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La libertad de expresión...y sus límites (que los tiene)

La libertad de expresión es un derecho fundamental que recogen todas las Cartas Magnas de los países democráticos del mundo. Es un derecho innegociable, uno de los pilares de la democracia. Sin libertad de expresión las sociedades no avanzan y las tiranías no desaparecen. Es un derecho que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. Si hace unos siglos la libertad de expresión se centraba en que clases no nobles tuvieran voz e incluso voto en decisiones que les afectaban sobre todo a ellos, hoy es un derecho que tiene múltiples “canales de distribución” y ya no sólo es el que una clase social tenga capacidad de alzar la voz, que afortunadamente está bastante superado en casi todo el mundo, sino que tiene derivadas fruto de la evolución de la sociedad. Es por ello por lo que ahora hablamos de libertad de expresión en la política, pero también en los medios, en la economía y en algo muy actual, las redes sociales. La libertad de expresión abarca tanto bosque ahora que ya no...

A la ville de...

Lo recuerdo perfectamente. Era después del Mundial de México 86, donde aquellos penaltis nos dejaron fuera en los Cuartos de Final, como era lo normal. Había sido la segunda desilusión deportiva del año después de la Final de la Copa de Europa perdida por el Barça en Sevilla. Era principio de curso, septiembre u octubre. Llegaba del cole a casa. Era la hora de comer. Tenía 30 minutos y luego volvía a disfrutar un rato de recreo y a clase. Pero no era cualquier día, era el día, ese día. Yo era “el cata”, mote puesto por un compañero y uno de mis mejores amigos. Lo de “catalán” era demasiado largo para él y así me bautizó, y así me quedé para siempre…”el cata”. Hasta tal punto que había profesores que no se conocían mi nombre. Ser catalán en Madrid, en aquellos años, siendo niño (tenía 12 años) era una temeridad. Y eso que yo tenía pasado Madridista, pero mi uso de razón futbolística, que empezó por aquella época (antes se iba más lento), acabó de evangelizarme para el barc...

Que será, será...

Querido hijo, Cuando seas mayor podrás conseguir todo aquello que te propongas. No te preguntes "qué será si"…o "y si" No pierdas el tiempo con eso, todo dependerá de ti. Sin excusas, sin miedos alrededor, todo estará en ti. Eso sí, costará esfuerzo, y debes prepararte bien para ello, pero recuerda que tú serás el responsable de todo lo que te pase. Habrá agoreros que sólo verán peligros y motivos por los que no hacer nada. Te hablarán de las crisis, los ciclos, los hijos, las guerras…No les hagas caso, por desgracia se trata de personas que han perdido la esperanza o que no han sabido vencer sus miedos. Ayúdales siempre que puedas. El mejor favor que puedes hacerles es enseñarles que todo es posible. Mientras te haces mayor te dirán muchas veces que eso no se puede hacer, que nadie lo ha conseguido, que si estás loco…no caigas en esa trampa. Si tú lo crees esfuérzate y lo conseguirás. Y cuando te caigas, aprende la lección y levántate. No hay nada más...

La importancia de reconocer...

¿Quién no recuerda aquel famoso “tigres, tigres, leones, leones todos quieren ser los campeones”? Lo cantaba un señor que cuando yo era niño me hacía pasar unas tardes mágicas, con lo que era una tele en pañales en aquel momento. Después de la canción y de la competición divertida entre equipos siempre acababa con el ya célebre, “lo importante no es ganar, es participar y divertirse”. Algo que hemos repetido hasta la saciedad, a nuestros amigos, nuestros hermanos, nuestros hijos...incluso a nosotros mismos cuando no nos salen bien las cosas. Y es cierto…a medias. Un deportista tiene como objetivo ganar, un político tiene como objetivo (ejem!) ganar, un abogado tiene como objetivo ganar, y así sucesivamente. Es decir, en el competir va implícito el deseo de ganar. Lo he escrito en este blog más de una vez. La competición es siempre contra uno mismo en primer lugar y después contra los demás. Uno necesita sentirse realizado y con esa sonrisita de felicidad, del trabajo bien...

Juguetes rotos

Son historias que se repiten todos los días. Grandes promesas, niños que apuntaban maneras, eternos aspirantes…y finalmente juguetes rotos. Pasa a menudo en el deporte, pero mucho más a menudo en nuestro día a día. Aquellos que parecían invencibles, destinados a un éxito innegable y que, de repente, cayeron en desgracia. Y es que el exceso de euforia o de crítica tras la victoria o la derrota es algo externo a nosotros. Incontrolable en cuanto a que normalmente son terceros quienes nos alaban o nos desahucian a la velocidad del rayo. El riesgo está en creérnoslo, y pensar que podemos vivir de eso para siempre en el caso positivo o que es un pozo del que nunca saldremos en el caso negativo. Juguetes que se rompen por sobrevalorar las opiniones externas, sin tener los pies en el suelo para relativizarlas. Pero la autoestima y la determinación no están fuera de nosotros mismos. La capacidad de entender que lo bueno nunca es tan bueno y lo malo nunca es tan malo, es algo que ...

La gestión del cambio

Todos tenemos la capacidad de imaginar. Uno puede concentrarse en pensar cómo serán sus vacaciones de verano, ver el mar, el chiringuito, las cervecitas… Incluso podemos imaginar aquello sobre lo que no tenemos una experiencia previa, por ejemplo, en mi caso, cómo sería un viaje a la Antártida, los pingüinos, grandes bloques de hielo, ese café caliente a temperaturas bajo cero en agosto… Y si puede imaginarse puede hacerse decía Walt Disney. Imaginarlo es el primer paso para hacerlo posible. Después está la actitud de hacerlo y la determinación y el ingenio para superar cualquier obstáculo. Todo ello, dependiendo de nosotros, de cómo somos capaces de jugar nuestras cartas en un entorno que puede incluso ser desfavorable. Esto es la analogía del cambio. El cambio, del tipo que sea, no está en el entorno. Da igual que haga calor o frío si lo que quiero es viajar al mar. Después "lidiaré" con ese factor, pero la actitud y la determinación de ir al mar depende de mí, no...

Las organizaciones del futuro

Ya lo decía Radio Futura en los años 80, el futuro ya está aquí. Y el futuro no tiene marcha atrás es imparable, aunque le pongamos las barreras más altas, las traspasará, por lo que es mejor prepararse para disfrutarlo en vez de hacerle la guerra. El cambio y la cultura de cambio siempre ha sido un gran hándicap de las organizaciones en España. Aplica a todos los ámbitos ya sean culturales, empresariales, deportivos, Estado, etc. Se generan unas estructuras jerarquizadas, más o menos pesadas, que ralentizan la inevitable metamorfosis. La tecnología ha acelerado el proceso. Las nuevas organizaciones nacen sobre bases tecnológicas que fomentan una cultura distinta, de constante dinamismo y apertura de mente. Es una innovación permanente, un jarro de agua fresca que inunda nuestra sociedad, aunque de momento en pequeña escala y en muchos casos con muchas trabas. Pero aquellas estructuras tradicionales, con Historia, necesitan transformarse, la palabra de moda. La transf...