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Si yo mandara...

En España vivimos 46,5 millones de personas según el censo de población de finales de 2013. Eso quiere decir que somos 46,5 millones de seleccionadores de fútbol, tertulianos, políticos, expertos en prima de riesgo, jefes de escudería de F1, jueces, periodistas y recientemente, incluso médicos, enfermeros y veterinarios por el tema del ébola y la posible o no transmisión de animales. Vamos, que somos gente cultivada. Sabemos de todo. Pues como jugamos a ser los más listos de la clase, hoy me voy a permitir serlo yo. Desde la humildad (como solemos decir) pero queriendo convenceros de que llevo razón en todo, que parece que es el deporte nacional. Tener la última palabra y llevar la razón…no se sabe muy bien con qué fin salvo “tenerla más larga”. En serio, os dejo algunas reflexiones y medidas que desde mi entender (que puede ser erróneo) son necesarias hacerse para darle la vuelta al Estado de Depresión Nacional en el que estamos y a la percepción tan negativa que ten...

Dichosas etiquetas

El día en que nacemos ya nos asignan un parecido. Clavadito a su madre o a su tío el del pueblo o al antepasado más remoto del que la abuela se acuerde. Y en realidad al que nos parecemos es al bebé de la cuna de al lado… Cuando crecemos nos “adjudican” cualidades. Listo (todos los hijos son superdotados), guapos, espabilados, alegres… En el cole empiezan los motes. Cuatro ojos, cabezón, dumbo… ¿Quién no ha tenido uno en clase? De adultos, o somos “malotes” o buena gente o unos golfos o unas… en fin de todo. Y el San Benito nos llega hasta el final de nuestros días. El caso es que siempre tiene que haber una etiqueta. Asociadas con cualidades, con ideologías, con los gustos del etiquetado. Pero siempre hay una. Cuando son en sentido positivo hacen gracia. Molan. Pero cuando son en sentido positivo (“el bueno”) toda la vida, no hacen tanta gracia. Cansan y uno ya no sabe si es etiqueta positiva o negativa. Cuando son en sentido negativo son “a matar”. Con g...

Siempre positivo

Todo el mundo tiene una historia. Ni mejor ni peor que la nuestra, pero igual de importante. Con sus alegrías, sus penas, sus sueños.... A nosotros, no nos importan las historias de los demás, salvo los más cercanos (y a ratos). ¡¡¡Bastante tenemos con lo nuestro!!! Sólo tenemos empatía con lo que le pasa al resto, cuando nos tocan de alguna forma a nosotros y nos puede afectar, mientras no nos preocupa. Obviamente es muy injusto generalizar puesto que hay gente que vive para las historias de los demás, en el sentido de ayudar. Sin embargo no me lo neguéis, la inmensa mayoría vamos "a lo nuestro". El ser humano es egoísta por naturaleza. Si sólo nos preocupa lo que sólo pasa en nuestra "burbuja", en nuestro entorno más cerrado, estamos quizás "pasando" de algo que en un futuro podía afectarnos. Si por ejemplo no nos preocupa la inundación del edificio de al lado puede ser que pronto sea el nuestro el que se inunde. Todas la historias están intercon...

A Dios rogando...

Hace tiempo pasó por este planeta un señor que se llamaba Jesús. Hay quien lo considera el hijo del Dios católico y hay quien lo considera un hombre excepcional, o ambas cosas, pero el caso es que dejó una huella que ha perdurado hasta nuestros días. Este personaje tan peculiar tenía un mensaje. Un mensaje claro de amor, vida, paz y esperanza. Lo transmitía con contundencia, pero sin violencia. Y lo más importante, lo acompañaba con hechos, que son la mejor forma de comunicar algo. Más allá de creencias y de las manipulaciones que han habido sobre la figura histórica de Jesús, el caso es que ese mensaje y su ejemplo es la base común para el desarrollo de religiones y de corrientes de pensamiento. Amor, vida, paz y esperanza. ¿Quién no comparte ese mensaje? Claro, la agencia de comunicación de Jesús, la Iglesia Católica, lo ha transmitido bastante mal durante siglos. Todo por un pequeño detalle, no acompañar lo que se predica con los hechos, a diferencia de aquel hombre ...

Inolvidable

Mis primeros recuerdos son de un verano en Bellreguart en el que me puse muy malito. Recuerdo ir a un hospital a altas horas de la madrugada y la preocupación de mis padres y mi abuela. El siguiente tiene que ver con el 23 F y aquel España - Malta después del Mundial 82. Ese 23F mi madre lloraba con mi hermana pequeña recién nacida pensando que venía otra guerra. Me acuerdo perfectamente de no dormir aquella noche viendo dibujos, que es lo que se hinchó a poner la tele junto con marchas militares. El 12-1 de España -Malta fue una celebración en mi barrio, Carabanchel, sin precedentes. Tras la desilusión del mundial del Naranjito (otro de mis recuerdos con aquel cromo de Nueva Zelanda imposible) parecía que habíamos conseguido algo "imposible". Un éxito colectivo, deseado por todos, unidos en un mismo objetivo con aquel famoso jugador número 12. Recuerdo 1º de EGB con la señorita Mariluz en mi cole, el Virgen de Ronte, y 2º de EGB con el "Cipri" el...

Qué fácil es desde la barrera

A toro pasado todo es fácil. Todo se ve claro y sabemos exactamente cual es la decisión que teníamos que haber tomado. Sobre todo si es otro el que la ha tomado.    Lo difícil es cuando tenemos que decidir nosotros, aquí y ahora, sin saber el efecto, sin red, expuestos a la crítica de todos los "listillos" que nos darán caña si fallamos y con la incertidumbre de si saldrá bien.   La vida es tomar decisiones es traducir los pensamientos, los sentimientos, los sueños... en hechos. Sin ellos lo demás es mentira. Lo demás se queda en palabras que luego desaparecen.   Claro, los hechos reflejan la coherencia o la incoherencia. Tener en cuenta que no somos perfectos, somos humanos. Uno puede ser coherente y equivocarse. No pasa nada. Equivocarse es intrínseco al ser humano, y además, muy sano. Lo preocupante es equivocarse siendo encima incoherente. Y de propina criticar a otros por hacerlo.   Cuando se falla, en cualquier ámbito, siem...

La victoria de las derrotas...

Perder, fracasar, abandonar... son palabras muy duras. Pronunciarlas ya nos molesta. Hablemos de lo que hablemos duelen. Nos tocan la moral y nos tocan donde más daño se le hace a los seres humanos, el orgullo. Tras una derrota uno tiene dos opciones. O asumirlo y aprender de lo que se hizo mal o no digerirla e insistir en los errores. Sea en el ámbito que sea, deporte, relaciones personales o profesionalmente si uno reconoce lo que ha pasado da el primer paso para construir sobre ese fracaso, a pesar del dolor. Por ejemplo, cuando uno realiza una actividad emprendedora, tan de moda ahora, la estadística nos demuestra que no siempre sale a la primera. De hecho, la mayor parte de las veces, ni a la primera ni a la segunda. Reconocidos emprendedores de nuestro país, ahora de la crême de la crême empresarial me contaban la primera o la segunda vez que se arruinaron porque el proyecto "fracasó" y los problemas colaterales que eso supuso. Claro que también me contaba...