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El espíritu olímpico y las organizaciones

Durante más de 2 semanas hemos tenido una maratón de Juegos Olímpicos. De Juegos y de acostarse tarde por su culpa, aunque ha merecido la pena.   Desde el minuto cero y durante los 16 días de duración del evento se han producido hechos que nos han ayudado a entender la capacidad del ser humano de incluso serlo en algunas ocasiones. Hay grandes hazañas y grandes campeones que nos asombran. Se los venera y se les pone todo tipo de calificativos. Pero sólo hay una medalla de oro y tres puestos de pódium. El resto que compite y no gana medalla se va de vacío… ¿o no? Aparte de los episodios de la Villa Olímpica y los mitos sobre el consumo de condones, hay cantidad de historias detrás de cada competición y cada deportista. Cantidad de sacrificios, de horas de entrenamiento, de viajes, de convivencia con compañeros y compañeras. Todo con un mismo objetivo, común en todos los deportistas, tanto individuales como de equipo. El deporte nos deja escenas que quedan para siem...

Gira mundo, gira

No para. La Tierra es ese Planeta que da vueltas alrededor del sol, que gira sobre su propio eje y que nunca se para. Es este lugar en que habitamos, de bienestar para una parte e infernal para otra. La vida, ese gran regalo, se desarrolla en él. Y sin embargo se mueve. Ya lo decía Galileo. Se mueve. Casi de 7.500 millones de personas lo hacemos girar. Cada una de esas gotas en el inmenso Océano con sus preocupaciones, sus inquietudes, sus necesidades, sus sueños… Ninguno es más o menos importante que otro. Para cada uno, sin embargo, lo suyo es lo innegociable. Vivimos en comunidades. El hecho de nacer en una u otra condiciona tu vida. La puede hacer muy “fácil” o tremendamente difícil. Nacemos iguales pero no en las mismas circunstancias. Unas comunidades “someten” a otras, directa o indirectamente, con sables o con billetes verdes, da igual, el hecho es el hecho y siempre ha sido así. Gran parte de ese inmenso Océano asume su condición. Desarrolla su vida de la mejor m...

25 años de nada

C uando uno ve a sus compañeros de cole después de 25 años es como ver a un familiar querido con el que hace tiempo que no tienes contacto. Es curioso pero los malos recuerdos desaparecen y los momentos dolorosos se convierten en divertidas anécdotas. Los años de vivencias comunes, alegrías, penas, etc, pueden con todo y sólo existen personas con un cariño especial unas a otras. Las emociones, sin saber muy bien por qué, afloran y se convierte en mágico. Así me siento yo hoy, 25 años después de ver a personas con las que compartí otros 7 años de mi vida. Personas que conocí cuando tenía más o menos la edad de mi hijo y perdí la pista cuando empecé con la Universidad. 25 años después uno entiende el por qué esas personas pasaron por su vida y por qué muchas de ellas serán para siempre. Como dice la canción, es bueno echar la vista atrás a veces, y comprender que lo que somos hoy es fruto de lo que fuimos ayer y de las barreras que vencimos. Si no hubiera pasado por donde pasé, no ...

El empresario no tiene cuernos…ni rabo

Los que me conocéis ya sabéis que me apasiona el mundo de los emprendedores. Sabéis que uno también ha tenido sus experiencias y ha aprendido mucho de ellas. Hay varios post de este blog dedicados a ello. La palabra emprendedor desprende glamour, valentía, romanticismo. Es el Robin Hood que se la juega para aprovechar el nuevo mundo tecnológico que se abre ante nosotros. Se asocia a juventud y a algo “molón”. Sin embargo los que habéis vivido el tema sabéis que no es así. Sabéis que el destino de un emprendedor, y su razón de ser, es desarrollar una idea, ponerla en marcha y, o bien vendérselo a otro e ir a por la siguiente aventura o bien gestionar el paso en el que la idea empieza a tener volumen y el emprendedor se convierte en empresario. Y si eso no sucede está el destino del 99% de las ideas que se pretenden desarrollar, que no es otro que la desaparición. Miento si digo que es tiempo perdido, porque no lo considero así. Es tiempo consumido en otro tipo de aprendi...

Las discusiones digitales

Hace no mucho si te enfadabas con alguien tenías dos opciones, o quedar con él o ella y decírselo o pasar del tema. Había una tercera que era utilizar un medio indirecto (carta, teléfono, mensajero) donde no fuera necesario mirarse a los ojos para dar el mensaje. La tecnología nos ayuda a muchas cosas, incluso a discutir. Estoy seguro que más de un@ y de dos habéis tenido alguna discusión “acalorada” por una red social o por whatsapp o similar. El hecho de estar permanentemente conectados a la red hacer que incluso discutamos a través de ella. No digo que sea bueno o malo. Simplemente es. Forma parte del beneficio de tener un mundo cada vez más pequeño. También os digo que la reconciliación sí que es mucho mejor que no sea digital, le quita emoción al tema. Lo que tengo claro es que en el mundo de hoy la tecnología, por cada 10 cosas buenas que nos da, nos abre la puerta a “externalidades”, es decir, a agujeros que podemos utilizar como queramos y que pueden ser buenos o ...

Esta luz nunca se apagará

Así dice la canción de los Smiths. Y es cierto. Hay luces que no se apagarán nunca, siempre brillarán. Todos somos iguales pero por algún motivo difícil de explicar, hay personas que nos iluminan, que su sola presencia llenan cualquier espacio. Son de una pasta distinta. Acaparan la atención y atraen las emociones de los demás. Seguramente porque se lo ganan con sus actos, con sus demostraciones de amor infinito.  Son únicas e irremplazables. Esta semana se fué una de esas personas. Alguien cercano y muy querido. Se fue tranquila y llena de paz, sabiendo que lo que había sembrado durante toda su vida lo recogía a la hora de irse. Todos quisieron estar ahí. Cuando una es madre de todos, hermana de todos, tía de todos…tiene mucho más que un título nobiliario. Tiene la gratitud eterna de todos los que la quieren, tiene la seguridad que siempre estará en el corazón de los suyos, en primera línea de la parrilla. Se fue a otra dimensión, pero estará siempre. Dura...

La nueva vida…digital

Allá por los años 90 un compañero me lió para ir a la recién inaugurada sala de informática de mi facultad. Había 20 ordenadores último modelo, Pentium III y con teclados curvos. Allí, lleno de excitación me enseñó algo nuevo para nosotros. La red que conectaba universidades y te permitía chatear entre la Universidad Politécnica de Barcelona y la Complutense de Madrid. Por primera vez entramos en un chat, aunque claro, con 20 años la utilidad de los chats era más para ver si “ligabas”. Siempre fui un apasionado de la tecnología y decidí invertir el sueldo que cobraba como becario (con alguna financiación paterna) en poner internet en casa. Me compré un ordenador nuevo, de esos que se montaban por componentes, no de una sola pieza, y un módem de 14400 bps (lo máximo que había en ese momento) que me proporcionó el proveedor de Internet. Todo aquello para una conexión de 6 meses que me costó 44.600 pesetas (lo recuerdo como si f...