría y no apartes de tu lado a los que estuvieron cerca cuando las cosas iban mal. Ellos son los que no te aplaudirán sin merecerlo, son los que te hablarán desde el corazón. No cambies la adulación de los que buscan interés por la conversación de quien te ve cómo eres. No hay color. Ten la humildad como una brújula.

El esfuerzo, la constancia, la confianza en que vas por el buen camino y el saber aprender de los errores, te llevarán al éxito. No hay otra fórmula. Las hay más rápidas, pero no sostenibles. Sólo sobre unos buenos cimiento podrás construir una casa fuerte. Cuanto más lo trabajes más fuerte será.

Cuando llegue ese éxito, que llegará, no tengas miedo. Asúmelo con humildad y piensa que lo difícil es mantenerlo. Sólo lo mantienen para siempre las buenas personas. Los malos, con el tiempo, siempre pierden. Mantente en tus convicciones y no dejes que el lado oscuro entre. Será muy importante rodearse bien entonces. No te tiemble la mano con quien no te aporte, expúlsalo enseguida de tu vida.

Todo tiene su momento y su explicación. Cuando te sientas sólo mira alrededor y verás que no lo estás. A veces es duro hacerse mayor y relacionarse con los demás. No pasa nada, es cuestión de tiempo. Todo llegará.

Siempre habrá alguien a tu lado.

Papá

#impossibleisnothing

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