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A dónde vamos...de dónde venimos

Conozco una familia que cada año hace algo excepcional. Algo único para los tiempos que corren. Son capaces los tíos de reunir, durante 3 días, en un viejo molino bautizado como “la casa rural”, a todo un ejército de amor. Desde los abuelos más mayores hasta a los recién nacidos de la familia. 50 – 70 personas cada vez, de los diferentes orígenes, padres, hijos, abuelos, tíos, primos, hermanos, etc… con la intención de compartir, disfrutar….UNIDOS en un fin de semana largo. Cada uno viviendo en lugares diferentes, con niveles socioculturales variados, educación distinta…no importa, hay una base común, se llama Historia. Cada año hay nuevas personitas que se incorporan a esta tradición y grandes personas que se van. A unos les enseñan esos valores que los unen y de los otros no se olvidan nunca. Pero siempre avanzando. Utilizando sus raíces, su origen, como motor de lo que hacen a futuro. Sabiendo que para mirar hacia adelante no pueden olvidarse de dónde vienen y cómo han llegado...

Luchas internas

Todos las tenemos. Incluso las visualizamos como el angelito bueno y el diablillo malo susurrándonos al oído. Nadie escapa de esto, ni siquiera los más espirituales. El hecho de hacer algo que rompe con nuestros esquemas, nuestros principios, nuestros valores o nuestra zona de confort es lo que nos genera un debate con nosotros mismos. Incluso a veces el propio hecho de ser consecuente con un discurso (el que esté de moda) nos supone esa batalla. El juez más duro es siempre uno mismo. Son debates terribles en muchos casos. Nadie puede entenderlos mejor que uno mismo. Es intrínseco a nuestra existencia. Sentimientos, emociones, pensamientos…todo entra en la batidora y a veces nos deja inmóviles, nos asusta o incluso nos anula como personas. Romper la zona de confort y luchar con uno mismo es algo muy sano. A pesar de las heridas. Rara vez nos mata y casi siempre nos hace avanzar, fortalecernos. Esto supone arriesgarse, tomar decisiones. Eso que nos cuesta tanto a todos… ...

Si yo mandara...

En España vivimos 46,5 millones de personas según el censo de población de finales de 2013. Eso quiere decir que somos 46,5 millones de seleccionadores de fútbol, tertulianos, políticos, expertos en prima de riesgo, jefes de escudería de F1, jueces, periodistas y recientemente, incluso médicos, enfermeros y veterinarios por el tema del ébola y la posible o no transmisión de animales. Vamos, que somos gente cultivada. Sabemos de todo. Pues como jugamos a ser los más listos de la clase, hoy me voy a permitir serlo yo. Desde la humildad (como solemos decir) pero queriendo convenceros de que llevo razón en todo, que parece que es el deporte nacional. Tener la última palabra y llevar la razón…no se sabe muy bien con qué fin salvo “tenerla más larga”. En serio, os dejo algunas reflexiones y medidas que desde mi entender (que puede ser erróneo) son necesarias hacerse para darle la vuelta al Estado de Depresión Nacional en el que estamos y a la percepción tan negativa que ten...

Dichosas etiquetas

El día en que nacemos ya nos asignan un parecido. Clavadito a su madre o a su tío el del pueblo o al antepasado más remoto del que la abuela se acuerde. Y en realidad al que nos parecemos es al bebé de la cuna de al lado… Cuando crecemos nos “adjudican” cualidades. Listo (todos los hijos son superdotados), guapos, espabilados, alegres… En el cole empiezan los motes. Cuatro ojos, cabezón, dumbo… ¿Quién no ha tenido uno en clase? De adultos, o somos “malotes” o buena gente o unos golfos o unas… en fin de todo. Y el San Benito nos llega hasta el final de nuestros días. El caso es que siempre tiene que haber una etiqueta. Asociadas con cualidades, con ideologías, con los gustos del etiquetado. Pero siempre hay una. Cuando son en sentido positivo hacen gracia. Molan. Pero cuando son en sentido positivo (“el bueno”) toda la vida, no hacen tanta gracia. Cansan y uno ya no sabe si es etiqueta positiva o negativa. Cuando son en sentido negativo son “a matar”. Con g...

Siempre positivo

Todo el mundo tiene una historia. Ni mejor ni peor que la nuestra, pero igual de importante. Con sus alegrías, sus penas, sus sueños.... A nosotros, no nos importan las historias de los demás, salvo los más cercanos (y a ratos). ¡¡¡Bastante tenemos con lo nuestro!!! Sólo tenemos empatía con lo que le pasa al resto, cuando nos tocan de alguna forma a nosotros y nos puede afectar, mientras no nos preocupa. Obviamente es muy injusto generalizar puesto que hay gente que vive para las historias de los demás, en el sentido de ayudar. Sin embargo no me lo neguéis, la inmensa mayoría vamos "a lo nuestro". El ser humano es egoísta por naturaleza. Si sólo nos preocupa lo que sólo pasa en nuestra "burbuja", en nuestro entorno más cerrado, estamos quizás "pasando" de algo que en un futuro podía afectarnos. Si por ejemplo no nos preocupa la inundación del edificio de al lado puede ser que pronto sea el nuestro el que se inunde. Todas la historias están intercon...

A Dios rogando...

Hace tiempo pasó por este planeta un señor que se llamaba Jesús. Hay quien lo considera el hijo del Dios católico y hay quien lo considera un hombre excepcional, o ambas cosas, pero el caso es que dejó una huella que ha perdurado hasta nuestros días. Este personaje tan peculiar tenía un mensaje. Un mensaje claro de amor, vida, paz y esperanza. Lo transmitía con contundencia, pero sin violencia. Y lo más importante, lo acompañaba con hechos, que son la mejor forma de comunicar algo. Más allá de creencias y de las manipulaciones que han habido sobre la figura histórica de Jesús, el caso es que ese mensaje y su ejemplo es la base común para el desarrollo de religiones y de corrientes de pensamiento. Amor, vida, paz y esperanza. ¿Quién no comparte ese mensaje? Claro, la agencia de comunicación de Jesús, la Iglesia Católica, lo ha transmitido bastante mal durante siglos. Todo por un pequeño detalle, no acompañar lo que se predica con los hechos, a diferencia de aquel hombre ...